‘Rompepistas’: la balada de un chico con botas (que bien podrías ser tú)

Sergio Márquez

Apenas dos años después de haber publicado Cosas que hacen BUM, Kiko Amat lanzó otro escupitajo: Rompepistas.

Describiendo una parábola perfecta, esta mezcla de saliva y moco compuesto de letras aterrizó en mitad del ojo literario español… que todavía no ha acertado a limpiarse.

Echadle la culpa al boogie…

Creciendo en subcultura

Siempre me ha interesado

esa jerga que emplean los rastas,

hablan de batallas

que no puedes encontrar en los mapas.

Kortatu

Ambrose Bierce afirmó que la adolescencia es esa etapa entre la infancia y el adulterio. En literatura, nos atrevemos a decir que no hay periodo de la vida más interesante.

Una persona de diecisiete años vive en su propio planeta, y eso es precisamente lo que le ocurre al Rompepistas. Por la mañana se ha desayunado un Cola Cao y por la tarde, si se tercia, se meterá de anfetaminas.

En el momento de empezar la novela, sin embargo, sorbe un Burmar Flax con Carnaval en unas escaleras de falso granito. Su pueblo es como otro cualquiera, como el tuyo, seguramente, con su iglesia al final de una cuesta, como un recortable infantil, “y las golondrinas trazando lazos de Escher por entre los árboles”.

Rompepistas de Kiko Amat.
Litograía de la obra Lazos y unión de Maurits Cornelis Escher.

Rompepistas y Carnaval son punks. Porque, ¿qué otra cosa podrían ser? Cuando la cultura imperante (que tanto se han esforzado por meterte con cucharilla a lo largo y ancho de tu corta vida) se te atraganta, tendrás que buscar referentes en otra parte: en los cómics, por ejemplo, o en las películas, o en la música pop. Estos hablan tu lenguaje, mientras que el libro de texto vomita retahílas impostadas que, sencillamente, no van contigo.

En estas que aparece Clareana, y le espeta a Rompepistas que no es más que un paYaso. Así, resaltando la i griega con todo el desprecio que logra reunir (que es mucho). En su día fueron Los Novios, la parejita oficial de su grupo de amigos, y juraron pasar de la mano por el engorroso camino de esto que llaman vivir, haciendo el mayor ruido posible.

Pero él la cagó. Y ahora toca apechugar.

Miradas de serrucho

A hundred punks run the loaded gun

They look so sharp they look like one

If you ain’t got the look you’ll never be one.

Generation X

De esto va un poco Rompepistas, de las pequeñas grandes tribulaciones de un grupo de adolescentes en la comarca del Baix Llobregat, y de una forma de ver la vida que se labra por oposición. Oposición a unos adultos que te observan con “ojos brillantes y baratos y falsos como fragmentos de pirita, e igual de muertos”. Oposición a aquellos que no buscan sino causarte gran dolor. Y oposición a todo lo mayoritario, en general.

Rompepistas baila el pogo para paliar el sufrimiento de la única forma que sabe: a hostia limpia. También tocando en su grupo, Las Duelistas, versiones de Generation X y Sham 69, entre otros, preparándose para el concierto de su vida y el momento en que pueda romper a llorar de una puta vez, pero de contento, para variar.

La banda, Generación X. Rompepistas de Kiko Amat.
La banda, Generación X.

Además de los ya mencionados, en la novela aparecen otros personajes tales como el Chopped, Ultramort, los Cuellos, o los Skinheads por la Paz. Algunos caen bien porque seguramente los conocieras, hace años (o, si no a ellos, a otros del mismo perfil), y te fuiste a bailotear con ellos, o a compartir alguna que otra litrona. Otros te partirían la cara sin dudar ni un segundo. Así, por las buenas.

La novela da donde más duele, y el sonido de los golpes no es precisamente bonito. Pero también conmueve, y se ríe contigo.

Rompepistas es un grito sin gritar, un poema espídico escrito en la puerta del retrete de un bar donde ponen todos tus temas favoritos. Igualmente, es la historia de un montón de acabaos que se necesitan. Y, por encima de todo, Rompepistas es un billete de vuelta hacia aquellos “años que dejamos pudrir, que se nos murieron en las manos, sin querer”.

Complete control

Esta novela fue publicada originalmente en diciembre de 2008 por Anagrama, bajo el sello editorial Compactos. En enero de 2021 se reeditó en Contraseñas, con un prefacio y un epílogo nuevos a cargo del propio autor.

Os dejamos con una ingeniosa video-ilustración, realizada por Sergio Duce en 2013 y basada en Rompepistas.

Abrazos furiosos.

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