Ruth Fisher: La matriarca imposible de ‘A dos metros bajo tierra’

A dos metros bajo tierra fue una serie pionera en mostrar una visión de las cuestiones humanas y debates existenciales de una sociedad neocapitalista desde la perspectiva de una familia que regenta algo tan poco atractivo a nivel televisivo como una funeraria. A pesar de que la televisión americana ya contaba con grandes ejemplos de matriarcas imposibles, como Carmela Soprano (Los Soprano) o Lois Wilkerson (Malcolm in the middle), A dos metros bajo tierra también fue pionera en tener como personaje principal a una madre de más de 50 años. Ruth Fisher es, posiblemente, la primera mujer de esta edad en ser un personaje relevante con una evolución tan brutal en una serie multitrama. (AVISO: SPOILERS)

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Ya sabemos la fascinación de Alan Ball por las mujeres, especialmente, las madres. En American Beauty, conocemos a dos prototipos de madres, Carolyn, la que está harta de su vida y piensa adueñarse de ella sea como sea, y Barbara, la madre sumisa, callada y pasiva. Ruth Fisher, interpretada maravillosamente por Frances Conroy, es una combinación de estos dos personajes.

Nacida en los perfectos años 50, Ruth tuvo una adolescencia difícil al tener que hacerse cargo de su enferma madre, quien la maltrataba psicológicamente. Siendo muy joven y estando embarazada, se casó con Nathaniel Fisher. Parió sola mientras su marido estaba en Vietnam y después tuvo dos hijos más.

Toda su vida consistió en cuidar de los demás y en callarse todo lo que le molestaba. A la muerte de su marido, Ruth inicia un proceso de dolorosa liberación, un viaje hacia la idea de la vida. Cuando la mayoría del resto de los personajes de la serie, curiosamente, lo empiezan hacia la muerte (en especial y literalmente, Nate).

Ruth tiene automatizado su rol de madre y ama de casa. Siempre la vemos regando, limpiando, cocinando, haciendo la colada… Hace lo que puede por alimentar, controlar y cuidar a sus hijos. No se corta un pelo a la hora de preguntarles por sus vidas, incluso sexuales. Ella haría lo que fuera por ellos, aunque ellos la infravaloren y aparten todo el tiempo. Como ella dice: “No hay nada más solitario que ser madre.”

Ruth Fisher y su familia en A dos metros bajo tierra.
Ruth Fisher y su familia en A dos metros bajo tierra.

Nate es su ojito derecho, el último que recuerda antes de morir. Por eso, no se siente complacida por ninguna de sus novias, tiene miedo a que le hagan daño. Cuando conoce a Brenda y ve que es una mujer insegura que puede dar muchos problemas, se pone a la defensiva. Casi que no se abre a ella hasta la última temporada. Con Lisa ocurre lo mismo, incluso se pelean por su nieta, la hija de Nate y Lisa, porque es como una nueva versión de su hijo favorito.

Con David, sin embargo, la relación es más amable. Aunque no reacciona bien de primeras cuando se entera de su orientación sexual, David siempre es el más comprensivo con ella. Nada que ver con Claire, la adolescente incomprendida que quiere ser todo lo contrario a lo que es su madre y, encima, no lo esconde. Claire sirve como espejo a lo que a Ruth le hubiese gustado ser, al igual que su hermana Sarah, una artista libre de ataduras, por eso siempre la fuerza a estudiar.

Una mujer que quiere vivir

Una cosa que “sorprende” (aunque no debería) de su personaje es que se trata de una mujer muy sexual que desea y que ya no quiere ser más un objeto de deseo. Prácticamente, durante toda la serie, tiene una relación con algún hombre. Gunderson, su peluquero con el que mantiene un “affair” durante su matrimonio y que al que deja diciéndole, literalmente, “hazte una paja.” Nikolai, el dueño de la floristería, cuyo machismo impide que ella cuide de él cuando se pone enfermo y paga sus deudas. Arthur, un treinteañero que trabaja en la funeraria y que, desgraciadamente para Ruth, es asexual. Y George, el geólogo con el que se casa a las pocas semanas de conocerle.

De estas relaciones, la más interesante es la que mantiene con George, su último novio en la serie. El final de la relación con este hombre muestra cómo Ruth se libera de una de sus grandes ataduras: cuidar de los demás. Al enterarse de que tiene depresión psicótica, Ruth se enfada muchísimo con la vida y, a pesar de lo que los demás puedan pensar, toma una decisión tajante: no pienso cuidar de otra persona más.

Ruth Fisher y George en A dos metros bajo tierra.
Ruth Fisher y George Sibley en A dos metros bajo tierra.

También es muy significativa la relación de amistad con Bettina, la cuidadora y amiga de su hermana Sarah. Bettina dice lo que Ruth nunca se atreve a decir y le demuestra que no pasa nada por salir del rol en el que está encerrada. Las dos se divierten como niñas juntas y, al final de la serie, Ruth se va a vivir con ella y con su hermana al campo, en vez de quedarse sola en una casa vacía esperando a que vengan los nietos o un marido del que cuidar.

En definitiva, Ruth Fisher es una mujer que consigue huir, liberarse de ese rol que le asfixia y que nadie valora. A pesar de sus ropas anticuadas y de su cabeza gacha, es una mujer ambiciosa, creativa, curiosa, pasional y valiente que, como diría cierto personaje de American Beauty, solo es alguien normal sin nada que perder. Ruth Fisher es tu madre y es la mía. Más mujeres así en televisión, por favor.