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‘Ven y mira’ se convierte en la mejor película de la historia por encima de ‘El Padrino’

Según Letterboxd, el nuevo referente sobre puntuaciones de cine, Masacre: Ven y mira (Idi i smotri, 1985) es la mejor película de todos los tiempos por encima de El Padrino, Parásitos o Cadena Perpetua. Obra culmen del cine bélico soviético en su línea más oscura y psicológica.

Es importante recalcar el origen del film, porque en la URSS se estima que en la Segunda Guerra Mundial murieron más de 23 millones de civiles y 9 millones de militares.

Cuando una directora o director soviético hacía una película bélica tenía más de 30 millones de muertos propios a sus espaldas. Nadie conoció la devastación de la guerra al nivel que lo conocieron los pueblos agrupados por la URSS que sufrieron la invasión nazi.

Justamente este aspecto es el que la URSS quería recordar al resto de naciones.

Alexei Kravchenko en Ven y Mira.
Alexei Kravchenko en Ven y Mira.

La aparición de la guerra fría dio lugar a todo un universo de ficción bélica centrada en la heroicidad de todos los países aliados omitiendo a las repúblicas soviéticas, creando un vacío internacional a su esfuerzo.

Para conmemorar los 40 años de la victoria sobre el ejercito nazi, la URSS encargo a Elem Klimov una película que pudiesen mostrar al resto de naciones y les recordase esa frase de “en esta guerra nosotros pusimos los muertos”. Klimov escogió realizar la adaptación de la novela de Alés Adámovich Soy de una aldea en llamas, inspirada en sus vivencias personales.

Adámovich fue un partisano bielorruso y tal como nos recuerda la película, más de 600 aldeas fueron quemadas en Bielorrusia. El resultado es un puñetazo antibélico que se distribuyó en España con el título Masacre: Ven y mira.

Ven y mira: El espectador y la pantalla

La película nos coloca en los ojos de un niño que sufre la guerra, aunque quizás sería más preciso decir que coloca al espectador ante los ojos de un niño que sufre la guerra.

Primero creemos ver la desesperación en su rostro, pero luego te das cuenta de que es la desesperación la que te está mirando a ti. Y eso incomoda. El plano se resignifica a sí mismo simplemente por su propia duración.

Primero comprendemos la información, luego la sentimos y cuando el plano se sigue extendiendo aparece el verdadero horror que transmite la película. Ven y mira es dura por la violencia mostrada, pero sobre todo es dura por sus primeros planos.

Barro en la cara y el horror en la mirada. Ven y mira.

Hoy en día estamos acostumbrados a que se nos muestre la violencia de forma cruda, incluso a restarle importancia al hecho de la muerte y convertir una matanza en imágenes celebradas por los espectadores con una sonrisa. Sin embargo, tal como sucedió en el momento de su estreno, seguimos sin estar preparados para enfrentarnos a un primer plano de la desesperación.

Un primer plano es un recurso en apariencia simple, pero conseguir alinear el encuadre, la interpretación y el tempo de montaje con tanta perfección como consigue hacer Klimov es una auténtica rareza.

Cine bélico soviético

Esta forma de narrar que brilla de forma terrorífica en Ven y mira responde a una línea concreta del cine bélico soviético, muy diferenciada de por ejemplo La batalla de Moscú estrenada el mismo año.

Es una forma de narrar que podemos rastrear en películas como La infancia de Iván (1962) de Tarkovski y sobre todo en La ascensión (1977) de Larisa Shepitko.

Cine basado en primeros planos muy frontales que nos enfrentan ante el horror que viven los personajes. Ante la impotencia por verse sobrepasados por las situaciones. Miradas que muestran una lucha interna por sobrevivir psicológicamente a lo que sucede a su alrededor.

El hecho bélico que se narra es el contexto de la mirada que se lanza al espectador. La guerra y sus consecuencias se muestran en los rostros de los testigos. No son películas de salvadores, son películas que nos confrontan ante los testigos de la devastación. Por eso nos miran de una forma tan enfrentada y desnuda, porque nosotros también pasamos a ser testigos de la misma devastación.

Ven y mira: La guerra y Flyora

La película Ven y mira arranca con Flyora Gayshun, un niño que desde la inocencia de la infancia quiere ir a la guerra sin saber lo que realmente le espera. Cuando consigue alistarse, enseguida recibe la primera lección de lo que le espera. Sutilmente y de forma muy naif, Klimov ya nos introduce de forma suave lo que va a suceder en la película: la guerra no da nada, solo arrebata.

