·

Noga Erez: bailar en medio del incendio

Cuando el pop global empieza a repetirse como si intentara clonarse a sí mismo, aparece una artista como Noga Erez para recordarnos que la música no nació para ser cómoda, sino para incomodar. Para despertar. Para mover el cuerpo y, de paso, la conciencia. Productora, cantante, rapera, performer inclasificable, Erez lleva casi una década construyendo un universo sonoro que no se parece al de nadie: futurista, político, rabioso, cerebral y, al mismo tiempo, adictivo.

En un momento en que la industria busca suavizar los bordes, ella los afila. En un presente donde hablar de política se considera arriesgado, ella lo convierte en una pista de baile. Y cuando todo parece dividirse entre bandos irreconciliables, Erez se sitúa justo en medio de la grieta y crea desde ahí: desde la fractura, desde la duda, desde la fricción.

Noga Erez.
Noga Erez.

Noga Erez: la outsider que redefinió el pop político

Noga Erez nació en Jerusalén en 1989, en una zona del mundo donde el ruido nunca es solo ruido. Donde los silencios pesan. Donde crecer implica aprender muy pronto a sostener contradicciones. Ese contexto atraviesa inevitablemente su obra. Pero no como un eslogan, sino como un latido interior que marca el tempo de su música.

Su debut, Off the Radar (2017), ya anticipaba que estábamos ante una artista mutante. Un álbum que suena a batalla de beats, a glitch emocional, a pop descompuesto que se rearma en formas nuevas. Erez no busca la belleza complaciente: busca la tensión. Y en esa tensión aparece su carisma, su inteligencia rítmica y su capacidad para convertir lo incómodo en algo irresistible.

En un panorama dominado por la idea de “ser internacional” como sinónimo de diluir la identidad, Erez eligió lo contrario: amplificar la suya. No como bandera, sino como estética.

Kids: herencia, contradicción y resistencia con ritmo

Si Off the Radar la situó en el mapa, Kids (2021) la convirtió en una estrella para quienes buscan algo más que canciones de fórmula. Es un disco que entra fácil y se queda difícil, porque cada capa revela otra más profunda. Un álbum sobre crecer, sobre heredar miedos, sobre asumir de dónde vienes y preguntarte a dónde demonios vas.

Kids es también un disco sobre identidad, sobre legado y sobre la sensación de que la historia —la personal y la colectiva— siempre está al acecho. “We’re the kids with the messed-up history”, canta en Kids (Against the Machine), y esa frase funciona como declaración generacional: somos hijas e hijos de un error que aún estamos intentando nombrar.

Musicalmente, el disco es una barbaridad de precisión. Canciones como End of the Road, Knockout, View o Fire Kites muestran su dominio del ritmo fragmentado, de las melodías que parecen plegársele al beat, de esa tensión entre baile y apocalipsis que es marca de la casa.

Y luego está You So Done, uno de los temas más brillantes del pop reciente: un despliegue emocional que pasa del susurro amenazante al desgarro sin perder la elegancia. Un tema que ya es icono gracias a su coreografía marcial, casi militar, ejecutada con una precisión que asusta.

Vandalist: la mutación definitiva

Vandalist: electricidad, ruido y una artista que ya no pide permiso

Vandalist no es solo el tercer gran paso de Noga Erez: es la prueba de que su lenguaje musical ya no necesita traducción. Aquí no llega como promesa ni como rareza del pop experimental, sino como alguien que ha aprendido a torcer la norma hasta romperla. El título no engaña: este es un disco que hace estallar lo que toca.

El álbum se abre con Vandalist, un inicio que suena a declaración de guerra juguetona, a ritmo que ríe mientras empuja. No hay intención de camuflar nada: Erez entra de frente, con un beat que parece caminar sobre cristales rotos y con una voz que alterna desafío y complicidad. Desde ahí, la cosa no afloja.

DUMB es una bomba pop disfrazada de broma privada: ritmo seco, melodía pegadiza y un retrato ácido del postureo contemporáneo. PC People, con Rousso, lanza latigazos de ironía millennial sobre bases que parecen un videojuego roto; es un tema que se burla del buenismo digital al tiempo que invita a mover el cuello sin pensar demasiado.

Pero Vandalist no vive solo del golpe. En Come Back Home aparece la Noga más emocional, la que pone el foco en ese deseo de retorno, no necesariamente físico, sino identitario: volver a un yo menos cansado, menos filtrado, menos vigilado. Es un momento de pausa que, lejos de suavizar el disco, lo ensancha.

En A+, junto al rapero Ravid Plotnik, Erez entra en terreno abierto, jugando con cadencias urbanas sin mimetizarse con ellas. En AYAYAY, con el argentino Dillom, se lanza a un cruce de universos que funciona por choque, no por fusión: dos estilos, dos voces y un ritmo que parece a punto de desbordarse, pero nunca pierde precisión.

Smiling Upside Down es el tipo de canción que solo Erez sabe hacer: alegre y perturbadora, luminosa y torcida. Un himno extraño para una generación que sonríe mientras algo le quema por dentro. Hey, Hi funciona como un guiño cómplice, casi un respiro, antes de entrar en una de las joyas ocultas del álbum: SAD GENERATION, HAPPY PICTURES, posiblemente el comentario más afilado del disco sobre el museo digital en el que vivimos.

