‘Severance’: “cuanto más te disfraces, más te parecerás a ti mismo”

La serie original de Apple llega a la plataforma pisando fuerte. Severance es una de las mejores series contemporáneas estrenadas. Original y electrizante desde el primer minuto. Con un subtexto tan excelso como su narrativa visual.

La primera temporada de la serie termina con un cliffhanger cautivante. La segunda parte ya ha sido confirmada, y la audiencia espera impaciente su estreno. La serie de tv estadounidense funciona a la perfección en su conjunto.

Mark S. es el protagonista. Dirigente de un equipo en la empresa Lumon Industries. En dicha empresa, todas las personas contratadas se han sometido a una cirugía estremecedora. Sus recuerdos se dividen entre la vida laboral y la personal. Provocando que la persona que trabaja en la empresa no sepa absolutamente de su vida fuera. Y viceversa.

Severance, del actor y director Ben Stiller para Apple TV.
Severance, de Dan Erickson para Apple TV.

Dos cuerpos, dos mentes. 8 horas de trabajo que son totalmente borradas de la memoria de la persona al salir del trabajo. Con esta trama argumental, la serie se desarrolla de forma espectacular a todos los niveles. Regalando incluso unos títulos de créditos fascinantes e imprescindibles. Un compendio narrativo brillante que da lugar a una de las series más elaboradas y acertadas de los últimos tiempos.

La alienación laboral y la teoría marxista

El subtexto de la serie bebe de forma evidente de las teorías de alienación marxistas. La idea de la explotación laboral como condición necesaria para el mantenimiento del sistema capitalista. Así como la falsa idea de libertad de elección a la hora de trabajar o no.

The workers are free to work but also ‘free to starve’ if they do not enter the labor contract.

Karl Marx.

Lo que da lugar a una única opción real. Trabajar y sumarse a la corriente laboral que mantiene con vida el sistema.

En esta línea, Karl Marx definió el concepto de alienación laboral. La idea que plantea que la persona que trabaja se encuentra totalmente separada del producto que produce. Producto que se convierte en mercancía y funciona como ente diferenciado de la persona trabajadora que lo produce.

Severance.
Severance.

En Severance, esto es llevado al extremo más escalofriante. Donde la separación se produce de forma literal entre persona y trabajador/a. Donde la persona que trabaja, es la que se convierte en la mercancía.

Una idea atrevida y compleja que da forma a 9 episodios magníficos. Todos y cada uno de ellos mantienen el mismo ritmo y atractivo de principio a fin. Generando que la audiencia no pueda despegar su mirada de la pantalla. Mientras su mente vaga sobrecogida por cada punto de giro perfectamente diseñado.

Severance: nada es lo que parece

Una de las mejores bazas de la teleserie son los puntos de giro. Esos descubrimientos que dejan a la audiencia con la boca abierta sin capacidad de articular palabra. Tras años de creaciones audiovisuales, la capacidad de sorprender se torna cada vez más difícil. Películas como Exam (Stuart Hazeldine, 2009) abordaban el mundo laboral desde el thriller psicológico. Situando también a las personas candidatas en una situación desconcertante. Idea que ya fue abordada en el ámbito español con el filme de Marcelo Piñeyro, El método (2005).

Christopher Walken y John Turturro en Severance.
Christopher Walken y John Turturro en Severance.

Sin embargo, el creador de la serie de Apple, Dan Erickson, destaca por su habilidad de construir algo totalmente genuino. Con unas raíces claras que agrupan temáticas comunes como la opresión laboral. El creador rompe todas las expectativas. Esbozando un universo donde nada es lo que parece. Donde cada ramificación que crece lentamente, abre un nuevo mundo de posibilidades.

La cadencia narrativa es incuestionable. Desarrollando el argumento con el ritmo adecuado para la absorción inmediata de la audiencia en el universo audiovisual.

Esto no habría sido posible sin el trabajo de Mohamad el Masri y Andrew Colville junto a él. Los tres guionistas perfilan un argumento perfectamente rematado.

Dentro de los pequeños detalles destacados, se descubre una referencia clara al despertar autocrítico. Esa salida de la cueva de Platón que se ve detonada por la lectura. Tal y como ya vaticinó el escritor Ray Bradbury con su Farenheit 451 (1953). Donde la importancia de los libros residía en esa capacidad de creación de pensamiento crítico. En el despertar de las masas más anestesiadas. Las cuales solo pueden escapar de su propia prisión a través del conocimiento.

Adam Scott protagoniza, Severance.
Adam Scott protagoniza, Severance.

La fina línea que separa la vida laboral de la personal

El argumento de la teleserie es especialmente cautivante por su trasfondo. En la sociedad contemporánea y neoliberal, el trabajo es pieza angular en la vida de cualquier persona. El trabajo y la acumulación de capital. Es por ello que en algunas ocasiones se plantea la cuestión: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? En Severance, la línea que separa de forma clara la vida laboral y personal, se vuelve cada vez más borrosa. Proceso que es perfectamente esbozado a través del trabajo visual.

Una de las mayores virtudes de la obra reside en sus imágenes. El trabajo de fotografía de Jessica Lee Gagné es impecable. Cada fotograma en pantalla tiene un valor inestimable. Con un juego de luces y colores perfectamente en línea con el argumento. Gracias a ello, la separación del universo laboral y personal se percibe de forma maravillosa. Dando lugar a una hibridación excelsa entre realidad y ficción.

Adam Scott en Severance.
Adam Scott en Severance.

Esto también es posible gracias al trabajo interpretativo del elenco. Una de las actuaciones más sorprendentes es la del protagonista. Mark es encarnado por un impecable Adam Scott. El actor está totalmente irreconocible en la serie. Llevando a cabo un papel exquisito a todos los niveles. A través de sus gestos faciales, la audiencia es capaz de saber en qué universo se encuentra. Cada arruga o mínimo movimiento de ojos muestra de forma clara en qué universo se encuentra el personaje. Sin necesidad de articular palabra.

El hombre duplicado

El hombre duplicado (2002) de José Saramago, se traslada a la pantalla bajo una atmósfera laboral inquietante. Unificando dos personalidades dentro de un mismo cuerpo. Personalidades que además evolucionan de forma espectacular a lo largo de la serie.

Uno de los personajes más destacados por su arco narrativo es Helly R. Interpretada por una exquisita Britt Lower. Todo empieza con ella tumbada bocabajo sobre una mesa. Mientras una voz le habla desde unos altavoces, ella despierta desorientada.

Britt Lower en Severance.

¿Quién eres? Es la primera pregunta que se le plantea. Porque las identidades son conformadas por aquellos rasgos que nos definen. Aquellos por los que somos reconocidos socialmente. Pero, ¿qué ocurre cuando una parte de ti, ni siquiera es consciente de lo que tu otra parte es capaz de hacer?

Recuperando a Saramago, es esencial recordar que “el caos es un orden por descifrar”. Y la clave para el orden de la entropía, quizás resida precisamente, en desordenar todo aquello que nos ha sido ordenado.

Las personas equilibradas son así, acostumbran a simplificarlo todo, y después, pero siempre demasiado tarde, las vemos asombrándose de la copiosa diversidad de la vida.

José Saramago, El hombre duplicado.

*Cita del título del artículo extraída de El hombre duplicado (2002) de José Saramago.

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