Entrevista a Nadia Bulkin: “Escribo terror porque es la única forma de ser honesta con mi manera de ver el mundo”
Nadia Bulkin es una prestigiosa escritora de terror con relatos en antologías ganadoras de premios como el World Fantasy o el Shirley Jackson. En nuestro país hemos podido leer algunos de sus mejores relatos en Ella dijo destruye, publicado por La biblioteca de Carfax. Además, recientemente, esta misma editorial ha publicado Problemas con la autoridad, una recopilación de tres exquisitas novelas cortas de terror, que no te dejarán indiferente y que pronto reseñaremos.
Nadia Bulkin estuvo en Celsius 232, el festival literario de fantasía, terror y ciencia ficción celebrado en Avilés, y, gracias a La biblioteca de Carfax, pudimos entrevistarla sobre su evolución como escritora, las dinámicas de poder que atraviesan su obra, la violencia normalizada, el miedo como herramienta de control y las posibilidades del terror para cuestionar nuestra manera de entender el mundo. También hablamos de Problemas con la autoridad, de la influencia de sus raíces indonesias y de su particular forma de convertir la inquietud, la duda y el desasosiego en materia literaria.

Hablamos con Nadia Bulkin
– ¿Cómo describirías la evolución de tu escritura desde tus primeros relatos hasta hoy?
Siempre he querido escribir historias emocionantes, pero mi definición de lo que es “emocionante” ha cambiado mucho desde que, con nueve años, terminé un relato por primera vez. Cuando era más joven y tenía una visión más optimista del mundo, solía escribir algo más cercano a la fantasía. Pasé a escribir exclusivamente ficción de terror porque es la única forma en la que siento que estoy siendo honesta con mi manera de ver el mundo.
– Naciste en Indonesia, pero de niña fuiste a vivir a EE. UU. ¿Cómo ha influido esa doble pertenencia cultural en tu manera de entender la ficción y, especialmente, el terror?
Ambas culturas poseen tradiciones de terror muy arraigadas, aunque muy diferentes. Creo que el enfoque indonesio del terror fue más decisivo en mi formación: el énfasis en la magia negra, la relatividad moral, la transgresión y el terror entendido como una negociación constante con el mundo de los espíritus. Sin embargo, mi interés por la psicología anormal y la toxicidad cultural procede, sin duda, del terror estadounidense.
– En Problemas con la autoridad, la autoridad rara vez adopta un único rostro: puede ser una institución, una tradición, una enfermedad o incluso un recuerdo. ¿Te interesa precisamente esa capacidad del poder para infiltrarse en aquello que creemos más íntimo?
Creo que las dinámicas de poder están presentes en todos los espacios que habitamos: dentro de las familias, en los grupos de amigos, por supuesto en nuestros trabajos e incluso en nuestra manera de comportarnos en internet. Creo que son un aspecto inevitable de la condición humana. Somos criaturas sociales y nos gusta organizarnos. La cuestión de quién tiene autonomía para actuar forma parte de toda organización y de todo vínculo social.
El mayor poder transformador del terror reside probablemente en la compasión: en llegar a sentirla por quienes normalmente no nos la inspirarían.
Nadia Bulkin.
– El propio título de la recopilación parece una declaración de intenciones. ¿Qué significa para ti “tener problemas con la autoridad”? ¿Es una cuestión política, moral o también profundamente personal?
Todo lo anterior. Lo elegí porque, en inglés, es una expresión que se utiliza para describir a los niños rebeldes. Así que alude tanto a personajes rebeldes que “tienen problemas con la autoridad” como a los problemas de la propia autoridad: las limitaciones y las contrapartidas que conlleva ejercerla sobre otras personas.
– Muchas de tus historias muestran cómo determinadas formas de violencia terminan normalizándose hasta hacerse invisibles. ¿Crees que el terror puede ayudarnos a reconocer esos mecanismos mejor que otros géneros?
Puede que sí, aunque solo sea porque los lectores de terror están predispuestos a buscar cosas horribles en todas partes.
– En tus historias el horror se instala poco a poco hasta que el lector descubre que lleva varias páginas conviviendo con él. ¿Es tu manera de explicar cómo funcionan el miedo y la violencia en la vida cotidiana?
Sí, creo que es así. El mundo es violento y creo que nos acostumbramos mucho a un nivel de crueldad e insensibilidad que consideramos normal; o quizá pensamos que es algo que solo les sucede a “otras personas”. Me remitiré a una cita de uno de mis cineastas favoritos, Werner Herzog: “Creo que el denominador común del universo no es la armonía, sino el caos, la hostilidad y el asesinato”.
