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‘Disco Boy’, una fábula antibelicista a ritmo de música electrónica

Dentro de la sección de Nuevas Olas del Festival de Cine Europeo de Sevilla se estrena, Disco Boy, la ópera prima de Giacomo Abbruzzese. El cineasta italiano escribe y dirige esta película sobre la inmigración y las guerras con el brillante actor Franz Rogowski como protagonista.

Cartel de Disco Boy.
Cartel de Disco Boy.

Tras varios documentales y cortometrajes, el director italiano se lanza a una atrevida coproducción entre Francia, Italia, Bélgica y Polonia. Un trabajo de tal nivel artístico que bien mereció el Oso de Plata a la mejor contribución artística por el trabajo de la directora de fotografía Hélène Louvart.

El argumento central de la cinta se pone en marcha tras un periplo desde Bielorrusia hasta Francia por Aleksei, personaje interpretado por Franz Rogowski de forma magistral. En su llegada a París, este se ve incluido en la Legión Extranjera Francesa para poder conseguir la nacionalidad. En paralelo, el protagonista es Jomo, encarnado por Morr Ndiaye y que se descubre como un gran actor. Su personaje vive en el delta del Níger y encabeza el movimiento del MEND (Movimiento por la Emancipación del Delta de Níger). Dos historias aparentemente desconectadas que terminan por chocar de forma abrupta a golpe de beats de techno.

El artista encargado de dicha banda sonora original es Vitalic, un conocido productor francés de música electrónica. Uno de los aspectos más atractivos y acertados de Disco Boy que construyen un vínculo entre los protagonistas repleto de ritmo y color. Una apuesta arriesgada que termina encajando a la perfección con cada minuto narrado. Otros directores populares como Gaspar Noé ya utilizaron este género musical techno, así como la música disco en películas psicodélicas como Enter the void (2009) o Clímax (2018). No obstante, en el caso de la cinta del cineasta italiano hay una elección genuina al trasladar dicha música al género cinematográfico dramático.

Franz Rogowski en Disco Boy.
Franz Rogowski en Disco Boy.

Disco Boy: una película antibelicista que pone en cuestión la mirada europeísta y colonialista

“¿Alguna vez te has preguntado en qué te habrías convertido si hubieras nacido al otro lado, entre los blancos?” pregunta Jomo, el ciudadano de Níger. Una cuestión muy interesante que hace reflexionar sobre los distintos sinos vitales que podrían cambiar por ser de diferente raza, origen o etnia. Como respuesta simbólica a ello está la representación de Aleksei, el ciudadano bielorruso que huye de su país y llega hasta Francia buscando una vida mejor.

Este asunto, además, es esencial en la actualidad tras las polémicas sucedidas por la inmigración de Ucrania frente a la inmigración de ciudadanos africanos, palestinos… ¿hay inmigrantes de primera e inmigrantes de segunda? ¿Acaso por ser blanco y pertenecer a Europa pueden obtener mejor recibimiento al atravesar la frontera que otros inmigrantes? La mirada europeísta y colonialista se pone en el punto de mira en Disco Boy, y en particular, desde Francia.

Películas de culto como El odio (Mathieu Kassovitz, 1995) ya hicieron un retrato excepcional sobre el multiculturalismo en Francia y sus consecuentes guetos que, en lugar de crear espacios de inclusión real, terminan discriminando a aquellas personas no nacidas en Francia o, simplemente, de diferentes etnias y razas. En Disco Boy todas estas reflexiones son las que atraviesan al personaje de Aleksei cuando se ve en la posición de tener que convertirse en una persona que no quiere ser para conseguir la nacionalidad francesa. ¿Hasta dónde llegarías para conseguirlo? ¿Quién dibuja las líneas rojas y dónde están los límites?  

Disco Boy.
Disco Boy.

La Legión Extranjera Francesa y la “sangre derramada”

El protagonista Aleksei, tras su periplo desde Bielorrusia llega a París e ingresa en La Legión Extranjera Francesa. Una rama militar que se estableció en 1831 y que actualmente sigue vigente para servir a las Fuerzas Armadas Francesas. La particularidad de esta formación es que acepta a personas inmigrantes sin papeles, dándoles así un permiso de residencia que les brinda la oportunidad de obtener la nacionalidad tras 5 años de servicio militar. El origen principal de dicha Legión residía en las ansías colonialistas e imperialistas del siglo XIX. Pero ¿cuál es su objetivo principal hoy en día?

Aleksei y sus compañeros tendrán que viajar al delta de Níger y sin cuestionar ningún tipo de orden tendrán que acatarlas con los ojos cerrados. Mercenarios de la Armada Francesa que no deben mirar a quién atacan porque su nacionalidad está en juego. Una dinámica macabra que incluso se acompaña con alegatos como “en la guerra, nosotros somos la paz” o “fuera de aquí no eres nada, un fantasma”. Junto a esto, además, el cineasta esboza en Disco Boy unos personajes cuyas masculinidades encajan a la perfección con lo hegemónico y normativo que perpetúa las dinámicas y comentarios machistas. Masculinidades con las que, ¿también hay que encajar para poder obtener la nacionalidad?

Durante la acción militar en Níger, tiene lugar una de las secuencias más brillantes de Disco Boy, la cual se convierte en una aportación artística perfectamente reconocida con el galardón recibido en la Berlinale. En dicha secuencia, la imagen cinematográfica de Disco Boy se pone en el lugar del protagonista y adopta su visión térmica. A través de ella, podrá ver a su enemigo durante la noche gracias al calor corporal. Pero el calor corporal no tiene raza, no tiene color de piel, todas las personas son reflejadas del mismo modo a través de dicha mirada. Por lo tanto, la audiencia observa a dos personas enfrentadas, sin distinción.

Es una técnica cinematográfica que se lleva a cabo de forma magistral, porque no quiere transmitir la idea de que “no existen razas”, dado que eso sería negar el racismo, sino que ofrece unos minutos en pantalla para reflexionar sobre el sentido de las guerras y cómo finalmente nos enfrentamos unos a otros por unos principios u objetivos que, en realidad, nada tienen que ver con nosotros. Y que, en el fondo, no es más que una guerra entre personas que no se conocen y que, quizás, podrían haber bailado a ritmo de techno y entenderse, sin necesidad de derramar una gota de sangre.

Sangre derramada que, además, es otro de los condicionantes establecidos por la Legión Extranjera Francesa. Este establece que si algún soldado es herido en batalla, obtendrá directamente la nacionalidad “por sangre derramada” por la patria. Pero, ¿qué ocurre cuando la sangre derramada no es la propia sino la de aquella persona que está al otro lado?

Morr Ndiaye en Disco Boy.
Morr Ndiaye en Disco Boy.

Disco Boy: la danza como punto álgido de expresión y desarrollo personal

El baile es una actividad que no solo consiste en algo artístico, sino que conlleva una expresión corporal y personal inmensa. Esto se ve reflejado a la perfección a través de las danzas culturales de los/as ciudadanas del delta de Níger, aunque en este peculiar retrato de Giacomo Abbruzzese, estos bailan a ritmo de techno.

Gracias a este género musical y a los colores que perfectamente lo acompañan, se crea un punto de unión entre Jomo y Aleksei que, a través de los movimientos corporales terminan por conectar con cada beat. Un eje narrativo hermoso y también psicodélico que construye una fábula antibelicista desde una perspectiva más original.

Una conexión eléctrica que atraviesa cada extremidad hasta hacerla danzar en la pista de baile. Como una corriente que te lleva de un lado a otro y te hace preguntarte, ¿por qué no podríamos solo, bailar?

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