‘Diagnósticos’: la imaginación y experimentación en el cómic de Varela y Agrimbau

El cómic puede que sea el espacio perfecto para experimentar con los límites narrativos y la capacidad del lenguaje. Esto es justamente lo que pasa Diagnósticos, primera creación conjunta de Lucas Varela y Diego Agrimbau, pero no la única, ya que después de Diagnósticos llegó El humano también, como la primera, publicado en La cúpula.

Tanto Agrimbau como Varela trabajaron en el campo de la publicidad y en otros medios anteriormente hasta que decidieron meterse en el mundo del comic. Tras una residencia artística en la Maison des Auteurs de Angoulême en la que ambos participaron, llegó esta primera colaboración donde dieron rienda suelta a la imaginación y acabó saliendo algo bastante curioso.

En Diagnósticos, Agrimbau y Varela juegan con los límites narrativos dentro del cómic. Eligen una serie de historias que ofrecen múltiples posibilidades para esto y, tanto desde el propio relato como desde el lenguaje con el que lo presentan, juegan con las estructuras narrativas.

Diagnósticos, de Lucas Varela y Diego Agrimbau.
Diagnósticos, de Lucas Varela y Diego Agrimbau.

Experimento lingüístico y narrativo

Ya en la contraportada advierten y se dice que es un “laboratorio del cómic”. No vaya a ser que el lector se asuste y es que, desde luego, de convencional, al menos en cuanto a la forma de contar, tiene poco.

Los seis relatos que encontramos en la colección se centran en seis problemas psicológicos distintos que de alguna forma tienen que ver con la comunicación o con como interactuamos y percibimos el mundo. Afasia, prosopagnosia, claustrofobia o sinestesia son algunos de los problemas a los que se dedica un relato.

Problemas sensoriales que hace que sus protagonistas perciban la realidad de una forma diferente y que se muevan por el mundo con ciertas dificultades o peculiaridades. Esa visión del mundo se traslada a la página del cómic modificando por completo el lenguaje utilizado. Mensaje y lenguaje se convierten en una misma cosa de esta manera.

La exploración del género y la innovación no tiene ningún tipo de límite. Necesario para ello también la imaginación desbordante que muestran tanto en historia como en recursos estilísticos empleados.

Se rompe la cuarta pared, la viñeta se destruye o se re-visiona, la elección paleta de colores utilizada según el relato que se está contando, las palabras que aparecen escritas, las que no aparecen, las onomatopeyas, la escena en la que se sitúan las protagonistas… un cúmulo de elementos cambiantes según el relato en el que nos encontremos.

Todos los recursos elegidos colaboran para construir el mensaje, imagen, sonido o palabra escrita, y se acopla perfectamente con las historias.

Diagnósticos.
Diagnósticos.

Diagnósticos: Bordeando la locura

Y es que, lo que permite toda esta experimentación creativa y da más potencia a los relatos, es precisamente el tipo de historias que deciden contar. Quizá a través de este medio y con un tipo concreto de comunicación se consigue un acercamiento más certero a lo que se quiere contar y experimentar, de alguna manera, un poquito de esas situaciones.

A veces es complicado entender determinadas circunstancias si no se viven, si no se ven. La palabra por sí misma es insuficiente, pero en este caso la palabra está exprimida al máximo. Potenciada para que en combinación con lo visual pueda llegar más lejos, mucho más lejos para que se comunique la realidad de las enfermedades.

Extralimitar los márgenes del lenguaje, y como consecuencia de la historia, no solo tiene efectos en el medio que leemos y como lo leemos, sino también en las propias protagonistas. Volviendo al plano de la ficción, esta comunicación extrema, periférica, imaginativa para, justamente, poder comunicar con precisión lo que no podría comunicarse de otra forma, acaba llevando al extremo también a las propias protagonistas de las historias.

La forma se desmorona en la experimentación porque se mueve por unas fronteras peligrosas para sus personajes. Y de esta manera, acaban siendo como juguetitos de los dioses que las han puesto ahí. Muy metaficcional todo, puede ser. Se llega hasta el límite con el lenguaje y, a su vez, porque es indivisible, con los personajes, que se mueven por la inestabilidad.

Entre otras cosas encontramos recursos como la viñeta que no permite que su personaje salga y todas las perspectivas posibles de la página del cómic para la claustrofobia. Los sonidos manifestándose con palabras flotantes para la sinestesia. La curiosa, y fantástica en este caso, eliminación de los rasgos que identifican las distintas caras creando una imagen idéntica para todos para la prosopagnosia. La caótica y deformada realidad -y lenguaje- que poco a poco va cogiendo forma para la agnosia, o la invasión del lenguaje en todas las escenas posibles y la imposibilidad de utilizarlo para la afasia.

Sin duda, una colaboración entre el qué y el cómo que es posible gracias la gran imaginación.

Diagnósticos, de Lucas Varela y Diego Agrimbau.

Un lenguaje diferente para una realidad diferente

Se produce, en realidad, una retroalimentación entre historia y lenguaje, porque no solo los recursos del cómic permiten que se pueda explicar de una forma mucho más cercana a la realidad, sino que en sí, estás historias permiten que se puedan estirar los recursos del cómic, que se lleven al límite. Un límite que necesita de conocimiento y experimentación.

Y así, a través de determinados mecanismos no solo nos hace ponernos en el lugar de sus protagonistas para entender de la mejor manera la situación que viven, sino que extreman sus realidades hasta llevarlas a sobrepasar los límites de la cordura. Las presionan como si fueran la realidad que aprisiona a aquellos que la perciben de una manera distinta. Una experimentación, una perspectiva, que quizá, si no fuera por el cómic, sería complicado contar.

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