‘Antoine y Colette’ y ‘Besos robados’: El ciclo Doinel de Truffaut (II)

En 1962 Truffaut retomaba su ciclo sobre Antoine Doinel tras el éxito de Los cuatrocientos golpes. No lo hacía, sin embargo, con otro esperado largometraje. Truffaut preparó un mediometraje que estaba incluido en una película colaborativa, hecha por grandes cineastas de la época y llamada El amor a los 20 años. En este filme, además de Truffaut, participaron Renzo Rossellini, Shintaro Ishihara, Marcel Ophüls y Andrzej Wajda.

Antoine y Colette fue una de las cinco historias breves que componían este largometraje y que el director francés aprovechó para narrar un episodio de la vida de Doinel. La película retoma la historia del joven pícaro justo donde se dejó. Una voz en off explica al espectador cómo han sido los últimos años de la infancia de Antoine y qué está haciendo ahora.

Antoine y Colette: el primer desengaño amoroso

Doinel fue cazado en su huida del internado que se veía en Los cuatrocientos golpes y enviado a un centro de mayor seguridad. Allí, gracias a una psicóloga, consiguió reformarse y salir en libertad vigilada. Cuando comienza el corto, Antoine vive en París, es independiente y trabaja en la Phillips, primero vendiendo discos y después fabricándolos él mismo.

Antoine y Colette.
Antoine y Colette.

Una de las grandes pasiones del joven es la música, por lo que está apuntado a las Juventudes Musicales de Francia. Es en los conciertos de música clásica de esta asociación donde Antoine conoce a Colette. Todo su ánimo se vuelca en seducirla, pero ella no le da bola. Aunque comparten gustos musicales y se prestan libros, para Colette, Antoine es siempre y únicamente un amigo.

En esta relación de amistad que Doinel quiere llevar hasta lo erótico-festivo, el joven acaba estableciendo un vínculo de enorme cordialidad y afecto con los padres de ella. Tanto es así, que el final del filme es una escena en la que Colette sale con su novio de casa y Antoine se queda viendo un concierto de música clásica televisado con sus no-suegros.

De este modo, parece que el joven parisino no ha conseguido su objetivo romántico, pero ha ganado algo que nunca ha tenido: el cariño de unos padres.

Antoine y Colette.
Antoine y Colette.

Antoine y Colette no gira en torno al primer amor o a ese enamoramiento de juventud, más bien al contrario, es la historia del primer desengaño amoroso de Antoine Doinel. Truffaut comienza a dejar ver que gran parte del interés de su álter ego reside en las mujeres, en seducirlas y conquistarlas. Al tiempo, las artimañas del joven son pobres, ingenuas e infantiles. Poco a poco se va descubriendo a un Doinel adulto que va a adolecer de sus problemas de infancia durante su etapa más madura.

Besos robados: Doinel se busca la vida

Habrían de pasar seis años más para poder continuar la historia de Doinel. En el convulso año de 1968 se estrenó Besos robados, que cautivó al público, entre otras cosas, por alejarse de lo político (algo que Truffaut repudiaba) y por gozar de un aire de ligereza y superficialidad que era justo lo que el espectador francés necesitaba, estando inmerso en el caldo de cultivo de mayo del 68.

Antoine sale del ejército, le echan. No hay que olvidar que estas películas son semiautobiográficas, el propio Truffaut desertó del ejército y acabó salvando el cuello gracias a André Bazin, que lo trató como a un hijo. Del mismo modo que Truffaut, Antoine es un chico perdido que vaga sin rumbo fijo, como en aquella última escena de Los cuatrocientos golpes. Esa va a ser la vida del personaje interpretado por Léaud.

Besos robados no es una obra maestra, ni está a la altura de la mil veces mencionada en este artículo Los cuatrocientos golpes. La trama es desordenada, algo inconexa, con episodios que parecen gags aislados unos de otros. Quizá el cineasta quería dar esa sensación de desorden que se trasluce de la vida del protagonista. Y es que al salir del ejército Doinel va dando tumbos, aceptando favores que se convierten en trabajos y paseando de flor en flor.

Jean-Pierre Léaud y Claude Jude en Besos robados.
Jean-Pierre Léaud y Claude Jude en Besos robados.

Primero se hace recepcionista de hotel, más adelante acaba siendo detective, trabaja circunstancialmente en una zapatería y, finalmente, acaba el metraje como técnico de reparación de televisores a domicilio. Con las mujeres pasa otro tanto, va interesándose por una u otra, al tiempo que no duda en recibir servicios de prostitutas. La única cosa que se mantiene a lo largo del desarrollo de esta historia es la relación intermitente entre Doinel y Christine Darbon.

Es curioso saber que Truffaut y Claude Jade, quien interpretó a Christine en Besos robados, tuvieron un affaire e, incluso, estuvieron a punto de casarse. Vuelve a salir a relucir aquí ese triángulo Truffaut-Léaud-Doinel en el que se confunde el director con el actor y la persona real con el personaje de ficción.

Fabienne Tabar y Doinel en Besos robados.
Besos robados.

Una película de transición

Tiene, de nuevo, relevancia la vida del autor, especialmente su relación con las mujeres. Truffaut fue un gran seductor que veía al género femenino desde dos vertientes: ángeles o putas. Es interesante el personaje de Fabienne Tabar (Delphine Seyrig). Una mujer con la que el Antoine de Besos robados establece una relación idílica que finalmente llega a término. Al principio Doinel la ve como una mujer madura, sofisticada, inalcanzable, un hada mágica que ejerce un fabuloso poder de atracción sobre él. Ella descubre sus cartas y le propone un pacto, va a darle su cuerpo por una vez, va a convertirse en una puta por un día, tras lo cual ninguno volverá a saber del otro.

Fabienne Tabar y Doinel.

Al tiempo, este personaje de la señora Tabar tiene un cierto aire de independencia. Sabe lo que quiere y lo que tiene que hacer para conseguirlo. Lo que Truffaut te da por un lado, por otro te lo quita, y así se compensa este personaje que viene a demostrar que en esa época una mujer también podía decidir con quién acostarse.  

No obstante, Besos robados es una película de transición si se ve como una pieza más dentro del ciclo Doinel, simplemente es la cinta que está en el centro de esta obra y sirve para hacer avanzar la trama del conjunto de largometrajes a los que pertenece. En Domicilio conyugal continuará la historia de amor y desamor de Christine y Antoine, lo que reconfirma que Besos robados no es más que una pieza necesaria para el avance de los episodios de vida que Truffaut quiere narrar.

Rodando Besos robados.
Rodando Besos robados.

Esto no quiere decir que no merezca la pena verla, pues su ligereza y sus aires de comedia de enredos la hacen ideal para disfrutarla y conocer a un Antoine Doinel adulto que, como cuando era niño, va a tomar decisiones sobre la marcha y se va a dejar llevar sin pensar en las consecuencias. Las películas de este ciclo van madurando con el personaje. Cuanto más adulto es Doinel más profundidad alcanzan las historias que Truffaut cuenta sobre su vida.  

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