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‘¡La novia!’: la secuela de Frankenstein que todas necesitábamos

Maggie Gyllenhaal, que debutó con La hija oscura como directora, vuelve al cine con una pieza de inestimable valor, ¡La novia!, la imaginada secuela de Frankenstein que Mary Shelley pudo haber escrito y que su madre Mary Wollstoncraft habría secundado. Una historia de sufrimiento, amor, violencia y rebelión, donde la polifacética Jessie Buckley vuelve a superar con creces las expectativas en su papel como la novia.  

Con todas las versiones que se han hecho de Frankenstein, teniendo incluso la más reciente de Guillermo del Toro, era necesario también que una mujer encarnara el rol de lo monstruoso. Y qué mejor forma de representarla que en la piel de la enorme actriz Jessie Buckley.

El libro de la autora inglesa Mary Shelley, Frankenstein (1818), ha sido adaptado al cine desde los inicios de este. En 1910 apareció la primera versión en un cortometraje mudo estadounidense de J. Searle Dawley. No obstante, es en 1931 donde la película de culto de James Whale llegó al cine. Este mismo director, en 1935, llevó al cine una posible secuela de la obra denominada La novia de Frankenstein. En ella, aunque el título la sitúe a ella como protagonista, tan solo sale unos minutos al final para posteriormente ser destruida porque o era del monstruo de Frankenstein o no sería de nadie.

Noventa años después, Maggie Gyllenhaal nos regala una relectura feminista de esta ficticia secuela del libro de Mary Shelley. Ya era hora de que un libro escrito por una mujer, no una mujer cualquiera, sino la hija de Mary Wollstoncraft, fuera adaptado al cine por una mujer. Y, sobre todo, con un resultado tan espectacular como el que hemos encontrado en ¡La novia!

Póster de ¡La novia!
Póster de ¡La novia!

¡La novia!: Mary Shelley y Mary Wollstoncraft se abrazan a través de una inconmensurable Jessie Buckley

En 1797 nació la popular escritora Mary Shelley, creadora del famoso monstruo de Frankenstein. Su nombre completo, el cual se articula desde el inicio de la película, es Mary Wollstoncraft Shelley. Y es que ese apellido no podía ser relegado al olvido, dado que pertenecía a su madre Mary Wollstoncraft, una de las escritoras inglesas pioneras del movimiento feminista que terminó impulsando la primera ola. Su obra más conocida es Vindicación de los derechos de la mujer, publicado en 1792. De este modo, madre e hija se abrazan a través del personaje de la novia, interpretada por Jessie Buckley. Después de verla brillar en Hamnet, cambia totalmente de registro para regalarnos una actuación sublime en la cinta de Gyllenghal.

En la película de James Whale de 1935 la actriz que interpreta a la escritora Mary Shelley es la que en el desenlace encarna el papel de la novia. En la adaptación de Gyllenghal Buckley encarna a Mary Shelley y a la propia protagonista que vive en el Chicago de los años 30. Y que, también vive en nosotras hoy en día. Esa estela de feminismo radical (que viene de la raíz), cimentado por mujeres como su madre Mary Wollstoncraft.

Esta fusión entre ambas mujeres se lleva a cabo de forma brillante gracias a la bestial interpretación de Buckley que, desde el inicio, va cambiando su acento del americano al británico para demostrar esa “posesión” inevitable por parte de la escritora. Junto a ella, un también genial Christian Bale, encarna al monstruo de Frankenstein.

¡La novia!
¡La novia!

¡La novia! y la revolución feminista a ritmo de vodevil

En la película de Yorgos Lanthimos Pobres Criaturas (2023) ya vimos una versión de Frankenstein con tintes más feministas que las anteriores. No obstante, la reciente película de Gyllenhaal rompe todos los esquemas del popular monstruo para traernos a un personaje mucho más rompedor, sin perder la atmósfera de terror y la esencia de la historia original. Para ello, además, la escena queer que emergía en los suburbios del Chicago de los años 30 también es representada, dando así pinceladas de esa metáfora del “monstruo de Frankenstein” que tanto se ha utilizado desde los estudios trans.

La autora Susan Stryker publicó en 1994 su ensayo Mis palabras a Víctor Frankenstein donde se reapropiaba del término peyorativo monstruoso para criticar al creador por su posterior rechazo y no aceptación de su creación.

