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‘Antes del anochecer’: Richard Linklater cree que todos los finales no pueden ser felices

La segunda parte de la trilogía Before, de la que venimos ya hablando un tiempo, se estrenó en 2004. Otros nueve años pasarían hasta ver la tercera y última entrega (al menos por el momento). Antes del anochecer ocupaba las salas de cine en 2013, casi 20 años después de que se iniciara esta historia que, recordemos, en un principio no tenía pretensiones de convertirse en una parte de un todo.

Es de las tres, muy probablemente, la más certera, la menos romántica y, al tiempo, la más enternecedora. Su naturalidad, su no rendirse a la historia perfecta y duradera de amor la convierten en la más realista y la más aclamada de las tres. Es cierto que, para esta que os escribe, es el mejor filme de la trilogía, pero no es menos verdad que en gran medida lo es por el contexto que aportan los dos previos.

La continuación natural de la historia

Nos situamos en un verano en el Peloponeso, en Grecia. Jessie acompaña a su hijo de 14 años al aeropuerto. El adolescente vive con su madre en Estados Unidos, pero pasa los veranos con su padre. A Jessie se le pone mal cuerpo cada vez que se despide de él y en cada ocasión le resulta más complicado y doloroso hacerlo.

Al salir, fuera del coche, hablando por teléfono, le espera Céline. Esta no es la única sorpresa que nos tiene preparada Richard, dentro del vehículo dos cabecitas rubias asoman. Son las gemelas que la pareja ha tenido y que no deben superar los siete años de edad.

Céline (Julie Delpy) con sus dos hijas gemelas.

Desde el principio se nos muestra cómo es la relación, ahora más madura, entre Jessie y Céline. En el mismo trayecto en coche de vuelta del aeropuerto vemos cómo hablan del trabajo, de sus hijos, cómo se hacen bromas y hacen de padres.

Están pasando el verano en una villa griega a la que les ha invitado un escritor amigo de Jessie. Vemos allí una representación de todas las edades. Hay otra pareja de mediana edad, una de dos jóvenes que solo llevan un año juntos y dos personas mayores que ya perdieron a sus partenaires.

En una comida, dibujada en una escena de más de quince minutos de duración, desde su posición en el tiempo todos dan su opinión sobre el amor. Sobre el enamoramiento antes y en estos tiempos modernos de pantallas y conexiones. Así sabemos que Jessie y Céline no están casados. Tienen algún reproche atravesado entre ambos. La otra pareja de su edad les ha regalado una noche en un hotel para que desconecten antes de volver a París, que es donde viven.

Antes del anochecer: De cómo un apareja se tira los trastos a la cabeza

Durante el bonito y mediterráneo paseo hasta el hotel van hablando como solían. Como hacía tiempo que no podían. Porque la rutina, como a todos, les devora. El trabajo, las niñas, las responsabilidades matan un poco cada día su vida de pareja.

Jessie y Céline en Antes del Anochecer.
Jessie y Céline en Antes del Anochecer.

Todo parece en perfecta armonía, de hecho, tienen una vida bastante cómoda. Para empezar, viven en París, una de las capitales más elitistas y esnobs del mundo. Jessie es ya un escritor consagrado cuya carrera es paralela a la de Linklater, pues sus libros de más éxito están basados en su historia de amor con Céline. Tienen dos hijas preciosas y un tercero que tiene trazas de convertirse en un gran tipo. Céline sigue trabajando en temas de medioambiente, que es su pasión. En definitiva, son afortunados, pero no por ello dejan de tener esos problemas del primer mundo que acosan a todo hijo de vecino de esta Europa occidental.

El objetivo de Linklater es mostrar cómo es una relación de pareja a largo plazo. La película se propone (con éxito, si se me permite opinar) responder a esta pregunta. En lugar de, como tantas y tantas otras, quedarse en el momento álgido del enamoramiento, el largometraje indaga más allá con asombrosa naturalidad y frescura.

Nada más llegar a ese hotel, Céline y Jessie quieren aprovechar para hacer algo que no hacen muy a menudo con la calma y mimo que ello requiere: follar. Una llamada les interrumpe y ahí explota todo. Es el hijo de Jessie. Este le ha insinuado a la francesa que estaría bien vivir en Estados Unidos para no perderse los últimos años del niño antes de la vida adulta. Céline se niega y empiezan de este modo a tirarse los trastos a la cabeza.

Antes del Anochecer.
Antes del Anochecer.

El texto disecciona a la perfección ese instante en el que todo se jode cuando menos debería. Esa rabia que da que en un momento que tendría ser de intimidad y cariño, de reconexión con el otro y uno mismo al tiempo, se toma el camino de la pelea.

Ambos se mueven por la habitación como en una coreografía maravillosamente estudiada. Medio desnudos, acaban por vestirse, se sirven vino mientas discuten, pero no prueban ni una gota. Se hacen reproches y Céline abandona un par de veces la habitación para regresar a los segundos. Hasta que en una ocasión, con las bragas que se había quitado antes de iniciar el combate en la mano, termina por irse de la estancia definitivamente diciéndole a Jessie que cree que ya no le quiere.

Lo que ocurre cuando anochece

Hasta ahora, en sus dos primeras películas con estos protagonistas, Linklater nos ha hablado de lo que pasa antes, antes del anochecer. Antes de que el astro rey se esconda. Cuando en las etapas iniciales de una relación todo es nuevo, todo es clamor, pasión, amor tal y como se entiende en el cine clásico o en la industria Disney.

Pero qué pasa cuando se pone el sol, cuando se apaga. Hay personas que viven enganchadas a la adrenalina de esa primera reacción química que produce el enamoramiento en el cuerpo. Por eso muchos no pueden dejar de tener parejas, de cambiar de acompañante cada poco tiempo. Otros, no obstante, prefieren la calma, conocerse de verdad, con lo bueno y lo malo. Explorar qué hay detrás de la pasión, forjar una de las amistades más íntimas que puedan forjarse y caminar ya juntos como familia.

Ethan Hawke y Julie Delpy.
Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del Anochecer.

¿Son Céline y Jessie del primer grupo o del segundo? Lo cierto es que no está claro. A bote pronto podríamos decir que claramente del segundo, pero los de esta categoría también se rinden y, en ocasiones, es lo más sano. Es complicado saber cuándo una relación ha muerto realmente, pero el hecho es que la mayoría mueren y prolongarlas artificialmente solo suele acarrear más dolor.

Podríamos despejar esta incógnita si se hiciera una cuarta parte de esta, de momento, trilogía. Pero parece ser que eso no va a pasar nunca. July Delpy dijo en una entrevista hace poco que rechazó participar en un nuevo largometraje por los problemas que está teniendo para lidiar ella con la industria en cuanto a su faceta como directora y guionista.

De ver la luz una cuarta entrega, algo que yo no quiero descartar del todo y que ojalá sea cierto, debería estrenarse en los próximos dos años, para seguir con ese ritmo de una película cada nueve o diez años.

No obstante, no es menos verdad que en algún momento habría esto de acabar y que, desde luego, el final de Antes del anochecer es muy digno, muy real, muy romántico y poético. Imposible no sentirse identificado si se está o se ha estado enamorado alguna vez.

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