‘Raised by Wolves’: Análisis de la segunda temporada de la serie de Ridley Scott

Raised By Wolves, el éxito de audiencia apadrinado por el veterano director del género Ridley Scott con Aaron Guzikowsky al guion, fue la principal propuesta sci-fi para el 2020 de la cadena HBO. El 17 de marzo concluyó la emisión de los ocho capítulos de su segunda temporada. Y aunque peca de las mismas taras que lastraban la primera, deja un regusto interesante.

Mucho, de hecho.

La serie, al mejor estilo de clásicos del género como Dune o Fundación, nos sitúa en un futuro post apocalíptico tras el conflicto nuclear entre Creyentes y Ateos. Lo poco que resta de la humanidad ha de expandirse en colonias por las estrellas.

En esta segunda temporada vemos como continúan las aventuras de Madre (Amanda Collin) y Padre, (Abubakar Salim). Dos androides que colonizan un planeta inhóspito con un cultivo limitado de embriones, como unos Adán y Eva inorgánicos.

Abubakar Salim y Amanda Collin en Raised By Wolves

Pero el androide Madre no es el modelo básico estándar, sino una unidad de combate altamente especializada y modificada que tiene problemas base en sus funciones provenientes de su reprogramación.

Como toda la buena ciencia-ficción, dentro de los entornos alienígenas ajenos a todo lo conocido -un aspecto en el que Raised By Wolves destaca, el de transportarnos visualmente a estos entornos con facilidad y hacerlos creíbles-, la historia, con toda su fantasía, es capaz de transmitir historias que nos hacen pensar en patrones generales de la Humanidad que funcionarían en cualquier entorno, y en cualquier época.

Cuando te crían los lobos

Así, es fácil reconocer que la primera temporada se basa en la exploración de los problemas de las familias disfuncionales.

Junto a pistas como el cuento de los tres cerditos, no es difícil suponer que de ahí proviene el título.

Después de ver cómo se pierden casi todos los niños de la prole original; a Madre, de la facción atea, introduciendo en la unidad familiar a niños de una colonia religiosa masacrada por ella; y a cómo se enfrentan a los misterios y peligros del planeta y al adorador del dios Sol, Marcus (un como siempre inspirado Travis Fimmel), el cliffhanger final nos dejaba tras unos capítulos casi psicodélicos. Con la familia en la zona tropical del planeta después del enfrentamiento con el número siete, el retoño más o menos real de Madre.

¿Los dos hijos de Madre? Raised By Wolves.
¿Los dos hijos de Madre? Raised By Wolves.

Tenía mis dudas sobre cómo iban a salvar el descenso en picado de estos en misterios interesantes, pero irracionales y la sucesión de imágenes pseudo religiosas extraídas de un sueño de psilocibina. Recordé demasiado la desafortunada progresión de la serie Perdidos.

Voces misteriosas; antiguos leviatanes interplanetarios; episodios de realidad virtual alucinatorios, y la aparición de una enorme serpiente que al igual que en la antes mencionada, solo podían ser salvados por el uso de un deux-ex-machina. Aunque en este caso era más lógico sacarlo a colación.

Claro, el punto fuerte de Raised By Wolves es su elevado ritmo, genial. Aunque a veces con transiciones extrañamente lentas.

Giros sorprendentes constantes plagados de épica que junto a la escenografía y algún que otro guiño visual (como el de la Madre de batalla al clásico Metrópolis), pretenden dotarla de tanta acción que la sigues sin respiración.

Madre/Necromancer.
Madre/Necromancer.

Se disfruta con facilidad pasmosa, pero sacrifica coherencia explicativa.

Entretiene a rabiar, pero bordea el efectismo fácil, y se llega a notar la confusión del «¿sabrán cómo explicarlo?»

¿Os suena? Perdidos.

Raised by Wolves: No tan perdidos en el espacio

Pero sí, en la segunda temporada han sabido salir de ese embrollo y retomar una narrativa con lógica auto explicativa sin renunciar al efectismo.

Curioso, porque aquí centran más el conflicto de los personajes en la iconografía religiosa. Usando sin empacho referencias bíblicas o paganas para generar la resonancia que antes radiaba el tema de los conflictos familiares. Aunque tampoco lo abandonan.

Nuestros androides y familia se reencuentran con una colonia de ateos que se ha establecido con éxito en la zona tropical del planeta. Una zona más amable a la vida.

Padre y la Abuela (Selina Jones). Raised By Wolves.

Mientras se integran en ella, se encuentran misterios como la computadora que los dirige equitativamente, la Confianza. O la Abuela, un androide velado creación de los antiguos pobladores humanos, los Mitraicos, que dice haber sido creada para salvaguardar el futuro humano y que fascina a Padre; la vuelta del número Siete, y el desarrollo de los delirios religiosos de Marcus.

A través de la exploración de Marcus erigiéndose en figura mesiánica de la religión de Sol o Mitraica, frente a la colonia racionalista dejándose llevar por una inteligencia artificial demasiado justa.

Marcus. Raised By Wolves.
Marcus. Raised By Wolves.

Raised By Wolves explora los errores que ambos caminos de autogobierno han tenido para la Humanidad: La fe irreflexiva que anula la lógica y hasta el sentimiento en pro de los caprichos de una figura carismática y quizá no tan bondadosa. Y el otro lado, delegar los problemas de decidir en manos de una entidad tecnológica, La Confianza, de lógica estadística en la que los seres humanos son números. Meros recursos de la comunidad.

La serie tiene mayor coherencia -aún de un efectismo muy resultón, que a veces se siente exagerado-, misterios y entornos alienígenas, acción a raudales y mejoría de ritmo narrativo. Sin duda la temporada os dejará enganchados al sofá.

Se bebe, prácticamente.

Poniéndonos jungianos

Que tal vez no es lo que prima en una serie en la que lo primero que buscamos es buen entretenimiento, pero no deja de ser interesante rastrear lo que Raised By Wolves le debe a los conceptos arquetípicos que nos hizo notar Jung al desarrollar su teoría.

Madre y Padre se basan en los conceptos arquetípicos universales que todos tenemos en el subconsciente, diría él. Pero no son los únicos: la Sombra, el maná, el viaje del héroe representado en el joven Campion, (etc.) todos están, junto a conflictos típicos que se dan entre sus encuentros.

También arquetipos religiosos o mitos, que dan pistas sobre el futuro desarrollado en la segunda temporada.

Nada sutiles las referencias a Adán, Eva y la Serpiente en el paraíso.

La extraña importancia del árbol para la serpiente nos recuerda al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Y ya lo telegrafían cuando los colonos comienzan a tallar la figura de Madre en forma de cruz en contraposición con ese final tan premonitorio -no dejéis de disfrutarlo-.

¿El Árbol del conocimiento?

La religión de los humanos arcaicos es la Mitraica, como Mitra y su culto como dios-Sol.

La Abuela con el velo que niega los propios sentimientos, referencia, sí, a la anestesia emocional de la disociación traumática que acaba paralizando a Lamia -otro nombre mítico-, la Madre.

Pero dado el rol que tiene, es inevitable acordarse de, la velada Diosa Isis. Cuyo rostro era la Verdad, pero que causa de muerte al contemplarla directamente, sin filtro o preparación. Por lo que la diosa niega su contemplación tras el velo. Posteriormente asimilada con la Virgen María, arquetipo materno, como Isis, de una religión más joven. La Abuela.

O Marcus, clavado al Árbol como Odín o un Anticristo en cruz invertida.

Tan divertido buscarlos como disfrutar esta dignísima temporada dos.

Esperando con ansias la tercera…

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