Ven y mira.
Ven y mira.

El militar al cargo decide que Floyra no vaya con el resto de soldados al frente y le hace darle sus botas a otro soldado que las tiene rotas. Después sufren un bombardeo y las imágenes de destrucción pasan a acompañarse únicamente del sonido que hace Floyra al respirar. Muestra como la destrucción externa pasa a ser interna en el personaje. En este punto ya queda claro qué quiere transmitirnos Klimov en su película.

Tras el bombardeo, Floyra y Glasha (la chica que Flyora encuentra en el camino) comparten el último momento de su infancia, donde Glasha baila despreocupada. A partir de este momento comienza el viaje hacia la oscuridad más profunda de la guerra.

Klimov va tensando y destensando la intensidad emocional de la narración, pero cada vez que destensa el estado que aparece es más oscuro que el anterior. Cada vez que la intensidad emocional sube aparecen los primeros planos frontales que nos arrojan la mirada de Floyra. En ocasiones lucha por mantener la propia cordura ante lo que le está sucediendo. Aparece la desesperación por no enloquecer ante la barbarie.

El conflicto es puramente interno. Además de estos planos incluye momentos muy físicos, como la escena de cruzar hasta la isla abriéndose camino en el lodo. Momento que recuerda por su fisicidad, tempo narrativo y angustia a los soldados huyendo por la nieve en La ascensión.

Los testigos de la masacre

Así nos guía magistralmente Klimov. Haciéndonos adentrarnos cada vez más en lo siniestro de la guerra encarnada. Hasta llegar al último tercio de la película. En este punto cae la niebla y aparecen los soldados nazis desencadenando un auténtico infierno.

Igual que la niebla, los soldados nazis inundan todo el espacio y disfrutan de forma obscena la forma en la que reprimen y humillan a los aldeanos. Aquí también Klimov nos introduce primeros planos de los soldados en su bacanal de humillación, contrastando con los planos de los humillados, especialmente de Floyra.

El contexto de todo lo que sucede es de una enorme dureza, pero lo que realmente hace terrorífica la escena vuelven a ser los primeros planos. La escena hace fluir los primeros planos de Floyra, siendo testigo de una crueldad tan gratuita como arrolladora. En contraste con los rostros de los represores sumidos en un disfrute absolutamente obsceno de una crueldad descontrolada.

Para el final de la película, Klimov nos guarda las consecuencias de lo que acabamos de ser testigos. Victimas rotas para los que la muerte como venganza sabe a poco. Nadie puede devolverles lo que la guerra les ha robado.

Tal como hemos dicho antes, la guerra no da nada, solo arrebata. A pesar de habernos llevado hasta este punto, aún le queda a Klimov una batería de primeros planos entremezclados con planos documentales de los campos de concentración, desfiles nazis y Hitler saludando a sus seguidores.

Primeros planos que muestran de forma violenta la frustración de haber sido psicológicamente devastado de forma arrolladora, sin poder haber hecho nada para evitarlo. No existen los héroes, solo sobreviven los testigos de la masacre.

Ven y Mira: El peligro de asomarse al interior

Como proponía Buñuel “es peligroso asomarse al interior” y Ven y mira supone un viaje al interior más crudo del ser humano devastado por la guerra.

Klimov muestra una maestría en el uso del primer plano alcanzable únicamente por un puñado de autores en la historia del cine y el actor Alexei Kravchenko está sobradamente a la altura de la exigencias.

Alexei Kravchenko con tan solo 16 años fue capaz de interiorizar la crueldad de la guerra y mostrárnosla en su rostro y en su mirada. Pasando por la inocencia, la lucha por no perder la cordura, la desolación, la frustración y la rabia de la impotencia.

Todos los estados emocionales por los que pasa Kravchenko los arroja al espectador, desarmándolo y haciéndole insufrible el sufrimiento. Si no fuese suficiente el estado de gracia de Kravchenko hay que añadirle el de la actriz Olga Mironova, que aguanta con creces el nivel exigido y al final de la película representa una de esas imágenes que de vez en cuando nos regala el cine y se nos graba en el alma resultando difícil de olvidar.

Olga Mironova en Ven y mira.
Olga Mironova en Ven y mira.

Ven y mira resulta una obra maestra del cine bélico. Nos ayuda a recordar por qué no debemos repetir los errores que ya hemos cometido en el pasado.