Así, el personaje encarnado por Christian Bale, junto al de Jessie Buckley, representan una pareja fuera de la norma, que rompe con todo lo establecido y que, por lo tanto, debe ser perseguido. Y aunque todo empieza como una simple historia de amor entre el monstruo de Frankenstein y la mujer que había creado para tener compañía, termina por convertirse en la mecha que incendia la revolución feminista. Una revolución que comienza por decir que no a todas aquellas situaciones donde se nos impone la abnegación. Una revolución que comienza por decir, podría hacerlo, “pero preferiría evitarlo”.

La novia se encuentra en constante conflicto por no recordar quién es, y ni tan siquiera recordar su nombre. Un reflejo muy claro de todas aquellas mujeres que fueron relegadas al olvido porque “anónimo tiene nombre de mujer”. En este caso, la novia empieza a ser consciente del mundo machista y patriarcal que le rodea y no está dispuesta a aceptarlo. En una de las secuencias más espectaculares de la cinta, la novia entona un discurso feminista en una atmósfera clásica del vodevil. Y aunque pueda sonar esperpéntico, el diálogo fluido con películas como La canción del Ritz (Edward Sloman, 1930) y cualquiera de Ginger Rogers, ofrecen un espectáculo audiovisual de inestimable valor.

Jessie Buckley y Christian Bale en ¡La novia!
Jessie Buckley y Christian Bale en ¡La novia!

¡La novia!: la voz de todas aquellas mujeres que ahora no pueden hablar

La novia se convierte de este modo en la voz de todas aquellas que no pueden hablar, de todas las que han sido calladas por la historia, incluida la propia Mary Shelley. Y junto a ella, hay dos figuras imprescindibles que también reclaman su lugar. Myrna Mallow es la detective que acompaña al detective Jake Wiles (Peter Sarsgaard). Un tándem donde ella, aunque mucho más inteligente, es simplemente una secretaria tan solo por el hecho de ser una mujer. Penélope Cruz interpreta de forma exquisita este papel donde el personaje va escalando desde la invisibilidad hasta llegar al techo de cristal y romperlo con todas las de la ley.

Junto a ella, el Doctor Praetorius de la película original es construido en ¡La novia! como una mujer, la Dra. Euphronious. Una científica que, aunque en un personaje secundario, es interpretada a la perfección por la gran Annette Bening. Y teniendo a una policía y a una científica, no podía faltar el rol de la ama de llaves o trabajadora del hogar. En este caso, es Jeannie Berlin la que se pone en la piel de Greta, la cual trabaja para la Dra. Euphronious. Aunque su incursión es mínima, es una pieza esencial para completar el puzzle del reparto de personajes que componen esta magnífica versión feminista de La novia de Frankenstein.

¡La novia!
¡La novia!

¡La novia!: una obra de arte cinematográfico a todos los niveles

La nueva película de Maggie Gyllenghal llega a los cines pisando fuerte. Desde el inicio la pieza te absorbe hasta las entrañas de su narrativa y no te suelta hasta que termina. ¡La novia! no es solo un alegato feminista que te eriza el vello, sino que también es un trabajo audiovisual espléndido desde la fotografía hasta la música. Y, por supuesto, contando con la imprescindible interpretación de la colosal Jessie Buckley.

¡La novia! es una historia de violencia y discriminación, pero también es una historia de amor. Es un género de terror, pero también tiene pinceladas del musical clásico. Es una combinación de recursos muy potentes que dan como resultado una película explosiva a todos los niveles. Siendo uno de los principales aspectos más atractivos la construcción de su personaje protagonista. Una mujer políticamente incorrecta, divertida, honesta y cabreada, muy cabreada.

Muchas veces nos han dicho a las feministas que parece que siempre estamos enfadadas. Pero ¿acaso no tenemos motivos para estarlo? Llevamos toda la vida asfixiadas por un sistema que nos obliga a sonreír, aunque no nos apetezca. Que nos obliga a mostrar nuestro mejor rostro, mejor físico, mejor educación, mejor humor…Y en la actualidad, parece que hemos dado varios pasos hacia atrás en materia de derechos y hemos vuelto a un lugar donde lo que ocurría en el Chicago de los 30 no nos parece tan anacrónico. Y la novia lo tiene muy claro, podría seguir obedeciendo la normativa impuesta, pero, preferiría evitarlo.