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Sitges 2025: ‘Bulk’ y ‘No Other Choice’: realidades colapsadas, trabajos al límite

El festival entra en su fase más cerebral y desencantada. Bulk, de Ben Wheatley, nos arrastra a un laberinto de ciencia ficción donde la materia se descompone junto a la lógica. No Other Choice, de Park Chan-wook, observa con bisturí el otro lado del capitalismo: la desesperación de un hombre que ya no tiene cabida en el sistema que ayudó a construir. Dos visiones distintas del colapso, una cósmica y otra laboral, ambas terriblemente humanas.

Bulk: la casa infinita

Ben Wheatley vuelve al cine de ideas con la energía de quien juega a romper juguetes. Bulk arranca con un experimento de teoría de cuerdas que sale mal y provoca la explosión de un brane, una especie de universo paralelo encapsulado en una casa que desafía toda geometría posible. Dentro de ella, Corey Harlan (Sam Riley) busca el núcleo del desastre y al científico responsable (Anton Chambers), acompañado por la misteriosa Aclima (Alexandra Maria Lara), que parece saber más de lo que dice.

Wheatley, el director inclasificable de joyas indies como Kill List, A field in England o In the Earth, filma el multiverso desde el minimalismo más tangible: pasillos, habitaciones, reflejos y puertas que se abren hacia otras versiones del mismo lugar. Lo que podría haber sido una locura de efectos digitales se convierte en una experiencia casi artesanal, donde cada giro de cámara altera la realidad.

Bulk es, en el fondo, un juego sobre la obsesión por entender. La ciencia se confunde con la fe y la física con la culpa. El protagonista no solo busca un centro, sino una explicación a la existencia misma. Y Wheatley, entre ironía y vértigo, sugiere que tal vez el universo es simplemente una habitación que nunca deja de reordenarse.

No Other Choice: el trabajo como sentencia

En No Other Choice, Park Chan-wook convierte la lucha por un empleo en una tragedia moderna. Adaptando libremente la novela The Ax de Donald Westlake, el director coreano sigue a Man-soo (el siempre genial, Lee Byung-hun), un trabajador despedido tras décadas de lealtad a su empresa. Sin dinero, sin propósito y sin futuro, Man-su llega a una conclusión tan perversa como lógica: eliminar a sus competidores para recuperar el puesto que cree suyo.

Park filma esta caída con la elegancia que lo caracteriza: planos precisos, silencios afilados y una puesta en escena que alterna la sátira con la compasión. El protagonista es un monstruo en construcción, un hombre común al que el sistema empuja hasta romperlo. El humor, negro y ácido, no alivia la tensión, solo la subraya. Cada asesinato se siente como un trámite burocrático más, parte de un proceso de selección llevado hasta el absurdo.

El virtuoso director de Old Boy, después del descanso vengativo que significó la sobrevalorada Decision to Leave, vuelve al subgénero, pero quizá algo más domesticado de lo que nos gustaría a muchas.

No Other Choice es, quizá, la película más ferozmente contemporánea del festival. En su aparente frialdad late una pregunta demoledora: ¿qué haríamos para conservar lo poco que tenemos? Park no responde. Solo deja que el espejo se empañe con nuestro propio aliento.

Póster de No Other Choice.
Póster de No Other Choice.

Sitges 2025: Epílogo de día

Con Bulk y No Other Choice, Sitges 2025 ofrece una doble sesión sobre los límites de lo humano. Una nos encierra en una casa imposible donde la realidad se derrite, la otra nos recuerda que el trabajo también puede ser una prisión con las paredes invisibles.

En ambas, los protagonistas buscan una salida y descubren que no hay ninguna. Tal vez porque el horror, como el sistema que lo inspira, siempre encuentra la manera de expandirse.

El público sale en silencio, con esa mezcla de confusión y fascinación tan propia de Sitges. En la calle, las conversaciones flotan entre teorías cuánticas y dilemas éticos, como si la ficción se hubiera filtrado un poco en el aire.