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¿Las mujeres que leen son peligrosas?

La lectura no es algo que se pueda disgregar en géneros, o mejor, de poco sirve hacerlo si nos queremos remitir al contenido y no al continente. A pesar de ello, constantemente se hace en los medios de comunicación con listas sobre eso que se hace en llamar “literatura femenina” o “10 libros escritos por mujeres”.

Si bien es cierto que el acceso a la lectura, al menos en los países desarrollados, es equitativo y está al alcance de todos, no se puede negar que hubo un tiempo en el que esto no fue así. Las mujeres estuvieron apartadas de la lectura y, en definitiva, de todo lo que no fueran las tareas manuales del hogar. No obstante, por los recovecos, cuando nadie miraba, muchas de ellas leían en secreto.

No creo que, como dice Stefan Bollmann en su libro Las mujeres que leen son peligrosas, las mujeres tengan una relación mística y especial con los libros a un nivel que un hombre no pueda alcanzar. Los sentimientos que la literatura puede evocar en cualquier lector son de carácter individual.

Bollmann, sin embargo, crea un bonito compendio recopilatorio de obras de arte con un hilo conductor común: mujeres leyendo. Imágenes de intimidad por las que el lector se cuela para observar la relación entre las féminas y los libros.

¿Leen las mujeres más que los hombres?

El hábito lector ha aumentado exponencialmente durante los últimos años. La pandemia fue un buen momento que muchos aprovecharon para retomar o comenzar con la lectura y esto se está notando en los datos.

En la última década, la lectura de libros por ocio acumula un incremento de un 6,5%. Por otro lado, el 67,9% de los españoles lee libros y, de ellos, un 64,4% lo hace por ocio.

Afinando un poco más, podemos comprobar algo que se suele comentar a menudo y que los datos casi siempre abalan: las mujeres leen más que los hombres.

De hecho, según el informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España en 2021, el 69,6% de las mujeres lee en su tiempo libre, frente al 59% de los hombres.

Resulta igualmente curiosa una gráfica de este mismo documento mencionado, en la que se puede ver cómo en todas las franjas de edad, las mujeres leen más que los hombres. De hecho, aumenta el porcentaje de féminas que lee en proporción con la edad, mientras que en los varones pasa lo contrario, a más edad, más decrece este porcentaje.

Mujeres que leen
Lectores de libros en tiempo libre por edad.

Pintura y lectura

Bollmann es un estudioso y erudito alemán, uno de los mayores expertos en Thomas Mann. En España se dio a conocer precisamente gracias a Las mujeres que leen son peligrosas (2006), que se puede encontrar editado en nuestro país por Maeva.

La idea de un libro así, ya solo con el título, resulta atrayente. ¿Por qué habrían de ser peligrosas las mujeres que leen? En el prólogo de esta obra, Esther Tusquets se hace esa pregunta. Una de sus conclusiones resulta interesante. Las mujeres que leen han sido vistas tradicionalmente como sospechosas porque la lectura podía socavar su sumisión.

Leer abre las puertas y ventanas de la mente, el cerebro se airea y ve más allá de los muros de la cotidianidad y eso puede resultar muy peligroso. No en vano, históricamente, las quemas de libros se han sucedido en el devenir de los siglos. Un libro puede ser el arma más peligrosa de todas. No hace falta irse muy lejos para encontrar un ejemplo, el Mein Kampf de Hitler aún pulula en la historia reciente.

Volviendo al tema que nos ocupa, Bollmann hace una recopilación desde lo más antiguo hasta lo más moderno. Con cada cuadro o fotografía va desgranando la historia de la lectura femenina, y también la de la pintura.

Las obras más destacadas de Las mujeres que leen son peligrosas

De entre la selección del alemán, vamos a destacar algunos cuadros por su colorido y expresividad y otros más por el texto con el que Bollmann los acompaña. No se trata de desgranar artísticamente la pieza, sino de extraer su significado más profundo. De comprobar esa relación especial entre las mujeres y los libros.

