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Batman y Peter Pan: ¡Santo Nunca Jamás, Hombre Murciélago! (2ª parte)

Sergio Márquez

Si te hablase acerca de un personaje imaginario que dejó de crecer en un momento concreto de su infancia. Que se rodeó de gente aparentemente afín en aventuras posteriores, pero que está abocado irremediablemente a la soledad… ¿a cuál me estaría refiriendo?

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Lugares comunes

La pérdida de sus padres reescribe por completo la vida de un niño. Si se trataba de unos padres amorosos, se ve por siempre privado de ese cariño. Si no lo eran, el deseo de ganarse su afecto queda eternamente incumplido. Teniendo menos capacidad de pensamiento abstracto que un adulto, los pequeños manifiestan su ansiedad de manera conductual.

 Peter Pan lo hace adoptando una actitud de falsa despreocupación. Volcándose en su propia imaginación y el juego en un país de Nunca Jamás que tiene mucho de invención suya. Bruce Wayne, por su parte, hace del trauma su modus vivendi. Dedicando hasta el último segundo de su tiempo al trabajo físico y mental que requiere su lucha contra el crimen, que absolutamente nadie (sino él) le ha impuesto.

 Para secundar esta fantasía que ambos viven, tanto Peter Pan como Batman se rodean de personajes similares a ellos, que no les dan la réplica ni señalan lo irracional de su conducta. En el caso de Peter son los niños perdidos, huérfanos, como él, que acaban en Nunca Jamás y se someten a su autoridad. Bruce va recogiendo a otros “juguetes rotos” diseminados por Gotham. Preadolescentes, en su mayoría, que aceptan su visión polarizada de las cosas y le ven como un ejemplo a seguir, ayudándolo, de paso, en su cruzada.

 En los dos casos, sin embargo, tanto Peter como Bruce acaban siendo superados por sus pares, que se sobreponen a sus respectivas tragedias y terminan reencauzando el rumbo de sus vidas.

 Al final de “Peter Pan”, los niños perdidos vuelven a Londres con Wendy, John y Michael. Son acogidos por la familia Darling. Peter observa esta escena final de júbilo, de nuevo desde el exterior de una ventana, incapaz de participar en ella. Con los años, los niños perdidos crecen y adoptan papeles respetables en la sociedad de su tiempo. Mientras, su antiguo líder, permanece solo, en su país inventado, rodeado de hadas, piratas, indios, y demás figuraciones.

 De Batman son conocidos sus numerosos aprendices, desde Dick Grayson (el primer Robin) hasta Damian Wayne (el más reciente). Todos y cada uno de ellos parten de una situación traumática, y encuentran en la batcueva el solaz y el propósito necesario para no sucumbir a sus desgracias pretéritas. Sin embargo, y después de un periodo en el que siguen a su mentor a ciegas, terminan por encontrar su propio rumbo. Bruce se queda solo en la Mansión Wayne, en una noche perpetua.

 Dick crece y asume una identidad superheroica distinta a la de Robin, mucho más brillante y optimista, y continúa con su lucha contra el crimen según sus propios términos.

 Posteriormente, Jason Todd asume el manto de Robin. Pasado el tiempo, y después de una serie de acontecimientos de lo más rocambolescos (los aficionados a los cómics sabéis de lo que estoy hablando, los que no, no pasa nada), Jason se dedica a cazar villanos sirviéndose de unos métodos mucho más reprobables, pero distintos, a fin de cuentas, de los de Batman.

 Tim Drake es el tercero en asumir el manto de Robin, y lo hace porque quiere, porque considera necesario que Batman tenga a su lado un ayudante. Entre tanto, supera el trauma de la muerte de su padre de manera saludable, estudia, se labra un futuro al margen de las máscaras y las capas, se echa novia… etc.

 Damian, por último, es el Robin más cercano al perfil psicológico de Batman. Aun así, realiza unos progresos notables. Concebido en una matriz artificial y nieto del mayor ecoterrorista del mundo (que es ninja y prácticamente inmortal, de paso), reniega de su entrenamiento como asesino y es capaz de cambiar su sistema de valores por completo.

 Batman, sin embargo, sigue siendo Batman… como lleva siendo desde los ocho o diez años.

 Y es que la verdadera tragedia de los dos personajes que nos ocupan es que están condenados a una eterna permanencia, estén conformes o no. Peter Pan afirma a menudo que no necesita una madre y que no quiere crecer, cuando la realidad es que no puede. Batman ni siquiera se molesta en excusarse. La posibilidad de cambio, en su mente, es nula. Seguirá así hasta que reviente o lo maten (lo más probable).

Traumas

 Otra cosa que tienen en común son los síntomas de estrés postraumático. Las situaciones traumáticas de origen humano (esto es, las que no se producen por causas naturales) son a menudo revividas por quien las sufre. En mayor o menor medida dependiendo de la persona y el suceso; dejan una marca, en ocasiones, indeleble.

 James Barrie escribió sobre Peter que “soñaba, y sus sueños eran más dolorosos que los sueños de los demás niños. Pasaba horas sin que pudiese librarse de esos sueños, durante los que exhalaba largos gemidos”. Yo no soy psicólogo, pero eso me suena a mí a TEPT (lo siento por quien solo haya visto la película de Disney).

 La índole de los sueños de Bruce Wayne también nos es bien conocida. En cualquiera de las interpretaciones del personaje se nos resalta cómo revive una y otra vez ese mismo episodio en Park Row (“Crime Alley”, como llegó a conocerse posteriormente). La muerte de sus padres pasa ante sus ojos como una cinta de película estropeada, por si acaso se le ocurre tomarse un día libre y relajarse. Aun a sus treinta o cuarenta y pico años, Bruce Wayne sigue sin asimilar el dolor de la pérdida como haría un adulto, con sensatez y cordura.

Continuará…

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