‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’: Desde París a las Hurdes

Buñuel en el laberinto de las tortugas se centra en un punto de inflexión de la carrera de uno de los principales exponentes de la Historia del cine.

Fermín Solís se sirve del cómic para contar la historia de un hombre y su fijación: la de retratar a una región que representaba la realidad de la España de principios y mediados del siglo XX con la misma fuerza simbólica que el Guernica de Picasso o el Romancero Gitano de Lorca.

Nos desplazamos hasta la comarca extremeña de Las Hurdes, en el año 1933.

Acompañadnos.

A diez horas de París

El cómic empieza mostrándonos un fragmento de la excitada imaginación de Luis Buñuel, uno de los miembros destacados de la llamada Generación del 27. En sueños, se le aparecen varios elementos característicos de su imaginario visual: su propia infancia, iconografía religiosa, pedazos de maniquíes, animales exóticos y ojos que flotan en el espacio como cuerpos astrales.

Buñuel se despierta sobresaltado en su cama del Hotel Ronceray, en París, a causa de una llamada de su amigo Ramón Acín. Del otro lado del aparato le llegan buenas noticias: Acín ha sido el ganador del Premio Gordo de la lotería española, lo cual le permite financiar la última obsesión del director aragonés.

Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís.
Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís.

París era una fiesta a la que Buñuel ya no se sentía invitado. Por esta época, se había producido un cisma en el colectivo surrealista liderado por André Bretón. Algunos de sus miembros opinaban que el surrealismo debía quedarse en un medio de expresión artística, y otros que era su deber posicionarse en el alborotado panorama político que precedió al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Buñuel formaba parte de los segundos, motivo por el que se alistó en el Partido Comunista. También por el que puso su ojo cinematográfico en Las Hurdes, una de las regiones más miserables de España y de Occidente. Estaba decidido a retratar la condición de los habitantes de dicho lugar y mostrársela al mundo como crítica feroz al sistema económico capitalista. ¿Cómo? A través de un documental. Y gracias a Ramón Acín ya tenía los medios para ello…

Buñuel en el laberinto de las tortugas: Presas del bocio

Las Hurdes se encuentra en el norte de la provincia de Cáceres, colindando con Castilla y León. Buñuel tomó conocimiento de esta región tras leer un ensayo de Maurice Legendre, un famoso hispanista francés. En aquella época, Las Hurdes era un medio hostil en el que el ser humano luchaba por sobrevivir en condiciones de pobreza extrema, desnutrición, y enfermedad.

Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís.
Las gentes de las Hurdes.

Acompañado por Eli Lotar, Pierre Unik, y el propio Acín, pasó un mes rodando Las Hurdes, tierra sin pan. Durante este periodo, los cuatro pernoctan en un convento de la Alberca, habitado tan solo por el hermano Joaquín. Ateo y anticlerical, Buñuel se admira por el amor de este monje por aquel paraje, en las que imperaba un silencio tal “que casi se sentía la Tierra moverse”.

En su tercer capítulo, el cómic muestra a Buñuel y sus acompañantes montando su equipo de rodaje frente a Martilandrán, un pequeño poblado incrustado en la ladera de una montaña, por el que transcurre un delgado riachuelo insalubre. El conjunto de sus tejados ennegrecidos le parece a Buñuel un laberinto formado por caparazones de tortugas gigantes, de ahí el nombre del cómic.

En Buñuel en el laberinto de las tortugas, su protagonista se encuentra con la Muerte, literal y figurativamente. La miseria imperante enseña a este artista de vanguardia que en la realidad pueden encontrarse las cosas más surrealistas. Este descubrimiento le mueve a mostrar dicha realidad con un empeño febril, casi fanático, aunque para ello tuviese que forzarla en más de una ocasión.

Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís.
Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís.

Además de grabar el evidente deterioro de los habitantes de las Hurdes, Buñuel dispara a una cabra y despeñe a otra para reflejar la violencia y precariedad de aquella tierra sin pan. También cubre de miel a un burro para mostrar cómo lo devoran vivo un enjambre de abejas. Acín y los demás temen que el director esté yendo demasiado lejos. Pero nada puede detenerlo en su autoimpuesta misión.

Fermín Solis: No molesten, artista soñando

Fermín Solís nació en Madroñera, Cáceres, en 1972. Sus primeras colaboraciones se publicaron en los años 90 en fanzines tales como Comictiva, Monográfico o L.S.D.

Dando tumbos, su primer trabajo en solitario, fue lanzado en el 2000 por Subterfuge Cómics. Desde entonces ha dejado su sello en revistas entre las que se encuentran TOS, Dos Veces Breve, o Buen Provecho, además de en diversas recopilaciones como Tapa Roja, Artículo 20 y Project Superior.

Buñuel en el laberinto de las tortugas.

En 2004 se llevó el premio al autor revelación del Salón del Cómic de Barcelona por su obra Los días más largos. Otros de sus títulos más celebrados son El año que vimos nevar (2006) y Mi organismo en obras (2011). Estas se han traducido en Estados Unidos, Canadá, Alemania y Francia por algunas de sus editoriales independientes más importantes.

Una primera versión de Buñuel en el laberinto de las tortugas salió en 2008 y llegó a ser finalista del Premio Nacional de Cómic. En la edición actual pueden encontrarse algunas páginas de su precursora, en blanco y negro.

Las páginas de este cómic cuentan una historia fascinante y desgarradora. Las figuras y el trazo de Solís transmiten lo grotesco de las diversas situaciones en las que se vio envuelto Buñuel desde París a las Hurdes, reflejando también su surreal punto de vista, tan presente, sobre todo, en el comienzo de su filmografía.

El laberinto de celuloide

La versión definitiva de Buñuel en el laberinto de las tortugas fue publicada por Reservoir Books, y todavía puede conseguirse fácilmente en librerías y tiendas especializadas.

En 2018 se estrenó una adaptación cinematográfica dirigida por Salvador Simó Busom. Esta fue nombrada mejor film de animación en los Premios del Cine Europeo y en los Goya de 2019. También fue elogiada por su banda sonora, compuesta por Arturo Cardelús, en el Festival de Cine de Málaga del mismo año, así como en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.