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‘Se tiene que morir mucha gente’: ¿y si sonríes para que no se note que estás muerta por dentro? 

La cómica y guionista Victoria Martín adapta su primera novela a una magnífica serie de televisión. Se tiene que morir mucha gente es una serie que te hace reír al mismo tiempo que te hace sentir incómoda. El humor mordaz de la escritora se traslada a la pantalla en Movistar+ en seis episodios que se consumen en tan solo tres horas. Una creación feminista, políticamente incorrecta, y divertida, extremadamente divertida, que se ha presentado en el Festival de Cannes.  

Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr son tres grandes actrices que encarnan el papel de las protagonistas de esta increíble serie. No obstante, estos tres personajes no serían lo mismo sin la participación imprescindible de Sofía Otero. La joven actriz que llegó pisando fuerte en 20.000 especies de abejas (Estíbaliz Urresola, 2023) cambia totalmente de papel y se convierte en una de las piezas esenciales de esta historia.

La protagonista es Bárbara (Anna Castillo), la cual tiene depresión y comparte piso con Maca (Laura Weissmahr). Bárbara tiene una vida anodina protagonizada por su depresión, la cual es el centro de todas sus conversaciones. Cuando ella pensaba que su vida no podía empeorar, su amiga de la infancia Elena (Macarena García), ahora embarazada de nueve meses, también se muda a vivir a su piso para compartir, no solo bañera, sino también dramas, muchos dramas.

Póster de Se tiene que morir mucha gente.
Póster de Se tiene que morir mucha gente.

Se tiene que morir mucha gente: la comedia es cosa de mujeres y Victoria Martín lo demuestra  

Durante muchos años la comedia ha sido un género asignado a los hombres. Ellos eran los reyes de la comedia, los que podían hacer monólogos sin miedo a articular bromas políticamente incorrectas (o más bien, racistas, machistas…). Ellas, sin embargo, estaban relegadas a papeles más ocultos, al detrás de las cámaras e, incluso, relegadas al drama porque la comedia no era para ellas.

No obstante, aunque en España ha habido cómicas muy reconocidas como Mary SantPere, Rosa María Sardà, Lina Morgan, Lloll Bertrán o Gracita Morales, en los últimos años mujeres como Eva Hache fueron abriendo camino para que más cómicas fueran encontrando su hueco. Actualmente, nombres como Henar Álvarez, Carolina Iglesias, Lala Chus, Martita de Graná o Victoria Martín, entre muchas otras, son grandes figuras de la comedia española.

Victoria Martín ha destacado siempre por su peculiar personalidad y humor gourmet. Gourmet porque no todo el mundo tiene paladar para poder saborearlo, entenderlo y reírse con él. Sin embargo, este humor mordaz y ácido se convierte en el ingrediente más necesario para hacer frente al ritmo vital contemporáneo y todo lo que acontece. En el ritmo frenético de la sociedad actual la protagonista del libro, y ahora de la serie, Bárbara, debe afrontar su vida con un hándicap: la depresión y el consumo de antidepresivos, muchos antidepresivos.

¿Es posible hacer comedia con la depresión? Victoria Martín demuestra que se puede y, además, lo hace genial. La salud mental se ha convertido en una temática candente en la actualidad. Algo de lo que antes no se hablaba pero que ahora todo el mundo, o la mayoría al menos, tiene muy presente. Y en la nueva serie de Movistar+ el público puede entender en qué consiste sin parar de reír al mismo tiempo.

Se tiene que morir mucha gente.
Se tiene que morir mucha gente.

Se tiene que morir mucha gente: un elenco de actrices brillante con una Sofía Otero imprescindible

Anna Castillo interpreta, como siempre de forma excelsa, a la protagonista Bárbara, una guionista de televisión con depresión y, enganchada a las benzodiacepinas. Ella vive con Maca, su mejor amiga de la infancia y que, después de 20 años, sigue siendo su amiga o, al menos, lo intentan.

Maca es interpretada por una camaleónica Laura Weissmahr que sigue sorprendiendo con un papel totalmente diferente al que la llevó al estrellato en Salve María (Mar Coll, 2024).

Elena, la que completa el trío de amigas de la infancia, está casada con un señor veinte años mayor que ella y está embarazada de nueve meses. Pero, no tiene muy claro si quiere ser madre. Una Macarena Gómez histriónica y perfecta en su insoportable papel. En total, un trío de lo más excéntrico cuyos dramas las mantienen unidas, aunque ellas no tengan muchas ganas.

