The Golden Glove, la irresponsabilidad de los traumas, la rectitud de la locura

Miguel A. Bernao

Ciertamente existe un terror, que más allá de aquello invisible o, al menos, trasparente, es capaz de dejarnos sin habla, un terror basado en la existencia y trayectoria de los sucesos del hombre, en sus actos y el por qué de ellos, como seguir el hilo de un ovillo rodando por el suelo y llegar al extremo y tratar de encontrar las respuestas de lo ocurrido o al menos tratar de entenderlas.

The Golden Glove, (El Monstruo de St. Pauli en nuestro país) cuenta esa historia, pero no el por qué, la monstruosidad de un borracho acomplejado, un ligón de poca monta, un luchador entre conciencias, y a si, ante nosotros, como un disparo a quemarropa subyace la decadencia, la búsqueda del silencio y el deterioro del tiempo, que languidece lentamente entre las paredes del Bar (Golden Glove) y una casa llena de cuerpos mutilados, botes de salchichas reliquias de otro tiempo, revistas de mujeres desnudas, alcohol y el hedor del más allá, penetrando por las grietas de los muros de un antiguo edificio.

Y lo demás, es misterio, no se cuenta, pero se percibe, al menos se imagina, no existen los fantasmas, ni los monstruos, tan solo el lento deterioro de Fritz Honka (portentosa interpretación de Jonas Dassler y maravillosa caracterización del personaje), en el Hamburgo de 1970, cohabitando con la clase obrera y la inmoralidad de un mal trago de alcohol, al acecho de su inminente y silenciosa agonía y la depravación más tormentosa.

Créanme, por tanto, si les digo, que no existe un espanto tan frío y tan perturbador como el que proporciona esta película magistralmente dirigida por Fatih Ankin y donde Dassler, nuestro miserable personaje, nos hace acariciar el terror más austero e insensible que cualquier conciencia, incluso sucia, pueda digerir.

Creo que con todo esto es suficiente para sentir terror, pero, hay algo más, es una historia real, adaptada de la novela Der Goldene Handschuh (The Golden Glove) de Heinz Strunk, por ello, por favor, no dejen de mirar nunca a su lado.

«¿Por qué siempre tienen las persianas bajadas, incluso siendo de día?»

«Porque así la gente no para de beber»

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