Los Lumière vs. Furius Fan

Furius Fan

Buenas, querido lector, hoy os hablaré de La salida de los obreros de la fábrica, de Lumière. Si ya eres un asiduo reincidente a esta columna pero todavía no te has suscrito a mi canal de Youtube, permíteme invitarte para que acabes de convertirte en un absoluto FFFF (Fantástico Furius Fan Follower).

Y… ¡acción!

¡Vuelve Furius Fan! El cineasta-critico definitivo. Crítico lo soy un rato, y cineasta también porque pensar cine también es hacer cine. Y yo no paro de hacer cine… Y como definitivo que soy me he propuesto hacer la crítica de todas las películas de la Historia del cine.

Parto de la ventaja de que ya lo he visto todo… pero mi compromiso es tal que para hacer la reseña, las voy a volver a ver todas.

Así que hoy empezaremos por lo que se supone el principio de la supuesta “Historia oficial del cine”.

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El título de hoy es: “La salida de los obreros de la fábrica”. La primera, no el remake. Porque sus directores la volvieron a hacer dos veces más. Sin ninguna variación digna de mención dicho sea de paso.

Sus directores fueron los Hermanos Lumière. Los “inventores” del cine. Y digo “inventores” porque ese es el reconocimiento que la “Historia” les da… 

Pero mi teoría es otra, como al final se ha demostrado… Porque lo que ellos inventaron fue el cinematógrafo. Es decir, las “películas” pasaron de verse en un caja, llámese “Kinetógrafo”, llámese lo que sea… a ser proyectada.

En consecuencia, inventaron la necesidad de abrir salas de cine. En consecuencia, el cine se veía de manera colectiva, con público, y ya no individual. Pero, ¿qué hacen ahora las salas de cine? Cierran. Y ¿el cine dónde se ve? En la caja.

Así que al final, el inventor del cine, sí que ha sido Thomas Alva Edison.

Porque en casa es donde una peli se ve mejor. Porque una peli cómo se ve mejor es solo. ¿Cuál es la última peli que habéis visto en el cine? Correcto. Ni os acordáis.

Porque los cines están sucios, hay gente molesta que no para de comer palomitas (mmmm… palomitas), y el cine es caro. Más caro que un cubata. ¿Y cuándo fue el último cubata que os tomasteis? Correcto. Esta mañana… ¿Qué vale más la pena pues?

Dicen “una comedia en una sala con todo el público riéndose no tiene precio”. ¿Pero y si eres el último en pillar el chiste? Eso crea trauma.

Vayamos pues a este clásico que he podido disfrutar en la solitud de mi casa. “La salida de los obreros de la fábrica”. Una película en la que todo está mal, empezando por el título.

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No podría ser más literal: “La salida de los obreros de la fábrica”. Es el típico título que te destripa toda la película. Te dice todo lo que vas a ver. Y no hay más. Oyes el título y no hace falta ver la peli.

El guion no podría ser más pobre. Hay acción, vale, pero no hay conflicto. Y no es que el protagonista no esté claro, es que no hay protagonista. A ver, ya sé que la apuesta es una película coral, porque todos los personajes tienen el mismo valor. Pero es que no se individualiza propiamente a ninguno de ellos.

Que no haya conflicto ni objetivos provoca que del primer acto saltemos directamente al tercero. Al no haber segundo acto falta todo: no hay unidad de acción, no hay obstáculos, no hay crescendo, no hay causalidad, no hay plantings, no hay leit motivs, no hay subtramas, no hay clímax… ¿Y qué provoca esto? Que de los 46 segundos que dura la peli, ¡Del segundo 10 al 40 miro el reloj tres veces!

Encima está rodada sin ganas. Se agradece la osadía de rodar en plano secuencia, siempre se agradece, pero aquí parece que es pura pereza. Hay tanta pereza que ni siquiera mueven la cámara. 

Todo el conjunto se cae en pedazos. Más que una película parece un documento, el testimonio de una época… un vídeo hecho sin querer con el móvil.

Y por si fuera poco, sin haber nada, está todo lo que hace que la película sea una mera película con vocación comercial. Porque si algo inventa esta película es el final feliz.

El obligado final feliz que todos los productores quieren en sus película pensando que van a vender cuatro entradas más. ¿Por qué me enseñas a los obreros saliendo de la fábrica después de una jornada de trabajo yéndose a casa? ¡Enséñamelos entrando a trabajar! ¡Que eso es de lo que trata la vida! Todo el puñetero día yendo al curro.

Los Lumière sacrificaron la verdad, el arte… inventaron el blockbuster de final feliz. Imagínate el plano, las caras, de todos esos personajes entrando en la fábrica, a primera hora de la mañana, con las puertas cerrándose a sus espaldas… Obra maestra. Y es una lástima, porque esa es otra película, que no será…

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Y… ¡Corto!

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