– En Cielo rojo al amanecer, la enfermedad y el contagio adquieren un significado que trasciende lo físico. ¿Te interesaba explorar la facilidad con la que las sociedades convierten el miedo en una herramienta de control?
Yo diría que, en Cielo rojo al amanecer, el Gobierno actúa con buenas intenciones: necesita controlar la propagación del paracontagio para salvar vidas. El problema es que la mayoría de las personas no está dispuesta a ponerse en riesgo para salvar a un desconocido, algo que creo que todos aprendimos durante la pandemia de COVID-19. Por eso, diría más bien que este relato trata sobre la facilidad con la que las sociedades se vuelven contra sí mismas en cuanto entra en juego el miedo y sobre la rapidez con la que la gente está dispuesta a arrojar a los demás a los “lobos”.
– El cuerpo ocupa un lugar central en muchas de tus historias: ¿qué posibilidades narrativas encuentras en esa dimensión corporal del horror?
Los autores que escriben habitualmente body horror probablemente puedan darte una respuesta más inteligente, pero, para mí, se trata simplemente de la urgencia visceral que encierra la necesidad de preservar la integridad física. El cuerpo es lo primero y lo último que cualquiera de nosotros posee cuando todo lo demás ha desaparecido, y no podemos sobrevivir como seres vivos sin él.
– Tus personajes femeninos suelen soportar cargas heredadas, violencias invisibles o expectativas sociales difíciles de romper. ¿Hasta qué punto consideras que el terror es un género especialmente fértil para explorar las experiencias de las mujeres?
El terror es un medio magnífico para examinar cualquier experiencia que no se ajuste a lo que la sociedad considera “normal”, porque consiste precisamente en sobresaltar e incomodar a la gente. También diría que esas personas que se apartan de la “norma” son quienes llevan las vidas más arriesgadas y tienen más probabilidades de encontrarse con el peligro.
Antes me preguntaban por qué creía que “los fantasmas siempre son mujeres” en las películas de terror. Creo que la respuesta es una combinación entre la percepción de las mujeres como amenazas incontrolables para el orden social, la vida cotidiana o la pureza —razón por la que hay que mantenerlas bajo control— y lo que todos sabemos sobre la prevalencia de la violencia doméstica.
– Vivimos una época en la que el miedo forma parte del discurso político cotidiano. ¿Crees que la literatura de terror puede ayudarnos a identificar esos mecanismos de control o incluso a resistirlos?
Puede ser. Sí creo que reconocer los sistemas de control es hoy una habilidad humana esencial y, desde luego, es algo sobre lo que me gusta escribir. Pero creo que el mayor poder transformador del terror reside probablemente en la compasión: en llegar a sentirla por quienes normalmente no nos la inspirarían.
– En los últimos años estamos asistiendo a una auténtica renovación del terror escrito por mujeres. ¿Crees que esa transformación ha cambiado realmente nuestra manera de leer el género o todavía existen prejuicios y etiquetas que condicionan estas obras?
Sospecho que siempre habrá personas que, por el motivo que sea, no quieran leer terror escrito por mujeres, y no tengo ningún interés en obligarlas. Pero sí veo el efecto que produce en las mujeres que desean leer un terror escrito pensando en ellas, y también veo a más mujeres animándose a escribir porque comprueban que las autoras de terror son capaces de atraer a un público. Y eso es muy importante para mí.
– Si pudieras elegir una única emoción con la que te gustaría que el lector cerrara Problemas con la autoridad, ¿cuál sería? ¿Inquietud, rabia, compasión, duda… o algo completamente distinto?
¡La duda! Me encanta esa idea. Quiero de verdad que la gente cuestione sus presupuestos y reconsidere los relatos más extendidos. La duda o el desasosiego. O ambos.

Cuestionario furioso de Nadia Bulkin
Película favorita: Saint Maud, de Rose Glass.
Serie favorita: The Sinner, de Derek Simonds.
Libro favorito: Hangsaman, de Shirley Jackson.
Cómic favorito: Hellstar Remina, de Junji Ito.
Cantante o grupo de música favorito: Massive Attack.
Artista plástico favorito: Walton Ford.
¿Un miedo tecnológico? La erosión de la singularidad humana, tanto en lo relativo al pensamiento como a su expresión, debido a la omnipresencia de la IA generativa.
