¡Ya tenemos ganador!

Cristina Sierra

El I Certamen de Microrrelatos Narrados ‘Las Furias Cultural Magazine’ ya tiene ganador. Hemos recibido más de un centenar de propuestas, muchas de ellas de gran calidad. Muchas gracias a todos y todas las participantes. Este certamen nos demuestra la gran calidad literaria que existe y los grandes talentos escondidos que hay. Ha sido un auténtico placer poder leer y escuchar los microrrelatos narrados que nos habéis hecho llegar.

Después de darle muchas vueltas, el equipo jefe de redacción de Las Furias Cultural Magazine se ha decantado por un relato ganador.

Debido a la alta calidad, también hemos decidido otorgar dos menciones especiales.

Tanto el microrrelato premiado como las menciones especiales han sido escogidos en base a tres criterios fundamentales: estética, calidad literaria y originalidad.

  • Microrrelato narrado ganador: Leche con galletas de Enrique Gallego Montero.
  • Mención especial: Lo que permanece de Claudia Sánchez Valdés.
  • Mención especial: Vidas pasadas de Lorena González Paz.

Y ahora, para que podáis disfrutar del microrrelato narrado ganador, aquí os dejamos con esta joya que nos ha enviado Enrique Gallego Montero. ‘Leche con galletas’ nos enamoró desde la primera vez que lo leímos y escuchamos. Podrás leerlo y escucharlo a continuación y también tendrá su espacio fijo como audio permanente en el podcast de ficción sonora de Las Furias Cultural Magazine en iVoox. Puedes acceder al canal de la revista a través de este enlace.

Leche con galletas de Enrique Gallego Montero

Eran las dos y media de la mañana y Marcos todavía no estaba en la cama. Había logrado zafarse de la vigilancia de sus padres y yacía ahora agazapado en el sofá del salón, cubierto con una manta, mirando expectante la leche con galletas que descansaba apetitosa sobre la mesa. El 25 de diciembre es una fecha especial para cualquier niño, y es normal que a algunos les cueste conciliar el sueño. Es la noche en la que Santa Claus no solo trae regalos a los hogares de todo el mundo, si no también algo de magia y felicidad. Aunque la razón por la que Marcos se mantenía despierto disentía mucho de un sentimiento tan positivo. A sus once años, aquel afable y rechoncho anciano solo le había traído carbón. Marcos no sabía lo que era despertar esperanzado y pasar una tarde de fiesta divirtiéndose con juguetes nuevos, ni entendía por qué él no merecía tal dicha, si era un niño bueno. Por eso mismo, cansado de decepciones y lleno de furia, había ideado un plan: envenenar la leche. Es poco lo que un niño sabe sobre sustancias tóxicas, pero mucho lo que puede encontrar en el armario de la limpieza. Y aunque Marcos deseaba ver la resolución de su plan, el cansancio propio de su corta edad pudo con él y cerró los ojos. A la mañana siguiente, no fue el carbón lo que le sorprendió a los pies del árbol, si no el cuerpo de su padre sin vida, tirado junto al vaso de leche derramado. Quizá no era tan buen niño como él creía.

Debido a la calidad de los trabajos recibidos, además del audio-relato ganador, hemos considerado reconocer dos menciones especiales.

Otras dos joyas, en este caso de Claudia Sánchez Valdés y Lorena González Paz. Esperamos que las disfrutéis.

Lo que permanece de Claudia Sánchez Valdés

El arma pegada a mi cabeza. Cómo deseé que se hubiera atrevido a disparar. Agujerearme el cráneo y salir por él. Pero ahora sigo aquí, algo impensable en su momento pues la furia en los ojos de aquella mujer parecía haberla poseído por completo.
Recuerdo que cerré los ojos y dos lágrimas cayeron por mis mejillas a toda velocidad. De esas tan amplias y densas que te bañan la cara. Arrastraron consigo algo del hollín espolvoreado sobre mis pómulos y dibujaron en él un rastro hasta mi barbilla. Luego se precipitaron a las piedras de la calle. Ojalá haber saltado junto a ellas. El frío del metal en mi sien me calaba más que el viento enfriando mis ya insensibles manos. Me estaba volviendo
una escultura de hielo que estallaría en mil pedazos de apretar el gatillo.
Una escultura de hielo digo, porque mi corazón se congeló súbitamente cuando me percaté de algo tan simple como esencial: no me importaba morir. Que no vivir, sino morir. Expirar. Desvanecerme. Dejar sobre el empedrado suelo mi ropa, mis expectativas, mis obligaciones, y partir a no sé dónde tal y como vine a este mundo: con la piel por delante y el deseo de conocer.

Vidas pasadas de Lorena González Paz

Fury se llamaba el gato de una buena amiga mía. No quiso ponerle el nombre en español, porque pensaba que así nadie se daría cuenta del verdadero motivo. Cuando alguien le preguntaba el porqué, ella contestaba que el nombre le recordaba a su antigua vida. Mi amiga era amante de los gatos y normalmente, se entendía con ellos a la perfección; sin embargo, con aquel felino, tenía una relación un tanto singular; Fury llevaba en esa casa prácticamente el mismo tiempo que ella. Era una nueva casa y una nueva vida para los dos.

A Fury le gustaba marcar territorio. Cuando alguien llegaba a casa a ver a mi amiga, él bufaba con fuerza y su cuerpo se doblaba en señal de ataque, todo su pelo se ponía de punta, y sus uñas se preparaban para el combate. Mi amiga lo miraba sin hacerle demasiado caso. —Es solo cuestión de tiempo, le acabarán gustando mis visitas— decía siempre  muy convencida.

Yo visitaba a mi amiga muy a menudo y a Fury no parecía importarle. Solía sentarme  a tomar el té en un sofá que estaba al lado de la ventana, y  muchas veces se enroscaba cerca de mis muslos buscando calor. Él ronroneaba, y yo me aventuraba a acariciarlo con la probabilidad de que pudiera arañarme, pero la verdad es que nunca lo hizo.

Uno de esos días de charlas interminables, mi amiga decidió confesar.

—Siempre te has llevado bien con Fury — me dijo para romper el hielo.

—Bueno, digamos que él es el que me ha aceptado a mí. Tú sabes mejor que yo cómo son los gatos—le aseguré.

—Te contaré algo, este gato se llama así por alguien que conocí hace tiempo, me recuerda mucho a él. —reconoció.

—¿En serio? Fury se comporta de manera muy extraña contigo. — dije acariciándolo.

—Lo sé, por eso te lo cuento. ¿Sabes una cosa? —mi amiga hizo una breve pausa y luego continuó—, el amor y la furia son sentimientos fuertes e intensos, y cuesta mucho dominarlos, pero no son compatibles, no se puede sentir y mantener en el tiempo las dos cosas a la misma vez por la misma persona, ¿me entiendes?

—Entiendo…

—Pues aquel hombre nunca lo entendió, por eso, ya no está en mi vida.

—Entonces, ¿por qué sigues teniendo a Fury?

—Porque él, amiga mía, él, es un gato.

Ilustración de portada: Eugenia Loli.

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