‘Cochinas’: la diversidad del sexo, la desnudez y el porno, sin tapujos
Carlos del Hoyo escribe junto a Irene Bohoyo, Cochinas, una serie imprescindible sobre la exploración de la sexualidad desde la comedia. Nines vive en un pueblo en Valladolid en 1998. Una mujer conservadora, madre de familia y dedicada esposa. Su marido es el dueño de un videoclub y, cuando este cae en coma por un accidente, Nines debe hacerse cargo del negocio que, no iba tan bien como pensaban.
Malena Alterio interpreta a la protagonista Nines. La actriz, como ya nos ha ido acostumbrando con sus últimos papeles, sigue creciendo con cada trabajo que realiza y clava a la perfección. Junto a ella, sin embargo, destaca el papel de Chon, en la piel de una actriz que se ha descubierto con un gran potencial para tener una carrera muy rica: Celia Morán. Junto a ellas, encontramos un reparto muy variado, con cuerpos que se salen de lo normativo, con orientaciones e identidades que transgreden lo impuesto y con personajes tan diversos como excepcionales.
Nines es ama de casa y vive con su marido Mariano, su hija adolescente y su hijo pequeño. Ella solo quiere comprarse una freidora, pero Mariano le insiste en que es un capricho inútil. ¿Acaso es él quien tiene que freír las croquetas en la sartén todos los días? ¿Acaso tiene él que fregarla después? Ella solo quiere una freidora, pero él solo quiere que Nines deja de quejarse por tonterías. No obstante, el destino le tenía guardado a Mariano y Nines un final diferente al esperado: Mariano es atropellado y cae en coma. ¿Cómo hará Nines para reflotar el negocio del videoclub que se acaba de enterar está en la quiebra?
Los años 80 y 90 comprendieron una época de gran esplendor para los negocios de alquiler de películas. No esta hasta los 2000 que con la aparición de las plataformas de streaming que estos empiezan a desaparecer. Sin embargo, la innovación en la competencia puede ser el talón de Aquiles de cualquier negocio que, aunque histórico, puede dejar de vender como lo hacía antes. Y este el caso de el Dorothy, el videoclub de Mariano que Nines tendrá que hacer funcionar como sea.

Cochinas: el porno y la exploración de la sexualidad
Cuando Nines entra en el Dorothy tras el accidente de su marido esta se encuentra con Chon y Agustín, empleado y empleada de Mariano que, también llevan varios meses sin cobrar. Sin embargo, allí siguen, hundiéndose con el barco. En esa primera conversación donde Nines habla con Chon para gestionar el negocio y buscar una solución a sus problemas, Chon se marcha corriendo a un pasillo oculto dentro del propio videoclub para echar la bronca a un joven que está masturbándose delante de la caratula VHS de una película porno. Y es que, hay muchísima gente que consume películas, pero, lo que todo el mundo o, casi todo el mundo, tiene en común es el sexo.
Históricamente, el consumo de pornografía y la sexualidad ha estado siempre asociado a los hombres cisgénero y heterosexuales. Son ellos los que están constantemente pensando en sexo, los que consumen pornografía y, por lo tanto, el tipo de clientes que Nines necesita para que su negocio vuelva a funcionar. Lo que ella no esperaba es que su clientela no estaría, ni muchísimo menos, compuesta por hombres. Las mujeres de aquel pequeño pueblo de Valladolid estaban deseando encontrar una puerta hacia la exploración de sus cuerpos y su sexualidad, y así es como el Dorothy se convierte en un espacio no solo de lujuria y placer, sino también de aprendizaje.
La serie Cochinas se descubre como imprescindible, todavía hoy en día, para abordar el tema de la sexualidad desde una perspectiva muy diversa y feminista. El colectivo LGBTIQ+, además, es protagonista indudable, sin tramas trágicas y miserables, sino que, todo lo contrario, se construyen una serie de personajes del colectivo que se van descubriendo poco a poco de forma exquisita y siempre con un viaje y final feliz. Y, además, la serie aborda todo esto desde la comedia, donde el drama y la risa se funden en una sola dando forma a una obra audiovisual excelente.

