‘Lo bueno de verdad’ de andar en los zapatos de Virginie Despentes

Sergio Márquez

No me importaría nada andar una temporada en los zapatos de la autora de Lo bueno de verdad.

Las palabras de Virginie Despentes son cortes de navaja, y sus obras escupitajos en la cara del patrón. La autora de libros tales como Fóllame, Teoría King Kong, o la trilogía de Vernon Subutex tiene la voz ronca de tanto fumar. Una media melena de pelo graso enmarca su cara de gesto ávido y curioso.

Virginie Despentes, autora de Lo bueno de verdad.
Virginie Despentes

Despentes cuenta con, entre otras distinciones, un Premio de Flore y un Renaudot. Además, puede presumir de ser una de las escritoras más cáusticas de los últimos treinta años. Nacida en el seno de una familia de clase trabajadora, vendedora de discos, pornógrafa, y punk de corazón, se prodiga en cuestiones de índole social y de género.

Repulsa sororal

De esto va Lo bueno de verdad. Y también acerca de ponerse en la piel de otra persona, en este caso, una a la que detestas con un odio primordial.

Claudine es una chica de pueblo acostumbrada a ganarse la atención de los demás gracias a su aspecto. Rubia, tetuda, y con unas piernas despampanantes, termina en un piso del bullicioso distrito XVIII de París. Ahí es donde traza un plan para alcanzar su tan ansiada prosperidad material: tirará de palmito para hacerse un hueco en la industria discográfica, no importa cuántos ansiolíticos tenga que echarse al coleto o a cuántos viejos ricachos se haya de tirar. Claudine sabe lucirse como la que más, dorarle la píldora a quien importa, y parecer simpática cuando no le apetece. Lo único que no sabe es cantar.

Aquí es donde entra Pauline, su hermana gemela. Ella es, sin duda, la inteligente y talentosa de las dos. También la que oculta su cuerpo de supermodelo bajo una indumentaria grunge, y su cara angelical tras un mohín que dice «aparta de mi vista». En realidad, no pueden ser más distintas. Lo único que las une es el físico y un desprecio mutuo que no conoce fin.

Sin embargo, el plan de Claudine puede venirles bien a ambas. Ella necesita alguien que la suplante en las grabaciones y actuaciones musicales. Pauline, por su parte, quiere dinero fácil para escaparse con Sébastien, su novio, en cuanto este salga de la cárcel.

El trato se realiza, entonces, y todo va sobre ruedas hasta que Claudine decide arrojarse por la ventana de su piso, y aparece muerta sobre la calle Poulet.

Lo bueno de verdad: Poniéndose en su lugar

Desde este momento en adelante, Pauline suplanta a su hermana a perpetuidad. Maldiciéndola, aun muerta, no le queda otra más que vestirse, asearse y comportarse como ella. También deberá tratar con su mejor amigo y compositor, Nicolas, al que no soporta, así como una larga lista de babosos que no buscan más que metérsela.

De esta forma, Pauline se ve envuelta en una desasosegante red de mentiras. A través de ella, se interna en el sórdido mundo que habitaba Claudine, donde nadie es honesto, nadie de fiar, los hombres miran únicamente por sus genitales, las mujeres son sumisas, y lo único que los une es un interés inocuo y superficial.

Mientras lee, el/la lector/a va descubriendo el truculento pasado de las dos hermanas, así como los motivos que llevaron a una al suicidio. El descenso de Pauline a través de un pozo moral engancha, así como la pregunta de si conseguirá en algún momento reconciliarse con la memoria de Claudine.

Lo bueno de verdad es un púgil sudoroso que no deja de golpear. Y es en este continuo percutir donde reside su virtud y su defecto, en mi opinión. La novela se desenvuelve en un entorno de seres humanos abyectos, divididos en dos grupos: los carentes de toda bondad y los de dignidad. Esto puede considerarse como un ejercicio de sinceridad demoledora, o un enfado tan inconcreto que resulta, en ocasiones, algo artificial.

Aun así, se disfruta como un acto de vandalismo literario que, además, funciona perfectamente a nivel narrativo.

En 2001 se estrenó ‘Les jolies choses’ la adaptación a cine de la novela. La protagonizó Marion Cotillard. Una vez leído el libro, ver la película puede ser una experiencia interesante.
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