Zona de no-acceso

Se pierde primero la voz,

luego la necesidad de responder a la voz. Existir debería ser un acto secreto, algo que se hace a oscuras y sin testigos.

Detenerse a observar lo vivo duele porque exige que vos dejés de existir como testigo. No te detengás ahora, leé conmigo, si me dejás sola en esta frase me perderé para siempre. Me deshago. Esperá. Déjame respirar un segundo. Ya está. Sigamos. Hay que seguir antes de que el lenguaje se entere de lo que estamos haciendo.

Déjate llevar por este ritmo ciego, está sucediendo justo ahora, entre tus ojos y mi palabra. Me quema los dedos. Me detengo,  una sola gota de saliva contiene todo el peso de la creación. ¿Ves? Ya cambió. El instante ya es otro. Volvamos a empezar.

No es para que lo entendás: es agua espesa. Cerrá los ojos. No te distraigás con el sentido. Leé más rápido, que el tiempo se está deshaciendo. Esto no es un pensamiento, es un contagio. Te estoy pasando mi fiebre a través de los ojos.

Dejá que los ojos se te vuelvan borrosos, que la luz del cuarto se dilate hasta que todo sea una sustancia lechosa. Si te detenés ahora, vas a notar que ya no estás leyendo; estás siendo leído.

Este diario es el registro de una vida que sucede con los ojos abiertos. Hay un patio vacío donde la luz cambia de color muy despacio, yo me limito a contemplar cómo se gasta la tarde, sin un solo deseo en el pecho. El cuerpo liviano hecho de humo, en la base del cuello un golpe sordo.

Escuchá el goteo. Te di ojos para que observaras lo que a mí me ciega, te di una boca para que dijeras las palabras. En tus silencios es donde yo respiro más hondo. ¿Qué había en vos antes de que me pensarás? ¿Una montaña vacía?

Mirá lo que nos hemos hecho: yo te invento a vos para que me leás, pero en realidad soy yo la que está naciendo de tus ojos. Tengo las manos frías. Te estoy dando mi respiración. Entrá en esta corriente de agua espesa. Estoy latiendo justo debajo de tu uña.

Tengo el deseo violento de desaparecer en la superficie, de volverme tan idéntica a lo irregular que nadie note mi paso. Quiero un lenguaje que no sirva para nombrar. Quiero que mi voz humedezca el oído de quien me lea.