‘Rojo’: Los tres colores de Kieslowski (III)

En 1793 la Comuna de París pidió a sus ciudadanos que escribieran en las fachadas de sus casas, en mitad del caldo de cultivo de la Revolución francesa, la frase: “La República una e indivisible – Libertad, Igualdad, Fraternidad o la muerte”.

En los años 90, el cineasta polaco Krystof Kieslowski se apropió del lema de la república para dar su visión de los tres conceptos en la modernidad, siglos después de su proclamación. Azul (1992), Blanco (1993) y Rojo (1994) fue su trilogía audiovisual dedicada a explicar qué eran para él la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Ya hemos analizado los dos primeros tramos de esta obra y pasamos al último, Rojo, color que viene a ilustrar el concepto de fraternidad. Protagonizada por Irène Jacob y Jean-Louis Trintignant, es probablemente la cinta más tierna y cálida de las tres.

Rojo: El concepto de fraternidad

Según nuestro querido y odiado diccionario de la Real Academia Española (RAE), la fraternidad es la “amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales”. El rojo es el color perfecto para ilustrar esto, ya que su calidez imprime esa aura de confortabilidad que no está presente en las otras dos películas.

No obstante, como en sus predecesoras, el color vuelve a ser un elemento narrativo de peso. Todo lo que rodea a la protagonista, Valentine, es de tonos rojizos. Su ropa, su taza de desayuno, los muebles de su casa, incluso la publicidad que hace para una marca de chicles (ella es modelo). Valentine encarna el concepto de fraternidad, pero no de cualquier manera. Valentine es la fraternidad misma, la más pura, la más leal.

Irene Jacob es Valentine en Rojo, de Kieslowski.
Irène Jacob es Valentine en Rojo, de Kieslowski.

Durante el metraje se va a topar con Joseph Kern, un juez retirado, que va a ser su antítesis, pues vive solo, no tiene familia y, además, comete actos de dudosa moralidad y fuera totalmente de lo legal. Los dos se enfrentan dando su visión de la fraternidad y poniendo en duda la del otro, creando, al final, una relación de amistad, cariño y sí, por supuesto, fraternidad entre ellos.

Rita y su collar rojo

En Rojo vemos algo que no está en Azul y Blanco: mascotas. Varios de los personajes tienen perro. ¿Por qué Kieslowski da importancia de repente a esto? Nada es casual en su cine y los animales, representados por los canes en este caso (por ser los más fieles y leales según el imaginario popular) son la fraternidad más pura, igual que pasa con Valentine.

El perro es el mejor amigo del hombre, suele decirse y para hablar de este concepto resultan ideales. Por ello, una noche volviendo a casa, Valentine atropella a una perra embarazada. El animal, Rita, tiene una dirección en su collar de color rojo (equivalente a haberle puesto un cartel que dijera “fraternidad”) y sin dudarlo la modelo la lleva con su dueño. Es así como conoce al exjuez Kern.

Este le espeta que la perra le da igual, que puede hacer lo que quiera con ella. Contrariada, Valentine lleva a Rita al veterinario y se la queda. Pero Rita es fiel y un día se escapa y va hasta la casa del juez. Es así como empieza a establecerse un vínculo entre la joven y el viejo.

Valentine y Rita. Kieslowski.
Valentine y Rita.

Kern, que no tiene nada que perder, le muestra a Valentine lo que hace con su tiempo libre: espiar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Ella se horroriza, pero se queda escuchando con él. Oyen a un hombre que habla con otro en un tono de reproche enamorado. Son amantes. Entonces Valentine le dice a Kern que no puede hacer eso, que es privado y que va a contárselo a su vecino. El juez le señala qué casa es y ella va.

Al llegar, no obstante, le abre la mujer del vecino, guapa, rubia y muy amable, sin conocerla la hace pasar a su casa. También hay una niña de unos 11 o 12 años que sostiene el auricular de un teléfono en la mano: está escuchando la conversación que su padre mantiene con su amante. Al ver esto Valentine sale de allí corriendo y le confiesa a Kern que no ha podido delatarle.

Valentine y Kern (Jean-Louis Trintignant), en Rojo.
Valentine y Kern (Jean-Louis Trintignant), en Rojo.

Fraternidad sin edad

Sus charlas se van haciendo cada vez más profundas. Él cuestiona el sentimiento fraternal de ella. No salvó a Rita por algo altruista, sino por evitar los remordimientos de atropellarla y dejarla abandonada. Da igual si escuchan las conversaciones de los vecinos, da igual si Kern se delata o no, el hecho está ahí y el desastre en esa familia también.

“Se equivoca” le espeta Valentine, “¿en qué?” replica él. “En todo. Se equivoca en todo. La gente no es mala, no es cierto. Quizá a veces no tienen fuerzas, pero…” le dice ella.

Él espía a los vecinos porque de ese modo conoce la verdad mejor que en una sala del tribunal. Claramente está afectado por su profesión y cómo esta se ha desarrollado. Aunque no se diga explícitamente, se hace notar que para el juez Kern el mundo está podrido. Valentine viene a cambiarle un poco ese concepto, acaban estableciendo una relación de amistad y cariño.

Rojo. Kieslowski.

