·

‘Cerrar los ojos’, el celuloide como memoria imborrable del paso del tiempo

El Festival de Cine Europeo de Sevilla crea entre sus secciones una especial para homenajear al cineasta español en Retrospectiva Víctor Erice. Entre las películas que vuelven a proyectar en sala se encuentran El Sur (1983) y su más conocida y brillante El espíritu de la colmena (1973). Junto a ellas se encuentra su última cinta, de calidad incuestionable, Cerrar los ojos (2023), nominada a mejor película en los Forqué y con 9 candidaturas en los Premios Feroz incluyendo mejor guion y dirección.

Cartel de Cerrar los ojos.
Cartel de Cerrar los ojos.

En esta última película de Erice, el argumento gira en torno a Julio Arenas, un reconocido actor español. Un actor que durante el rodaje de la película La mirada del adiós desaparece. 20 años después, el director de esta, Miguel Garay, se convierte en el protagonista de una historia repleta de recuerdos e imágenes grabadas, donde su querido amigo Julio Arenas vuelve a ser evocado en la actualidad por un programa de TV sobre casos no resueltos.

Sin embargo, Cerrar los ojos no es una historia atómica independiente dentro de la filmografía del cineasta español.

Años antes de la mítica y exquisita Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), Víctor Erice ya sentó a niños y niñas, así como personas adultas del pueblo a ver un clásico del cine de culto: El doctor Frankenstein (James Whale, 1931). Tal y como ya hacían los cineastas de la Nouvelle Vague en Francia que solían incluir la pasión por el séptimo arte en su propio cine, Víctor Erice lo hizo en el cine español.

Con su último estreno Cerrar los ojos Víctor Erice, junto al guionista Michel Gaztambide, construye una filmografía en in medias res y hace un homenaje exquisito al cine analógico. Una reflexión hermosa sobre el envejecimiento tanto del ser humano como del propio cine. Para ello, además, recurre a lo que ya José Luis Cuerda hizo con su último regalo Tiempo Después (2018) y recupera aspectos de su joya El espíritu de la colmena (1973). Detalles algunos casi imperceptibles pero que quien haya disfrutado de su película, sabe reconocer a la perfección.

Víctor Erice y Ana Torrent en Cerrar los ojos.
Víctor Erice y Ana Torrent en Cerrar los ojos. Foto de Manolo Pavón.

Cerrar los ojos: un reparto estelar con el destacado trabajo de Manolo Solo

Miguel Garay, cineasta y escritor que protagoniza la película, está encarnado a la perfección por Manolo Solo. Este ha sido nominado a Mejor Actor tanto en los Premios Forqué como los Premios Feroz, vaticinando también otra nominación en los Premios Goya – e incluso puede que obteniendo dicho galardón -. El actor Manolo Solo ya había sido reconocido por su exquisita forma de interpretar con sus nominaciones por B, la película (2015) o El buen patrón (2021). Obteniendo finalmente el Goya a actor de reparto por Tarde para la ira (2016).

Sin embargo, en Cerrar los ojos se convierte en protagonista indiscutible y le da forma a un personaje muy complejo con un trabajo impecable. Los minutos que Víctor Erice dedica a situar a los personajes en pantalla a conversar son tan múltiples como imprescindibles. Sin necesidad de ostentación alguno o montaje ampuloso, las casi tres horas de metraje se convierten en un deleite absoluto del séptimo arte.

Junto a él, es reconocible el trabajo de Ana Torrent, la cual recupera de El espíritu de la colmena (1973) como un hermoso homenaje, donde incluso la protagonista también se llama Ana. Esta, protagoniza uno de los momentos más evocadores de la cinta, el cual mira a los ojos a su ópera prima y retrotrae a la audiencia a aquel momento inolvidable donde la pequeña Ana cerraba los ojos para llamar al espíritu diciendo: “Soy Ana, soy Ana”.  

