El fin de ‘The Mandalorian’, la respuesta a nuestros sueños

Analizamos The Mandalorian y comentamos el final de la temporada dos.

Xesco Simón

The Mandalorian ha terminado, la serie ambientada en el mundo de Star Wars que apareció sin mucho ruido y que nos conquistó desde el primer episodio de la primera temporada llega a su fin. Al menos el del arco argumental con el que comenzó en aquel noviembre de 2019. Un pasado reciente, que viendo cómo han cambiado nuestras vidas, parece más lejano que nunca.

El western galáctico que creó el actor, director, guionista y productor Jon Favreau nos dio, sin aparente dificultad, lo que estábamos esperando los seguidores de la santa trilogía, de la saga de sagas creada por George Lucas.

Favreau perece tener la llave que habría necesitado J.J. Abrams para los episodios siete, ocho y nueve de Star Wars.

J.J. Abrams: Dejando el futuro de Star Wars y a sus fans, ‘Perdidos’

Abrams, por desgracia, hizo que los fans fuéramos en masa a ver un remake fallido e innecesario de Star Wars: Una nueva esperanza (1977). Una película repleta de CGI de saldo y personajes sin ningún tipo de carisma ni sentido en la que Abrams mostraba, sin vergüenza, una total ausencia de originalidad. Esta, supuesta, continuación de Star Wars: El retorno del Jedi (1983) obviaba que al final de la película ganó la Alianza Rebelde…

El dibujo es bonito, de lo poco que quedó bien de la Star Wars de Abrams.

Después llegó Rian Johnson y mostró destellos de originalidad y sobrado talento en su episodio ocho, pero no le acabó a muchos fans ni a la crítica. ¿Era mejor que la primera de Abrams? Sí ¿Era lo que necesitaba la saga? No. Al desviarse de la línea que marcó J. J. Abrams con su remake, “el perdido” decidió volver en el episodio 9 para encauzar las cosas y lo que realizó es una película bochornosa y ridícula que acabó de pisotear el legado que vendió a Disney, George Lucas.

Entre esas películas se estrenó Rogue One (2016), una cinta sobre un grupo de antihéroes que sí que mostraba el mundo de Star Wars que conocíamos y que a un jugador de rol de Star Wars le podía recordar a una partida de fin de semana de esas que dejan buen sabor de boca.

The Mandalorian fue agua para quien tiene sed

The Mandalorian está llena de referencias de la cultura freak. Antes os hable de los jugadores de rol de Star Wars, y es que, estos, además de ser grandes admiradores de la saga, conocen datos que en las películas no se dan, como: qué es una armadura mandaloriana y cuáles son sus virtudes, el nombre de las razas y criaturas que habitan el mundo de Star Wars. Todas las armas, planetas y naves. La información que se dio en las novelas y en muchos de los cómics que en los 90 y 00 proliferaban en las librerías de vicio y subcultura.

The Mandalorian gustó a los jugadores de rol de su juego, los más exigentes, y al resto de fans, ¿cómo lo consiguió? Sin distanciarse del final del Retorno del Jedi y sin llenar la pantalla de criaturas creadas por CGI.

El primer juego de rol de Star Wars que llegó a España. La de buenos momentos que pasamos con él.

El mundo que nos mostró The Mandalorian era el mismo de la primera trilogía, de la original. Y su personaje principal, “Mando”, nos recordaba a Bobba Fett uno de los personajes más queridos por los fans por su genial diseño y misteriosa historia. Los cazarrecompensas molan, es así.

Favreau quiso avanzar en el mundo de Lucas, y para avanzar hay que adentrase en lo desconocido. Dejó atrás la maravillosa partitura de John Williams, para regalarnos la genialidad de música que creó Ludwig Göransson, una banda sonora, personal, reconocible y que en vez de repetirse hizo crecer el mundo musical de Star Wars.

Y apareció Baby Yoda

Como comentaba al comienzo, la historia es un western galáctico, casi spaguetti western, ya que, el Star Wars original, es sucio, polvoriento y brilla muy poco. Así nos lo enseñó Lucas y lo respeta The Mandalorian.

Lo que sorprendió a propios y extraños es la aparición de Baby Yoda (Grogu), el segundo ser de la raza de Yoda que vemos en el universo de Lucas.

