Desinformación y Covid-19. Los males de una sociedad sobreinformada

Cristina Sierra

“En la tele están todo el día hablando de lo mismo”; “Estoy saturada de tanto Covid”; “Pero ¿qué han dicho sobre las restricciones en Murcia? Pues mira, chica, ni idea”. Estos comentarios son cada vez más habituales en estos tiempos de pandemia. Desinformación y Covid-19. Horas y horas de información sobre el mismo tema que consiguen el efecto contrario: que los ciudadanos estemos más desinformados que nunca. ¿Una estrategia? ¿Una acción premeditada? ¿El miedo vende e interesa a los grandes medios y a los dirigentes? El caos informativo está haciendo estragos en mi mente…

No sabemos cómo será el mundo después del coronavirus o si esta pesadilla convertida en día de la marmota llegará a pasar en algún momento. El caso es que, desde que estalló la pandemia en febrero-marzo de 2020, una idea comenzó a verbalizarse: «No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema». Parece que nos hacía falta ese parón para bajarnos del mundo, como decía la famosa frase de nuestra querida Mafalda de Quino, porque solos, por nosotros mismos, no lo lograríamos. La inercia nos llevaba y no sabíamos como parar. Pero ¿es mejor el escenario actual? No sé que decirte. A mí me da que no.

Y de aquellos polvos, vienen estos lodos. De esa capacidad mermada del ser humano para tomar sus propias decisiones que, en tiempos de confusión como los actuales, encuentra en la sobreinformación y la saturación mediática el caldo de cocción perfecto para crear un caos que no nos permite pensar con claridad. ¿Consigue esta saturación informativa una desinformación casi total? ¿Es esta desinformación en tiempos de Covid-19 un vehículo para dirigir las acciones de los ciudadanos? A fin de cuentas, si nos paramos a pensarlo, son tantos los impactos informativos que recibimos a diario que es complicado discernir si una decisión la hemos tomado de forma completamente libre, o “manejados” sin ser apenas conscientes de ello.

Bulos, noticias prefabricadas y sobreinformación en tiempos de Covid-19

Estamos normalizando los procesos de desinformación. Cada día se fabrican bulos de origen, en la mayoría de los casos, desconocidos, que se cuelan en forma de audios, imágenes o vídeos en la palma de nuestra mano desde las apps de mensajería instantánea, redes sociales e incluso saltan a los medios profesionales: un supuesto médico hablando sobre medicamentos milagrosos; remedios infalibles para combatir el coronavirus o supuestos pacientes que sufren secuelas alarmantes tras la enfermedad han sido el pan nuestro de cada día. Estos bulos se cuelan fácilmente entre la enorme marabunta informativa. Todo ello al servicio del miedo.

Los patrones de desinformación que conocíamos y teníamos identificados también han mutado y se han sofisticado. Es decir, que no toda la culpa la tienen los bulos. La saturación informativa, los recursos cada vez más mermados de los medios de comunicación a la hora de contratar (y pagar como es debido a los periodistas) y el clima de confusión ante un hecho fortuito e inédito como este, son el cóctel perfecto para llegar al punto de desinformación en el que estamos. Centrarse en los hechos, en las certezas, y no tanto en las valoraciones y las opiniones, parece ser el camino a seguir.

Desinformación y Covid-19 ¿Cómo marcarán el futuro?

El pastiche de desinformación al que hemos estado y estamos expuestos influye de forma determinante en las decisiones que tomamos de cara al futuro, a nivel individual, pero también de forma colectiva, como sociedad. Si no recibimos información veraz y contrastada, el futuro aparece desdibujado ante nuestros ojos y resulta complicado tomar el camino adecuado entre la niebla de la desinformación.

La inestabilidad e incertidumbre política y económica; las políticas de austeridad que (todo apunta) se derivarán de la crisis económica; la digitalización con el amplio despliegue de la robótica y la inteligencia artificial; el cambio en las relaciones sociales y la mayor legitimación de las inversiones públicas (en sanidad e infraestructuras, principalmente) son algunas de las señales luminosas que ya estamos empezando a ver y que nos muestran parte del futuro de los próximos meses/años.

El pasado 30 de octubre se publicó una orden ministerial contra la desinformación en el BOE para tratar de poner freno a esta corriente de bulos y fake news. Sin embargo, aunque puede ser un comienzo, resulta chocante que los encargados de frenar esta ola de información falsa sean organismos dependientes del Gobierno, lo que nos hace recelar sobre que pueda ser más una medida de control que, aprovechando la coyuntura, merme las libertades de expresión. Quizá la sobre-información esté siendo más dañina que las propias fake.

La ausencia del dato y el reinado de la opinión

Estamos ante un problema de salud pública y este debería ser el principal foco de información. Sin embargo, cuando tratamos de informarnos, los juicios de valor de expertos y no expertos y la politización de la pandemia lo ocupan casi todo. Después de la primera y la segunda ola, necesitamos datos, información veraz que no hemos recibido aún: ¿de qué forma se ha reforzado la Sanidad? ¿Cuántos rastreadores están trabajando? ¿En qué consiste el procedimiento de rastreo? ¿Cuántas personas se han contratado en el área sanitaria? ¿De cuántos nuevos equipos de protección individual disponen los sanitarios?

Las respuestas a estas preguntas a través de datos verificados se pierden en la nebulosa informativa o, ni siquiera, se dan a conocer a la opinión pública. Necesitamos más datos que nos permitan tomar decisiones certeras y no tantas valoraciones y palabrería vacía para ocupar horas de televisión y vender más campañas publicitarias.

Hace pocos días conocimos la noticia de que la televisión belga va a limitar el tiempo que dedica en sus espacios televisivos a la información y el análisis sobre el Covid-19, ya que expertos en salud mental aseguran que para el ciudadano medio es contraproducente recibir tantas noticias trágicas o preocupantes. A partir de ahora, en la radiotelevisión belga, las noticias sobre el Covid no podrán superar el 50% del tiempo de un informativo. ¿Te parece una medida adecuada? ¿De qué forma crees que se podría combatir la desinformación? Si te apetece, cuéntanos en comentarios. Somos todo oídos.

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