‘Alguien con quien hablar’, en compañía de Gregory Panaccione

Alguien con quien hablar es una de las grandes aportaciones del cómic franco-belga del pasado año. Intimista y entrañable, sin caer en lo kitsch, cuenta una historia absolutamente cotidiana con un pequeño giro hacia el realismo mágico.

En Satori en París, Jack Kerouac dijo que la literatura es compañía. ¿Y a quién no le hace falta de eso? Alguien con quien hablar es otra prueba de ello, como una voz amiga al otro lado del teléfono (la de Gregory Panaccione, en este caso).

'Alguien con quien hablar', de Grégory Panaccione.
Alguien con quien hablar, de Grégory Panaccione.

En un lugar solitario

Que los años pasan volando es un topicazo que tiene mucho de verdad. Un día estás saliendo del colegio, preocupado por un examen de matemáticas, y otro te encuentras en mitad de la treintena preguntándote cómo coño has llegado hasta ahí.

En ocasiones, las expectativas que uno tenía para la vida adulta no se cumplen del todo, ya sea en el plano económico, laboral, o sentimental. Ese es el caso de muchos de nosotros, y también de Samuel Verdi, el protagonista de este cómic.

'Alguien con quien hablar', de Grégory Panaccione.
Parece que a Samuel no le cae muy bien su jefe… Alguien con quien hablar, de Grégory Panaccione.

Samuel vive solo en su pequeño piso en París. De pequeño soñaba con ser futbolista o escritor, tener una novia guapa, y llevar una vida feliz. Con el tiempo, sin embargo, perdió el contacto con sus amigos del fútbol, y sus aspiraciones literarias fueron nubladas por su trabajo en una empresa de diseño de moda canina. Samuel odia a su jefe, y tan solo se relaciona socialmente con unos compañeros con los que no congenia y con sus vecinos de abajo, una pareja de ancianos. Y de cuestiones amorosas mejor ni hablamos.

El cómic arranca con Samuel celebrando su treinta y cinco cumpleaños, solo en la penumbra de su casa, en el más absoluto silencio. Después de soplar las velas de su tarta, descorcha una solitaria botella de champán.

Alguien con quien hablar, de Grégory Panaccione.
Alguien con quien hablar.

Cuando el alcohol comienza a hacer efecto, siente la imperiosa necesidad de hablar con alguien. Repasando su agenda telefónica, sin embargo, no encuentra a nadie apropiado.

Es entonces cuando se le ocurre una idea descabellada.

¡Ring, ring!

Borracho, el reciente cumpleañero marca el teléfono de la antigua casa de su infancia. Para su sorpresa, alguien responde al aparato: su yo de diez años, el mismo Samuel Verdi, pero en 1990.

De esta forma se inicia una larga relación telefónica entre la misma persona, pero con diferentes edades. El Samuel niño pregunta al adulto cómo le irá en el futuro. Para no decepcionarlo, el Samuel de treinta y cinco años se esfuerza por reestructurar su vida, recuperar viejas amistades y retomar su ambición de escribir.

Alguien con quien hablar.
Alguien con quien hablar.

Igualmente, el Samuel adulto ayuda al niño a superar ciertos baches que terminarían marcando su personalidad para siempre. Estos incluyen enfrentarse a su matón del colegio, por ejemplo, o, todavía peor, prepararse para la muerte de su madre, enferma de cáncer.

Mientras tanto, en la empresa del adulto entra a trabajar una compañera nueva: Li-Na, una joven oriental de la que Samuel se queda prendado al momento, pero con la que no parece tener demasiadas posibilidades.

Alguien con quien hablar, de Grégory Panaccione.
Alguien con quien hablar, de Grégory Panaccione.

Alguien con quien hablar es una historia de superación personal a base de introspección. También de necesidad de afecto y de cómo conseguirlo. Y todo ello contado a través de una curiosa metáfora: la de un hombre que se telefonea a diario con el niño que fue.

En buena compañía

Gregory Panaccione reside actualmente en Milán, pero nació en Antony, una pequeña comuna francesa al sur de París, en octubre de 1968.

A los 14 años ingresó en la escuela Estienne, donde se formó en dibujo, diseño gráfico y grabado clásico en cobre. Posteriormente estudió Bellas Artes en París, donde también se introdujo en el mundo de la animación. Sus aportaciones más notables en este campo fueron como director de animación en la serie El amo de los robots (1992-1993) y como ilustrador en la película de Corto Maltés (2002).

Su debut en el mundo del cómic se produjo en 2012 con Toby mon ami, una historia muda. Tres años después recibió el premio Fnac por Un océan d’amour, con guion de Wilfrid Lupano. Su trabajo más conocido, sin embargo, se publicó en 2016: Chronosquad, con Giorgio Albertini a los guiones.

En Alguien con quien hablar, Panaccione se encargó tanto del guion como del dibujo, basándose en la novela homónima de Cyril Massarotto. Publicado en 2021 por la editorial belga Le Lombard, le granjeó el premio Landerneau BD del mismo año.

Alguien con quien hablar.
Alguien con quien hablar.

En 2022 fue añadido al catálogo digital de europecomics.com, en inglés. Desde el pasado 21 de marzo puede conseguirse en castellano en una bonita edición en rústica de 256 páginas, a cargo de PONENT MON COMICS.

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