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‘Ceniza en la boca’: Brenda Navarro y el grito que Europa no escucha

Brenda Navarro escribe desde la herida. Desde el cuerpo que migra, desde la lengua que se parte, desde la mujer que cría, trabaja, desea y sobrevive en un continente que la tolera, pero no la mira. En Ceniza en la boca, la autora mexicana da un paso más allá de Casas vacías y pone nombre a la desolación contemporánea: la de quienes cruzan fronteras buscando una vida mejor y descubren que la violencia también habla con acento europeo.

La novela arranca con un salto mortal. Diego, un adolescente mexicano criado en España, se lanza por la ventana de su edificio. A partir de ese instante, su hermana —la narradora— intenta entender qué lo empujó, pero también quién es ella en ese país que nunca la ha aceptado del todo. No hay épica migrante ni moraleja de esfuerzo: hay cansancio, pérdida y la lucidez amarga de quien sabe que la adaptación también puede ser una forma de desaparición.

Portada de Ceniza en la boca.
Portada de Ceniza en la boca.

Ceniza en la boca: ser extranjera no termina nunca

Navarro escribe sin concesiones. Su narradora no se victimiza, pero tampoco perdona. Relata su vida como una sucesión de empleos precarios, mudanzas y desarraigos. Cuida niños, limpia casas, traduce, sobrevive. Y al mismo tiempo observa cómo Europa la convierte en espectadora de su propio duelo. Ser extranjera no es un estado transitorio: es una identidad impuesta.

En ese sentido, Ceniza en la boca desmonta el mito de la integración. No hay abrazo multicultural ni aprendizaje moral. Hay racismo cotidiano, explotación laboral y la sensación constante de no pertenecer. Navarro lo cuenta con una prosa directa, melancólica y feroz, capaz de pasar del lirismo a la ira en una sola línea. Lo que deja al descubierto es el rostro invisible de la globalización: el de las mujeres migrantes que sostienen la economía europea mientras Europa las borra de su relato.

Violencia sin espectáculo

La violencia en la novela no necesita sangre para doler. Está en la burocracia, en la indiferencia, en cómo los cuerpos racializados cargan con una sospecha permanente. Está en los hombres —locales o extranjeros— que se mueven por el mundo con una libertad que las mujeres no tienen ni siquiera cuando emigran juntas.

Navarro no escribe desde la tragedia sino desde la resistencia. Hay dolor, pero también dignidad. Hay rabia, pero no resentimiento. En sus páginas resuena algo que pocas veces se nombra: la fatiga moral de quienes siempre tienen que explicar su origen. La autora entiende que el duelo y la migración son dos formas del mismo desplazamiento: una arranca de la tierra, la otra del cuerpo.

Ceniza en la boca: La maternidad como frontera

En medio del exilio y la pobreza, la narradora reflexiona sobre el deseo de ser madre. No desde el instinto ni la culpa, sino desde la pregunta política: cómo criar en un mundo que no te deja pertenecer. Navarro convierte la maternidad en una línea de fuego, un espacio de resistencia y de ternura. Lo íntimo se vuelve político porque cada gesto cotidiano —dar de comer, acompañar, sostener— se realiza contra un sistema que precariza y deshumaniza.

En ese terreno, Ceniza en la boca dialoga con autoras como Fernanda Melchor o Lina Meruane: voces que desmontan la idea de mujer fuerte para mostrar a la mujer real, la que aguanta, duda y se cansa. La literatura de Navarro no empodera: visibiliza. Y esa diferencia la hace peligrosa.

Un espejo de la Europa que se cree justa

Pocas novelas muestran con tanta claridad el contraste entre la Europa solidaria que se promociona y la que expulsa en silencio. Ceniza en la boca no moraliza; observa con una claridad insoportable. Nos obliga a mirar la violencia que sostenemos cada día: la de los trabajos invisibles, los alquileres imposibles, la soledad estructural.

Brenda Navarro escribe con una voz que no busca redención ni perdón. Su literatura es una denuncia y una elegía a la vez. Al cerrar el libro, uno entiende que el suicidio de Diego no es solo una tragedia personal: es la metáfora del fracaso colectivo de una sociedad que no quiere ver lo que ocurre a su lado.

Leer Ceniza en la boca es mirar la frontera que llevamos dentro. Y aceptar que el exilio no siempre empieza al irse: a veces empieza al quedarse.

Brenda Navarro, autora de Ceniza en la boca.
Brenda Navarro, autora de Ceniza en la boca.

Sobre Brenda Navarro

Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) es escritora, socióloga y economista. Vive en España desde hace más de una década y es una de las voces más contundentes de la literatura latinoamericana actual. Su primera novela, Casas vacías (2019), fue traducida a varios idiomas y la consolidó como una autora de mirada feminista y crítica. Con Ceniza en la boca (Sexto Piso, 2022), Navarro amplía su universo narrativo hacia la migración, la identidad y el duelo en la Europa contemporánea. Su escritura, directa y empática, la sitúa entre las autoras que mejor han narrado la experiencia de vivir en un cuerpo y una lengua desplazadas.

Foto de portada de Fredrik Sandberg/TT