Desde ese momento la serie coge aún más fuerza, nos aventuramos en el viaje del Mandaloriano y Grogu hacía un desenlace sorprendente del que después os hablaré.

Lone wolf and Cub o El lobo solitario y su cachorro inspira a The Mandalorian. Aquí dibujado por Frank Miller.

El bebé y el cazarrecompensas enfrentándose a mil peligros, nos recuerda a uno de los mejores mangas de la historia, el creado por Kazuo Koike y Goseki Kojima, El lobo solitario y su cachorro. En ese manga, a través de 20 volúmenes viajaremos en el medievo japonés con el ronin Ogami Ittō y su hijo Dairorō al que lleva en un pequeño carro lleno de armas. ¿Os resulta familiar?

Este manga también sirvió de influencia para Camino a la perdición el cómic de Max Allan Collins que adaptó en cine de Sam Mendes.

La llave de Favreau

La serie supera a Rogue One. En vez de ser una partida de rol de fin de semana, se convierte en una campaña (para los no entendidos en rol, una serie de partidas de rol encadenadas por la misma historia) de esas que no podrás olvidar nunca. Llena de personajes perfectamente diseñados, carismáticos y llenos de personalidad. Los villanos, como Moff Gideon (interpretado por Giancarlo Esposito, el inolvidable villano de Breaking Bad) son maravillosos, no como los de la última trilogía y las escenas de acción de una calidad fantástica.

Algunos de los personajes de la primera temporada de The Mandalorian.

La serie está llena de animatronics de última generación y para los decorados y espacios en los que se desarrolla utiliza una novedosa forma de integrar los efectos digitales que da un resultado increíble.

Hay luchas de speeders, naves, todo tipo de armas y con todo tipo de criaturas, todo ello en una historia super interesante en la que tememos que los pequeños reductos que quedaron del imperio vuelvan a coger el poder que tuvieron antaño.

Por otro lado, el misterioso Grogu, muestra que La Fuerza no le es ajena y poco a poco sabremos más cosas sobre su origen. Todo esto nos lleva al último episodio de The Mandalorian.

SPOILERS

En el último episodio veremos si “Mando” consigue recuperar a Baby Yoda. Para eso utilizará toda la ayuda que puede conseguir. Asaltará junto a Cara Dune, Fennec Shand, Koska Reeves y Bo-Kattan el Crucero ligero de Gideon.

Las luchas que se sucederán en el interior son fantásticas. Pero, además en el último momento, cuando parece de Moff Gideon está vencido, aparece un personaje que pensarías que jamás volverías a ver… (redobles de tambor) ¡LUKE SKYWALKER!

R2D2, Grogu y el maestro Luke Skywalker en el final de The Mandalorian.

Sí, el del sable verde, el del final del Retorno del Jedi, o mejor aún, el de los cómics de Star Wars: Imperio Oscuro I, II y Fin del Imperio, la mejor aproximación que se ha hecho lo que sucedió después del episodio siete. In-cre-í-ble.

Luke se lleva a Grogu para enseñarle y desarrollar su poder de La Fuerza.

The Mandalorian sin Grogu nunca será igual. Llegó a su final. Lo que venga a partir de aquí será otra cosa.

Pero, por si fuera poco:

¡Aún hay más!

Después de los créditos hay una escena en la que nos vamos a Tatooine. ¿A quién nos encontramos allí? Ni más ni menos que a Bib Fortuna, el twi’lek que fue mayordomo de Jabba el Hutt y que parece haberse apoderado de todo el imperio mafioso de su difunto amo.

Lo vemos regodearse con sus lacayos y, al igual, que Hutt encadenar a twi’leks femeninas a sus pies vestidas de forma poco decorosa, recordemos que la mismísima Princesa Leia también vistió esos atuendos. Pues en ese momento aparece Bobba Fett con Fennec Shand. Bobba mata a Bib Fortuna y entre él y ella acaban con sus siervos. Sueltan a la pobre twi’lek y Bobba se sienta en el asiento en el que estaba Bib, mostrando que ahora quien manda es él.

Después de esa escena se anuncia The Book of Boba Fett, la serie sobre Bobba que se estrenará a finales del año que viene.

¿Tendremos paciencia? Yo, no.

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