Así, una de las que más destacan es La sibila de Cumes pintada por Miguel Ángel en el 1510. Puede verse en la romana Capilla Sixtina. Esta giganta y bruja, como Bollmann la define, lee sus profecías a dos niños en un libro que realmente tiene las páginas en blanco. La fuerza de los brazos de la sibila contrasta con su rostro envejecido. Es algo casi esperpéntico que acaba siendo paliado por la calma y armonía que transmiten los colores y la composición elegida por Miguel Ángel.

La sibila de Cumes, de Miguel Ángel. Las mujeres que leen son peligrosas.
La sibila de Cumes, de Miguel Ángel. Las mujeres que leen son peligrosas.

Dando un salto a 1850, encontramos la Joven leyendo de Franz Eybl. Uno de los cuadros más atrayentes del libro, pues muestra a una muchacha totalmente entregada a la lectura. Aislada por completo del mundo terrenal y aburrido que hay fuera de las páginas. Casi se puede decir que Eybl pintó un momento de gran erotismo entre la mujer y el libro que sostiene entre las manos.

Joven leyendo de Franz Eybl
Joven leyendo de Franz Eybl. Las mujeres que leen son peligrosas.

De 1895 el alemán nos presenta una creación del catalán Ramón Casas i Carbó. La Joven decadente, que muchos habrán visto convertida en meme. Pese a sus ciento y pico años, representa para toda una generación un sentimiento de hastío vital, de cansancio mental y de, justamente, decadencia.

Nos dice Bollmann sobre este cuadro: “Como saben los grandes artistas que conocen la vida, no siempre se han de esperar las grandes puestas en escena; es con frecuencia en los breves intermedios donde la existencia nos ofrece inesperadamente más del gusto y del peso del mundo; de hecho, esos son los momentos en los cuales se es consciente de la vida”.

Joven decadente, de Ramón Casas.
Joven decadente, de Ramón Casas. Las mujeres que leen son peligrosas.

Para ver otra obra que sobresale, y que ejerce como imagen de portada de Las mujeres que leen son peligrosas, hay que irse a 1896 a Roma. Allí puede verse Sueños de Vittorio Matteo Corcos. En este cuadro se puede observar una rosa marchita con los pétalos desperdigados por el suelo. Para Bollmann esto es símbolo de madurez. La despedida de la niñez, algo a lo que seguramente la lectura, y los libros que se ven en el banco junto a la protagonista, hayan contribuido.

El teutón es categórico al decir que “el título del cuadro es engañoso: esta lectora no es una soñadora”, no siente melancolía por el tiempo pasado, no, su mirada desafiante nos dice que en la edad adulta por fin ha visto lo que es la vida.

Sueños, de Vittorio Matteo Corcos. Las mujeres que leen son peligrosas.
Sueños, de Vittorio Matteo Corcos. Las mujeres que leen son peligrosas.

Terminamos este repaso con La convaleciente (1923-1924), de la inglesa Gwen John. Una mujer se nos aparece medio difuminada, vestida de azul, entre las manos sostiene una carta. Está enferma, recuperándose, claro, y en el texto que acompaña a esta creación pictórica, Bollmann nos habla de Proust, y de cómo para el francés, la lectura hace las veces de psicoterapeuta.

En palabras de Stefan: “Esta es, según Proust, la definición de la lectura, y solamente de la lectura que actúa como un antídoto, que nos restituye poder intelectual y fuerza de voluntad en las fases de agotamiento. Bajo su protección podemos curar nuestras dolencias”.

La convaleciente, de Gwen John. Las mujeres que leen son peligrosas.
La convaleciente, de Gwen John. Las mujeres que leen son peligrosas.

Homenaje a las lectoras

Y es que sí, la lectura es universal, pero es bonito que Stefan Bollmann dedique este bello libro (por dentro y por fuera) a homenajear a esas mujeres que tuvieron que leer en secreto. A las que no les estaba permitido el desarrollo intelectual.

Las mujeres que leen son peligrosas es un libro para leer, releer y admirar una y otra vez. Un repaso singular a la historia de la lectura femenina a través del arte visual.

Fuente gráfica: https://www.federacioneditores.org/lectura-y-compra-de-libros-2021.pdf

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