Vandalist confirma que Noga Erez ya no es una artista a la que observar como fenómeno: es una fuerza creativa que marca rumbo.

Un pop que piensa y molesta

Lo más radical de Noga Erez no es lo que dice, sino cómo lo dice. No es panfletaria, no sermonea, no se coloca en la superioridad moral tan habitual en el pop político contemporáneo. Su arma favorita es la ambigüedad. Su fuerza, la ironía. Su lenguaje, la incomodidad.

En lugar de gritar, te invita a bailar. Y mientras bailas, te das cuenta de que la letra no era tan inocente. Que había filo. Que había duda. Que había una pregunta que te atravesaba sin avisar: ¿qué significa vivir en un mundo que te exige elegir bando? ¿Qué significa ser cómplice? ¿Qué significa callar? ¿Qué significa tener miedo?

Si en estudio es brillante, en directo es directamente sobrenatural. Ver a Noga Erez sobre el escenario es asistir a un ritual eléctrico donde todo está medido al milímetro, pero nada suena mecánico. Hay un pulso casi animal en su forma de moverse; una urgencia física, visceral, que convierte cada concierto en una descarga.

A su lado, su pareja y productor Ori Rousso funciona como una extensión de su respiración creativa. Él articula la arquitectura sonora y ella la habita. Juntos son una máquina perfecta.

Quienes la descubren por primera vez en un festival salen con la misma frase: “¿Quién es esta mujer y cómo consigue que algo tan roto suene tan nítido y tan vivo?” La respuesta es sencilla: Erez vivencia, no actúa.

La incomodidad como hogar creativo

Uno de los aspectos más fascinantes de Noga Erez es su capacidad para habitar contradicciones sin convertirlas en mensaje fácil. Habla del conflicto, pero no desde el dogma. Habla del miedo, pero no busca consuelo. Habla del poder, pero no pretende ser líder de nada. Habla del privilegio, pero no presume de conciencia limpia. Habita el centro del huracán y se permite bailar en medio de él.

En un contexto como el actual, donde el debate público está absolutamente polarizado, que una artista se permita explorar la complejidad sin convertirse en símbolo ni en arma arrojadiza es casi un acto de resistencia estética.

Su música no te dice qué pensar: te recuerda que pensar sigue siendo necesario.

Influencias, mutaciones y el laboratorio sonoro Erez–Rousso

Erez bebe de muchas tradiciones, pero nunca se nota demasiado. Todo pasa por su filtro. De M.I.A. adopta el descaro y la capacidad de convertir ritmos globales en discursos políticos. De Björk, la libertad absoluta para romper el formato canción. Del hip-hop contemporáneo, la contundencia verbal. De la electrónica experimental, el gusto por la textura y el ruido.

Pero nada suena prestado. Todo suena procesado por ella y por Rousso, que juntos han creado uno de los idiomas sonoros más reconocibles de la última década.

La clave es su enfoque de producción: ritmos quebrados, bases minimalistas que de repente explotan, melodías que entran desplazadas, voces que se cortan y multiplican como si fueran reflejos de una identidad en conflicto. Erez no busca gustar: busca el impacto.

Otro de los pilares de su universo es lo visual. Cada videoclip es una pieza perfectamente articulada donde la danza, la estética militar, el futurismo industrial y el humor negro conviven sin chirriar.

Videos como Dance While You Shoot, VIEWS, End of the Road o You So Done son pequeñas obras de arte que funcionan como manifiestos silenciosos. Erez trabaja con el cuerpo como si fuera una máquina política. Su gestualidad es agresiva, decidida, inquietante.

Por qué Noga Erez importa ahora más que nunca

Hablar de artistas israelíes implica pisar terreno delicado. Pero reducir a Noga Erez a su procedencia política es un error que su obra desmiente en cada compás. Ella no se coloca como representante de nada ni de nadie: se coloca como creadora. Su música no es una bandera ni un contra-discurso; es una fisura, un espacio donde lo complejo no se simplifica para consumo rápido.

En tiempos de propaganda emocional y lectura binaria, una artista que abra espacio para la duda, para el matiz, para el pensamiento crítico, es un regalo.

En un panorama saturado de pop funcional, Erez apuesta por un pop significante. No un pop triste ni un pop militante, sino un pop que entiende que la energía también puede ser política. Que el ritmo también puede ser memoria. Que un beat también puede ser un espejo.

Importa porque devuelve al pop su capacidad de ser lenguaje, no solo producto. Su capacidad de incomodar, de provocar, de hacer pensar sin renunciar a hacer bailar.

Importa porque ocupa un espacio que pocas artistas se atreven a pisar: el de la emoción compleja. Importa porque no suena al presente: suena al futuro.

Noga Erez.
Noga Erez.

Noga Erez: la supernova que viene

En Las Furias veneramos a las artistas que hacen del arte un acto de insumisión. Y Noga Erez es exactamente eso: una insumisa del sonido. Una arquitecta del caos. Una performer que convierte la contradicción en estética. Una compositora que escribe desde el borde. Una productora que ha entendido que la belleza está en lo tenso, lo roto, lo inestable.

No sabemos qué traerá su próximo disco. Lo que sí sabemos es que no será cómodo. Será mejor. Más incómodo. Más afilado. Más ella.

Porque cuando Noga Erez abre la boca, el pop se tambalea. Y nosotras, como siempre, bailamos.

Foto de portada de Eran Levi.