Kieslowski deja patente así que no es importante quién eres, qué edad tienes o a qué te dedicas para poder crear vínculos con una persona. Kern y Valentine son polos opuestos. Ella decidida, con ansias de vida, él derrotado y mucho mayor que ella. Pese a todo se hacen amigos de un modo especial, sin ningún tipo de implicación sexual.

El naufragio

Valentine decide ir a ver a Michel, un novio telefónico que tiene, y que es un borde, por cierto, a Inglaterra. Kern le sugiere que coja el ferry y a ella le parece una genial idea. Antes de que se embarque, el juez llama al servicio meteorológico para asegurar que va a hacer buen tiempo en el Canal de la Mancha, lo que le confirman.

Sin embargo, el día del viaje el barco naufraga. Miles de personas mueren o desaparecen tragadas por el mar, excepto siete. Julie y Olivier (protagonistas en Azul), Karol y Dominique (protagonistas de Blanco), Valentine y Auguste (este último es un vecino de Valentine con el que se cruza durante todo el filme, pero que no conoce hasta este momento) y un camarero del barco llamado Stephen Killian sobre el que se ha especulado quién puede ser o a qué puede hacer referencia sin mucho éxito.

Valentine y Auguste siendo rescatados. Rojo, de Krystof Kieslowski.
Valentine y Auguste siendo rescatados. Rojo, de Krystof Kieslowski.

Siete personas se salvan y siete son los cachorros que tiene Rita, la perra compartida entre Kern y Valentine. ¿Los siete días que tardó Dios en crear el mundo? Nada se puede afirmar, pero Kieslowski no deja nada al azar en sus creaciones.

Entonces Kern respira aliviado al conocer los nombres de los que se han salvado y, mientras mira por la ventana de su casa, llora de felicidad.

Con este final, el director hace un guiño al resto de obras que componen este tríptico audiovisual, dejando patente que unas no pueden ser completamente entendidas sin las otras.

La botella de vidrio

Ya se ha mencionado en los anteriores artículos sobre esta trilogía que hay lazos que se estiran a través del metraje para unir las tres cintas. Uno de ellos tiene que ver con el color, pero también hay una escena, de la que no hemos querido hablar hasta ahora, que se repite, con matices, en Azul, Blanco y Rojo.

Se trata de una anciana que va a tirar una botella de cristal al contenedor del vidrio. Es una escena cotidiana, anodina y hasta vulgar, pero en manos de Kieslowski se convierte en algo profundamente significativo.

En Azul, Julie ve cómo la anciana intenta tirar la botella, pero está encorvada, es bajita y no llega, de modo que el recipiente se queda atascado en el hueco del contenedor. Julie la mira, pero parece no ver nada, es libre y, como tal, nada ni nadie puede turbarla.

En Blanco, Karol, que en ese momento duerme en la calle porque su mujer le ha echado de casa, ve la misma estampa. En esta ocasión, quizá teniendo un concepto equivocado de lo que es la igualdad, el polaco ve los esfuerzos de un anciano por tirar la botella y sonríe con un punto de ironía: en lo bueno, y especialmente en lo malo, todos somos iguales. Esto debe pensar al contemplar la imagen.

Por último, en Rojo, es Valentine quien presencia cómo una señora mayor trata de encajar la botella en el agujero del contenedor. Esta vez sí, sin dudar, la joven se acerca y le ayuda a empujar la botella dentro. Kieslowski ilustra de este modo el concepto de fraternidad, con Valentine como estandarte de ello.

El llanto en la trilogía Kieslowski

Azul, Blanco y Rojo terminan igual, con sus protagonistas llorando. Julie llora porque está a punto de dar carpetazo a su anterior vida. Una vez que se ha sabido libre, ha acabado por empezar una relación, que después sabemos que continúa con Olivier.

Karol llora porque Dominique ha acabado en la cárcel y no pueden estar juntos ahora que ambos lo desean. Pero sus lágrimas también son de alegría, por saber por fin que ella le quiere. En Rojo vemos que esta relación también continúa al ir los dos juntos en el ferry.

Por último, el juez Kern llora de alivio y felicidad, volviendo a remarcar el sentimiento de fraternidad, al saber que Valentine está a salvo y que, probablemente, volverá a verla por su casa.

Tres colores: Rojo. Kieslowski.
Tres colores: Rojo. Kieslowski.

Los protagonistas lo consiguen. Consiguen libertad, igualdad y fraternidad, pero Kieslowski también nos deja ver que no todo es blanco o negro, que todas tienen su parte negativa y que en muchos casos prevalece el egoísmo, el ego o la dejadez en nuestras relaciones con los demás. El hecho de reunir a los otros protagonistas en el cierre de la trilogía pone el broche de oro a una de las piezas audiovisuales más complejas del cine europeo de los últimos años.

No dejen de verlas, por lo que hemos comentado durante estos artículos, pero también por lo que no hemos podido decir: las actuaciones impecables de todos los actores, la fotografía cuidada y pensada al milímetro, la dirección magistral del polaco o la música compuesta por Zbigniew Preisner. Los tres colores de Kieslowski quedan ya en los anales como una de las obras cumbre del cine contemporáneo.

https://www.lasfuriasmagazine.com/los-tres-colores-de-kieslowski-i-azul/

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