Cochinas: las corporalidades que transgreden lo normativo se desnudan en pantalla
Uno de los aspectos más reseñables de la serie es la magnífica representación de la diversidad. A través de la construcción de unos personajes muy diferentes, se pone sobre la mesa una desnudez y una sexualidad que no suele aparecer en pantalla. Comúnmente, en las representaciones audiovisuales, las escenas de sexo y los desnudos están reservados para los hombres y mujeres jóvenes, delgados y con una belleza canónica. Sin embargo, si esto es lo que estás buscando ver, imágenes pornográficas y desnudos normativos, no lo vas a encontrar en Cochinas.
En la serie española de Prime Video, lo que vemos son cuerpos envejecientes, de mujeres de mediana edad, unas más gordas, otras más delgadas, pero todas con sus arrugas, celulitis y todo lo que corresponde a un cuerpo natural, al cuerpo que la mayoría de la sociedad tiene. Y, además, las vemos completamente desnudas, sin tapujos. Conforme la serie avanza, los desnudos cada vez resultan más naturales y se convierten en una pieza esencial de las imágenes que, para nada, incomodan a esta espectadora. Ya era hora de mostrar cuerpos reales teniendo relaciones sexuales.
Además, no solo encontramos diversidad de corporalidades, sino que también hay diversidad de identidades. Porque las personas con Síndrome de Down también tienen sexualidad, las personas con acondroplasia, las personas del colectivo LGBTBIQ+, las mujeres de mediana edad, las trabajadoras sexuales. Y no solo eso, sino que también hay personas que no quieren tener sexo, y no pasa nada.

Cochinas: ¿todo vale en el porno?
Teniendo en cuenta que la serie se contextualiza a finales de los 90, en un pueblo de Valladolid, en España, os podéis imaginar qué tipo de porno es el que predomina. Las “rubias tetonas” y todos sus homólogos son las principales temáticas que se encuentran en la pornografía. Y esto también se critica en la serie, de una forma muy acertada. Sí, las mujeres también consumen porno, pero, ¿queremos vernos siendo humilladas o violadas constantemente? Y, sobre todo, ¿cómo influye en nuestra dinámicas personales el visionado de estas imágenes?
Todo el contenido audiovisual y los medios de comunicación tienen la función de reflejar la realidad. Pero también construyen realidades. Lo que vemos en pantalla no es siempre una representación fiel de lo que acontece. Y con el sexo que vemos en el porno, esto es todavía más cierto. Hace no mucho ha surgido un debate bastante polémico respecto al consumo de pornografía en la gente joven. En cómo esto influye en comportamientos machistas e incluso en algunas agresiones sexuales. Es que eso es lo que a ellas les gusta, ¿no? Al menos en el porno, es lo que parece, pero no es así.
Por suerte, en la actualidad tenemos directoras como Ovidie, Erika Lust o Albertina Carri, entre muchas otras, que han empezado a escribir y dirigir una industria pornográfica desde una perspectiva feminista. Un porno donde las mujeres no son víctimas de los hombres y ellos no son los únicos que pueden experimentar placer. Algo que también se reseña en la serie de Prime Video y que termina de cerrar una serie excepcional.

Cochinas: el camino de baldosas que llevan a una nueva explosión de colores
El videoclub, ahora de Nines, se llama Dorothy, como la protagonista de El Mago de Oz. Ella vive en un mundo en blanco y negro y su sueño es cruzar más allá del arco íris. Y esto es lo que ocurre en el pequeño pueblo de Valladolid. El Dorothy y su porno, así como las clases de educación sexual y los debates que se fomentan a su alrededor, ayudan a múltiples mujeres a explorar su sexualidad, a descubrir lo que les gusta y lo que quieren. Pero también ayuda a muchas personas, gracias a la comunidad, a descubrir sus identidades, a aceptar las de otras y abrazar la explosión de colores.
En los últimos años han surgido muchas creaciones con perspectiva feminista y LGBTIQ+ que construyen representaciones más cercanas a la realidad que las anteriores. Creaciones que nos regalan personajes que rompen con los estereotipos anteriormente arraigados en ciertas identidades. Y además, aunque algunas lo hagan desde el drama, se descubren contenidos de comedia, muy divertidos, que también hablan sobre estos temas, pero desde la risa.
El caso de Cochinas es sin duda un ejemplo de ello. Una serie divertida que también te hace llorar, y también te hace reflexionar. Tanto el guion como el reparto son una genialidad que realmente merece la pena ver. Y el nombre, el nombre también es inmejorable. Palabras como queer, maricón, bollera…eran insultos lanzados a personas del colectivo, para discriminarles. Sin embargo, estos han sido reapropiados para convertirse en palabras poderosas que la propia comunidad usa para reclamar su espacio. Así que, si a las mujeres que nos gusta el sexo y el porno nos llaman cochinas, pues seremos cochinas, y a mucha honra.
