Librería Bertrand. Inspiración de intelectuales y escritores de todo el mundo

Miguel A. Bernao

José Saramago, Premio Nobel de Literatura (1998) y uno de los escritores más importantes que haya dado la literatura portuguesa, definió a Lisboa como «la dama de Portugal, abierta al mar y cuna de marinos…», y es lógico pensar en ello. Como anécdotas curiosas podría contarte muchas cosas, pero ¿sabías que Fernando Ribeiro, uno de los ilustres vocalistas más famosos de Lisboa, forma parte del grupo de Black Metal Moonspell y tiene en su haber cuatro libros, tres de poesía y uno de relatos cortos, además de una introducción a «Los mejores cuentos» de H.P. Lovecraft?

Pues bien, esto no hace más que refrendar y hacernos entender la importancia social y cultural de la literatura en el país vecino. Collage multicolor de vivencias, donde aparte de los grandes, José Rodrigues dos Santos, Miguel Sousa Tavares, José Luís Peixoto y Fernando Pessoa, entre muchos otros, tienen cabida otros muchos escritores que siguen engrandeciendo las letras portuguesas.

Lisboa, la ciudad que ama la cultura

Deambulando por Lisboa, llama poderosamente la atención la presencia de muchísimas librerías de segunda mano, en especial, en los barrios históricos, así como múltiples ferias del libro antiguo al aire libre. El solo hecho de transitar por la Rúa Augusta, indudablemente, la calle más importante del centro de Lisboa, es perderse en la historia de una ciudad cosmopolita. Mar, genialidad y universalidad, cerca de la saudade y la inmortalidad del tiempo que, muchos literatos y visitantes buscan.

La famosa Librería Bertrand fundada en 1732 en Lisboa.

Pues bien, a no más de diez minutos andando, nos encontramos con Bertrand, la librería lisboeta más antigua del mundo. Fundada en 1732, sigue siendo escenario de numerosas tertulias y talleres literarios. Su ubicación anterior fue Rua Direita do Loreto, pero debido al terremoto que sacudió Lisboa en 1755, se trasladó a su sede actual en el número 73 de Rua Garrett. Situada en el barrio de Chiado, háganme caso, piérdanse por sus múltiples salas, llenas de letras y tomen un café bohemio en su cafetería, para dar gusto al paladar y al intelecto.

Si viajas a Lisboa, no dejes de visitarla.

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