Entre el reparto secundario, es brillante el trabajo de Mario Pardo como Max – también actor en El espíritu de la colmena -, en su papel como montador y mejor amigo del protagonista. Este se convierte en un soplo de aire fresco en la cinta que incluso hace emerger alguna sonrisa entre el público. Una figura imprescindible en su oda al séptimo arte, siendo este el personaje que todavía conserva todos y cada uno de los negativos en celuloide que ya, difícilmente, se podrán volver a proyectar.

Finalmente, aunque sin mencionar demasiado, es imprescindible hablar sobre José Coronado y reconocer que, sin duda, lleva a cabo uno de sus mejores trabajos de interpretación que le saca de su zona de confort con gran acierto.

Manolo Solo en Cerrar los ojos. Foto de Manolo Pavón.
Manolo Solo en Cerrar los ojos. Foto de Manolo Pavón.

La hermosa intertextualidad entre El espíritu de la colmena y Cerrar los ojos

El gato negro que protagonizó una de las secuencias más inquietantes de El espíritu de la colmena parece viajar en el tiempo imperturbable para volver a los brazos de Ana Torrent en Cerrar los ojos. Como esa memoria imborrable que queda perfectamente grabada en el celuloide y a la que siempre se puede volver. El cine siempre ha sido considerado como un repositorio de imágenes imprescindible, como una forma de parar el tiempo.

La llegada del tren de los Hermanos Lumière quedó grabada y se convirtió en una de las piezas imprescindible que cimentaron el cine. Algo que recupera Víctor Erice en un pequeño detalle en las manos del protagonista. Así, Miguel Garay, cineasta que dejó de ejercer y se pasó a la escritura, observa con nostalgia cada imagen grabada en celuloide, cada recuerdo cinematográfico que permanece en la memoria, incluido su íntimo amigo desaparecido durante su último rodaje. Otro de los temas que atraviesa toda su filmografía es el aspecto político. El contexto de posguerra española aparece tanto en su primera película como en El Sur, algo que vuelve a recuperar también de forma sutil en Cerrar los ojos.

No obstante, el aspecto central de esta última película es sin duda el paso del tiempo. Si en su primera cinta la infancia era la protagonista, en este caso lo es la tercera edad. Reflexión etaria que perfectamente traslada al mundo del cine, reflexionando en paralelo sobre el envejecimiento humano y el del séptimo arte. Desde lo analógico a lo digital, con especial hincapié en la nostalgia de las proyecciones en salas, ahora repletas de polvo.

José Coronado en Cerrar los ojos. Foto de Manolo Pavón.
José Coronado en Cerrar los ojos. Foto de Manolo Pavón.

Cerrar los ojos: una oda al cine que reflexiona sobre el envejecimiento de forma sublime

El envejecimiento, el paso del tiempo y los recuerdos, son temas universales que a todas las personas preocupan. Pero, ¿quién sabe cómo hay que envejecer? ¿Cómo han envejecidos las películas? Desde luego las de Víctor Erice pueden ser recordadas con los ojos cerrados. Y ahí reside la importancia de su legado. Como bien menciona Manolo Solo en el filme, un nombre es, simplemente, un nombre. Pero los actos, las películas, los recuerdos siempre quedarán en la memoria.

Se dice que al cerrar los ojos el resto de los sentidos se amplifican: el gusto, el olfato, el oído…pero, ¿y la memoria? ¿Cómo se recupera aquello que no se recuerda?

El paso del tiempo es inexorable, es algo que el ser humano siempre se ha cuestionado y que se le escapa de las manos. Sin embargo, también ha sido capaz de crear ciertas cápsulas del tiempo que capturan ciertos momentos y quedan grabados para siempre. El protagonista de Cinema Paradiso ya se sentó en una butaca de la sala de cine para hacer que la audiencia se estremeciera y rompiera en llanto justo antes de finalizar la película. El cine, no solo tiene la capacidad de capturar las memorias, sino de evocar infinidad de emociones.

El gusto por ir a las salas de cine se está perdiendo ante tanto consumo en plataformas, y eso es una preocupación que subyace cada minuto del largometraje de Erice. Porque el envejecimiento es irrefrenable, pero, ¿será inevitable también el perder las emociones que evocan los recuerdos capturados en celuloide?