‘Al final siempre ganan los monstruos’: la novela española más excitante en mucho tiempo

¿Qué tendrán los chicos malos que gustan tanto? A nosotros, por ejemplo, nos encanta Juarma, un chico malo de la literatura y el arte (que tiene muchísimo de ambas, aunque le importen tres cojones, como demuestra en Al final siempre ganan los monstruos).

Juan Manuel López nació en Deifontes, Granada, en 1981. Pese a haber estudiado Filología Hispánica, se gana la vida trabajando en la hostelería, la construcción, o en la colecta de la oliva (entre otros oficios). Entre faena y faena, se entrega con el tesón de un adicto a sus dos grandes vocaciones: el dibujo y la escritura.

Fiel al estilo do it yourself, se ha autopublicado multitud de fanzines, labrándose un nombre como artista underground. Del mismo modo, ha colaborado en revistas tales como el TMEO o El Jueves. Sus viñetas no son aptas para melindrosos. Firmadas con su pseudónimo, “Juarma”, resultan contundentes y descarnadas. Además, están provistas de un sentido del humor marca de la casa, negro y patetista.

Juarma
Juarma

Al final siempre ganan los monstruos: De las redes sociales a las estanterías

Todas estas cualidades las traslada a la prosa en Al final siempre ganan los monstruos, que comenzó como una sucesión de historias autoconclusivas publicadas en Facebook para un número limitado de personas, allá por 2017. Entre octubre y diciembre de ese mismo año, dichas historias fueron mezclándose como ácido nítrico y glicerina, hasta explotar poco después en forma de novela.

A finales de abril de 2018 salió una primera tirada de Al final siempre ganan los monstruos. Se lanzó de forma independiente por el escritor granadino Jorge B. y el propio Juarma. El éxito de la obra y la buena prensa en torno a ella empujó a Blackie Books a reeditarla en enero de 2021, otorgándole una difusión acorde a su mérito literario.

Granada Calling

La narración es un caótico mosaico cuyas piezas (no importa cuán dispares) encajan perfectamente. Puede describirse sin miedo como “brutalmente conmovedora”. Feísta, en ocasiones, y sorprendentemente tierna en otras, Al final siempre ganan los monstruos es la honesta representación de un pueblo de clase trabajadora en el extrarradio de una gran ciudad española. Villa de la Fuente (que es como se llama) podría ser un trasunto de Deifontes o de cualquier otra población similar, en la que nada ocurre, pero cuyas gentes se muerden las uñas de rabia.

Al final siempre ganan los monstruos editado por Blackie Books

La acción se centra en un grupo de amigos de la infancia que rebasan ya la treintena y que han corrido suertes dispares. Sus vidas han sido marcadas, de una manera u otra, por el consumo de drogas (esencialmente, la cocaína). Lolo, Dani, Jony, el Liendres, y Juanillo permanecen unidos por su adicción y una extraña camaradería.

Cada capítulo de Al final siempre ganan los monstruos, está contado en primera persona por alguno de estos cinco personajes, así como algunos otros que se ven envueltos en su vorágine autodestructiva. De esta forma, Juarma cambia continuamente de registro, y lo hace con una maestría tal que cuesta creer que se trata de su primera novela.

No es “Trainspotting en un pueblo de Graná”

Esta es un chute directo a las glándulas suprarrenales, un relato cohesivo, de sensibilidad punk, que nunca deja de interesar a lo largo de sus casi doscientas setenta páginas. En la faja que adorna el libro se la define como “Trainspotting en un pueblo de Graná”. Esto, sin embargo, es como equiparar a Paco de Lucía con Jimmy Hendrix por el mero hecho de que ambos exceden tocando la guitarra.

Al final siempre ganan los monstruos trata acerca de cinco amigos (no tan) jóvenes y sus abusos, sí. Pero tiene más en común con Donald Ray Pollock y su tragicómica representación de Knockemstiff que con las heroinómanas travesuras de Irvine Welsh.

En cualquier caso, Juarma ha realizado un excelente trabajo: la novela española más excitante en mucho tiempo, repleta de momentos desgarradores, divertidos e, incluso, de “amor bonito”.