No obstante, este grupo de amigas no sería lo mismo sin la aparición de Sofía Otero. La joven actriz interpreta a la conciencia de Anna Castillo. Todo lo que se nos pasa por la cabeza pero que no decimos, eso es ella. Los pensamientos intrusivos toman forma en un personaje brutalmente divertido que te hará reír a carcajadas cada vez que aparezca en pantalla.

Esa vocecita interna que te manda mensajes contradictorios constantemente y que, algunas veces queremos callar, pero, otras veces hay que abrazar. Victoria Martín tiene la capacidad de darle forma a estos pensamientos y convertirlos en una personita tan graciosa como insufrible que aportan el toque extra a la serie para que sea perfecta.

Anna Castillo y Sofía Otero en Se tiene que morir mucha gente.
Anna Castillo y Sofía Otero en Se tiene que morir mucha gente.

Se tiene que morir mucha gente: reírse de todo, aunque sea importante  

Uno de los elementos más enriquecedores de la serie de Victoria Martín es la cotidianidad del relato. La audiencia es testigo de la vida de las protagonistas y todo lo que les acontece desde un lugar, quizás, demasiado parecido al de ellas. Y lo mejor es que la escritora tiene la capacidad de hacer reír al mismo tiempo que hacer reflexionar sobre múltiples asuntos vitales. Sin embargo, no lo hace de forma densa ni demasiado filosófica, sino con naturalidad, desde la comedia.

La violencia obstétrica, la amistad, la salud mental… son temas muy contundentes que se plantean en la serie de forma fresca y sublimadas a través de la risa más honesta. Del mismo modo, el mito del amor romántico está constantemente en el aire, con la relación de Elena y su marido mucho más mayor que ella —y con mucho más dinero—, la relación de Maca y su nueva novia que cree en el horóscopo o, las inexistentes relaciones de Bárbara y el miedo a morir sola.

Todo esto, además, se hace desde una perspectiva feminista y LGBTIQ+, como no podía ser de otra manera, pero sin alegatos espesos ni reflexiones pesadas. Solo con risa, mucha risa.

Desde hace algún tiempo muchas creadoras están haciendo series y películas que representan la vida de forma mucho más realista, como se observan en series como Yo siempre a veces (2026), entre muchas otras. En Se tiene que morir mucha gente se desmitifica la amistad entre mujeres, la maternidad y las relaciones en general. Una oleada muy necesaria de creaciones recientes que empiezan a representar la vida tal y como es rompiendo con toda la idealización antes mostrada.  

Se tiene que morir mucha gente.
Se tiene que morir mucha gente.

Se tiene que morir mucha gente: eres mi amiga, te quiero, pero me caes mal

La novela de Victoria Martín es divertida a todos los niveles. Cada frase está repleta de un humor agridulce o, más bien, solo agrio, que resuena en nuestras vidas y hace que sea todavía más gracioso. Y esto, llevado a una serie de televisión con un elenco tan espléndido como el seleccionado, ha dado un resultado sublime.

¿Quién no ha tenido alguna vez a una amiga a la que quiere mucho, pero en realidad, no soporta? ¿Quién no ha tenido una crisis vital en la que no sabes qué es lo que quieres en tu vida? ¿Quién no se ha hecho un pendiente en la lengua y se lo ha quitado porque, en realidad, no le gustaba tanto? Miles de anécdotas tan locas como realistas atraviesan a las protagonistas de Se tiene que morir mucha gente, las cuales se consumen rápidamente en tan solo seis episodios dejándote con ganas de mucho más.

Y es que, lo mejor de la serie es que todas alguna vez nos hemos sentido como las protagonistas. Todas en algún momento hemos tenido ese tipo de pensamientos, hemos querido mandar a la mierda a alguien sin temor a lo que puedan pensar o, hemos querido hacerle un calvo a un grupo de señores que nos han hecho mansplaining constantemente por todo.

Y todas, en demasiadas ocasiones, hemos pensado que se tiene que morir mucha gente. Sobre todo, aquellas que constantemente nos preguntan que por qué no perseguimos nuestros sueños cuando, en realidad, no tenemos sueños que cumplir, sino que simplemente queremos (sobre)vivir.