Cecilia Pavón, en busca de nuevas formas de vivir

A mis casi 38 he de confesar haber cometido un delito; un delito casi imperdonable. Aquí, desde la placidez de la España del barullo, la siesta y los bares, tenemos la mala costumbre de no reparar lo que debiéramos en las voces latinoamericanas. Sí quizá en las consagradas, claro, en esos pocos nombres elegidos, pero no en la inmensidad de la riqueza que colombianos, argentinos, venezolanos, uruguayos… aportan al español. Acabo de conocer a la escritora, traductora y poeta argentina Cecilia Pavón (Mendoza, 1973), cofundadora de la galería y editorial Belleza y Felicidad de Buenos Aires, junto a Fernanda Laguna, y una de las escritoras referentes del movimiento poético de los noventa en Argentina. He leído uno de sus libros de relatos: Los sueños no tienen copyright (Blatt & Ríos, 2010) y ha sido mi mejor regalo de comienzo de 2022. Seguro, no será el último.

Cecilia Pavón, el humor y las nuevas formas de vivir

Cecilia Pavón escribe desde un rincón de su piso en Buenos Aires, la ciudad que ya es parte de sí misma, sin que eso le impida estar en permanente desacuerdo con ella. El humor es una parte fundamental de su escritura y, pandemia mediante, la ecología y las nuevas formas de vivir están ocupando cada vez más sus pensamientos.

Cecilia escribe desde el yo, desde la primera persona. A través de su escritura la acompañamos a lugares cotidianos. Nos cuenta sus pensamientos, mezclados con escenas domésticas y escenarios mundanos, y nos quedamos absortas en reflexiones. Volviendo al humor, es lo que hila cada frase y nos hace saltar hacia el siguiente párrafo, regalándonos una lectura divertida y despreocupada pero llena de contenido. Con más de 30 años de carrera a sus espaldas, esta argentina de Mendoza ha publicado títulos de poesía y relatos como: Once Sur; 27 poemas con nombres de persona; Fantasmas buenos; Pequeño recuento sobre mis faltas; Querido libro; el recopilatorio Un hotel con mi nombre, traducido recientemente al inglés, o Todos los cuadros que tiré, entre otros.

La escritora y artista Cecilia Pavón. Fotografía: Rosana Schoilett.

El yo, el género epistolar y el feminismo

También Pavón es una comprometida feminista. Escribir desde el yo, desde una primera persona tan presente, ha sido una forma de posicionarse frente al poder hegemónico a lo largo de su carrera. «Ahora que ha habido un montón de estudios feministas y se ha asociado el género epistolar con la escritura de mujeres, hay algo de eso. También está la idea de la literatura como conocimiento situado. Claramente eso se vincula al feminismo y a las disidencias. El que tiene el privilegio siempre quiere hacer todo neutro, hacer que no existe el lugar de poder. El yo en un punto es una respuesta a eso. Los que estaban en contra del yo siempre eran tipos hegemónicos. Tiene una cosa política el yo y siempre lo voy a defender», declaraba la escritora en una entrevista en Palabra Pública de la Universidad de Chile.

La traducción ha sido otra de sus grandes pasiones. Licenciada en Letras, ha traducido al alemán, inglés y portugués. De sus trabajos en este campo podemos destacar las traducciones de las poetas estadounidenses Dorothea Lasky o Chris Kraus, entre otras. Como artista plástica, otra de sus facetas, fundó, como decíamos al comienzo, una de las editoriales y galerías más respetadas de Argentina: Belleza y felicidad, en activo hasta 2007 y que fue un auténtico hogar para los artistas de los noventa basado en el diálogo, la colectividad y la idea del arte como camino hacia la felicidad.

Cecilia Pavón y ‘Los sueños no tienen copyright’

Los relatos que componen Los sueños no tienen copyright fueron escritos por Cecilia Pavón en los albores del siglo XXI, cuando se hacían cada vez más palpables las relaciones mediadas por la tecnología y las redes sociales. Pero lejos de ser relatos caducos, cobran, desde la distancia, un rico abanico de matices. Este conjunto de relatos aupó a la escritora como una de las voces más singulares de la literatura argentina de las últimas décadas.

En esta serie de relatos encontramos una forma de pensar y sentir los nuevos tiempos, lejos de la queja o el miedo, a través de una mirada de apertura hacia lo posible y su disfrute. Nos encontramos así con ficciones basadas en el placer, las relaciones personales, los afectos, el arte, el diálogo y los sentimientos como centro de la experiencia social mundial. También observamos dos preguntas a lo largo de estos cuentos contemporáneos: ¿Qué es un cuento? y ¿La literatura debería cambiar y hacerse más sensible, sensual e inteligente?

Te invitamos a acercarte a Cecilia Pavón, si es que aún no lo has hecho. Los sueños no tienen copyright puede ser un buen punto de partida.

Algunos fragmentos

«La infidelidad era para nuestras abuelas una forma de alcanzar la libertad, que no es otra cosa que un modo de experimentar el tiempo. Hoy que el tiempo es errático, somos todos libres, pero en 1996 todavía persistían nociones como la solidez y la eternidad. Hasta se casaban con una frase ritual que decía algo así como «hasta que la muerte los separe». Es absurdo pensar que una tortura tal podía tener que ver con el amor. (…)» ( Fragmento del relato Teoría postmarxista de la infelicidad, Los sueños no tienen copyright, Cecilia Pavón).

«Imagínense que todas esas grandes masas sumidas en la pobreza que escuchan cumbia villera escucharan la música de Marisa Berquis, como cera viscosa y caliente, acostados en la oscuridad, sin beber alcohol, sin moverse, ¿cuál sería el resultado?, ¿qué es lo que pasaría en nuestro país? (…)» (Fragmento del relato Discos Gato Gordo o una nube con forma y color de moretón, Los sueños no tienen copyright, Cecilia Pavón).

«- Vos que nunca te enamoraste, ¿qué pensás de alguien que cambia de amante cada dos semanas? – Creo que esas transiciones deben ser dolorosas. Y por esta razón estoy segura de que el amor de pareja va a desaparecer muy pronto. Todo indica que así será (…)«. (Fragmento del relato Teoría postmarxista de la infelicidad, Los sueños no tienen copyright, Cecilia Pavón).

Imagen de portada: Cecilia Pavón. Fotografía: Rosana Schoilett.

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