Ane Gabarain se mete en la piel de Millán Astray en ‘Cantando bajo las balas’
Ane Gabarain se transforma en José Millán Astray en Cantando bajo las balas, un monólogo musical escrito por Antonio Álamo y dirigido por Asier Andueza que recupera desde el humor negro, la sátira y la música en directo uno de los episodios más conocidos de la historia española. Tras su paso por País Vasco y Navarra, la obra llega al Teatro Apolo de Barcelona, donde podrá verse durante seis únicas funciones, del 29 de septiembre al 4 de octubre. Sobre el escenario, Gabarain estará acompañada por Marc Servera, responsable de la música y el espacio sonoro en directo.
La elección de Gabarain no es precisamente menor. La actriz, ganadora del Goya y del Premio Feroz a mejor actriz de reparto por 20.000 especies de abejas y nominada al Emmy Internacional por Patria, se enfrenta aquí a un personaje masculino construido históricamente alrededor de una idea extrema de la virilidad, la disciplina, la guerra y la muerte.
Cantando bajo las balas no busca realizar una imitación realista de Millán Astray. La obra se aleja deliberadamente de la reconstrucción histórica convencional para adentrarse en terrenos mucho más incómodos y probablemente más fértiles teatralmente: la caricatura, el cabaré, la música y el humor negro. Gabarain convierte al militar en una criatura escénica excesiva mientras Marc Servera construye en directo la música y el espacio sonoro del espectáculo. El resultado se mueve entre el monólogo, la sátira política y el espectáculo musical.

Cantando bajo las balas: un fantasma en el Paraninfo
El punto de partida nos lleva hasta el 12 de octubre de 1936, apenas tres meses después del golpe militar que había desencadenado la Guerra Civil. En el Paraninfo de la Universidad de Salamanca se celebraba entonces un acto con motivo de la denominada Fiesta de la Raza. Entre los presentes se encontraban Miguel de Unamuno, rector de la Universidad, y José Millán Astray, fundador de la Legión.
Lo sucedido allí terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más reproducidos y también discutidos de los primeros meses de la guerra. La memoria popular ha conservado especialmente el supuesto grito de “¡Muera la inteligencia!” y la respuesta atribuida a Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”.
La investigación histórica posterior ha cuestionado que el intercambio se produjera exactamente en esos términos. Como sucede tantas veces con los grandes episodios históricos, realidad, testimonios posteriores, reconstrucción y mito han terminado mezclándose. Pero precisamente esa incertidumbre dice mucho sobre la potencia simbólica que adquirió el enfrentamiento. Más allá de cuáles fueran las palabras literales, quedaron frente a frente dos formas antagónicas de entender España en uno de los momentos más violentos de su historia. Ese territorio entre historia y representación constituye el punto de partida de Cantando bajo las balas.

Cantando bajo las balas: reírse del poder
El humor puede resultar una herramienta especialmente incómoda cuando se acerca al fascismo. Existe siempre el riesgo de convertir al monstruo en un personaje fascinante, de transformar la violencia política en espectáculo o de hacer demasiado simpático aquello que se pretende cuestionar. Pero existe también la posibilidad contraria: utilizar la risa para desmontar la solemnidad con la que el poder construye su propia imagen.
La propuesta escrita por Antonio Álamo avanza por esta segunda vía. Millán Astray aparece como un personaje atravesado por el exceso, la grandilocuencia y una teatralidad que tampoco resulta completamente ajena al personaje histórico. La retórica militar, el culto a la muerte y la construcción de una determinada masculinidad heroica contienen ya una dimensión performativa que el escenario puede llevar hasta el límite.
La risa deja así de funcionar únicamente como entretenimiento y puede convertirse en una forma de tomar distancia. El montaje utiliza la comedia negra como puerta de entrada a una historia que continúa formando parte de la memoria cultural española. La producción recupera el texto de Antonio Álamo desde una propuesta marcada por la interpretación de Gabarain, la dirección de Asier Andueza y la presencia musical de Marc Servera.

Ane Gabarain: Una mujer interpretando a Millán Astray
Hay además una decisión especialmente interesante en el centro del montaje: que sea Ane Gabarain quien interprete al militar. No parece necesario esconder el artificio, sino todo lo contrario. Una mujer interpretando a uno de los grandes símbolos históricos de la masculinidad militar española introduce inevitablemente otra capa de lectura.
El cuerpo de Gabarain no desaparece detrás del personaje, sino que permite exponerlo como representación. Millán Astray puede contemplarse así no solo como individuo histórico, sino también como la construcción de una determinada manera de representar el poder, la autoridad, la patria y la masculinidad. Cuando esa representación pasa por otro cuerpo, sus mecanismos pueden hacerse todavía más visibles.
Para Gabarain supone además un desafío interpretativo singular dentro de una trayectoria que ha transitado con enorme facilidad entre la comedia y el drama. El público televisivo la conoce por títulos como Allí abajo o Patria, mientras que en cine su interpretación en 20.000 especies de abejas le proporcionó el Goya a mejor actriz de reparto. Sobre los escenarios ha participado recientemente en La casa de Bernarda Alba, dirigida por Alfredo Sanzol en el Centro Dramático Nacional. En Cantando bajo las balas, buena parte de la propuesta descansa precisamente sobre su capacidad para transformar cuerpo y voz.

Noventa años después
Que la obra llegue a los escenarios en 2026 tampoco es un dato irrelevante. Este año se cumplen noventa años del comienzo de la Guerra Civil y del episodio del Paraninfo de Salamanca que sirve como punto de partida de la pieza. La distancia temporal no ha convertido necesariamente aquel pasado en algo inocuo.
La Guerra Civil, la dictadura y la forma en la que una sociedad recuerda u olvida su pasado continúan atravesando el debate público español. Frente a la tentación de convertir la memoria en una sucesión de fechas, nombres y monumentos, el teatro posee una capacidad distinta: devolver cuerpos y voces a aquello que parecía confinado a los libros de historia.
Cantando bajo las balas, sin embargo, no pretende ofrecer una lección académica. Antonio Álamo construye el texto desde el escenario y Asier Andueza dirige una producción que apuesta por el ritmo, la música y la transformación interpretativa. Marc Servera acompaña a Gabarain como DJ y responsable de la música y el espacio sonoro en directo, mientras la escenografía corre a cargo de José Luis Raymond, la iluminación de David Bernués, el vestuario de Edurne Ibáñez y la dirección de movimiento de Arturo Vargas. La producción pertenece a Luna Hiena Interacciones Culturales.
Durante seis únicas funciones, del 29 de septiembre al 4 de octubre, el Teatro Apolo de Barcelona recuperará aquel fantasma de 1936, pero esta vez Millán Astray tendrá el cuerpo de Ane Gabarain. Quizá ahí resida una de las ideas más sugerentes de la propuesta: regresar noventa años después a uno de los episodios más mitificados de nuestra historia no para reproducirlo solemnemente, sino para deformarlo, cantarlo y, sobre todo, atreverse a reírse de él.
