‘The Midnight Gospel’ cuando lo que se dice es igual de importante que lo que se ve

Una vez más Netflix sorprende con un nuevo formato, o, mejor dicho, con la combinación de tres formatos. Es que eso es esta serie, una mezcla entre una animación psicodélica, un podcast profundo y capítulos cortos que la hacen bien atractiva.

El resultado es The Midnight Gospel una ¿serie? Nacida de la unión del cerebro creativo de Pendleton Ward, la cabeza detrás de la afamada caricatura “Hora de aventuras” y Duncan Trussell, host del podcast “Duncan Trussell Family Hour”.

A todas luces, este proyecto ha sido un enorme éxito, eso sí, no es apto para aquellas personas que no gustan del hábito de pensar y descubrir realidades internas bastante profundas. Una mezcla entre realidad y ficción que puede dejarte pensando en cada episodio por varios días.

Ficción visual y realidad auditiva

Sin duda está la clave para que “The Midnight Gospel” se haya convertido en una serie obligada de ver. Por un lado, está la parte visual, muy psicodélica y colorida, que nos invita a imaginar universos diferentes y seres extraños.

Y por el otro, entrevistas reales a expertos sobre temas como la religión, la muerte, la meditación, las drogas… en fin, ocho entrevistas muy interesantes que nos llevarán a profundidades insospechadas de nuestra psique.

Todo unido de manera magistral a través de su personaje principal, Clancy Gilroy, un humano que a través de un simulador consigue viajar a planetas extraños, cada uno con reglas específicas. Un viaje en el que conseguirá revelaciones importantes por medio de sus guías.

Para muchos, “The Midnight Gospel” es una analogía a la vida, un viaje en el que necesitamos de los demás para poder llegar nuestro destino y en el que a medida que avanzamos, encontramos “verdades internas” que nos ayudan a entender porque somos lo que somos.

Una serie altamente recomendada pero que no debe ser tomada a la ligera, no es una caricatura más y tampoco un podcast más. Es una experiencia interna que puede ayudarte a despertar del letargo en el que nos absorbe la sociedad.

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