‘El mal de la montaña’, de Santiago Loza: escupiendo nuestra intimidad con los ojos cerrados

La Sala Margarita Xirgu del Teatro Español, presenta el 10 de febrero el estreno absoluto de El mal de la montaña. La obra, de Santiago Loza (He nacido para verte sonreír, Matar cansa), está codirigida por Fernando Delgado-Hierro —recientemente galardonado con el Premio Max 2021 a mejor autoría revelación por Los remedios— y Francesco Carril.

El espectáculo, que estará en cartel hasta el 3 de abril, es el relato cruzado de cuatro jóvenes que se buscan anhelando consuelo tras un duelo amoroso. Está protagonizado por los propios Carril y Delgado-Hierro junto a Ángela Boix y Luis Sorolla

Francesco Carril, Ángela Boix,  Fernando Delgado-Hierro y Luis Sorolla en El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.
Francesco Carril, Ángela Boix,  Fernando Delgado-Hierro y Luis Sorolla en El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.

El mal de la montaña comienza con la angustia de Manu (Francesco Carril), que narra a su amigo Tino (Fernando Delgado-Hierro) el episodio de su ruptura con Pamela (Ángela Boix). Una ruptura que estaba resultando modélica hasta la irrupción de un mendigo orinando en la acera de enfrente.

Lo que atormenta a Manu no es la ruptura en sí, es la aparición de algo que se escapa al marco de su relato. Que lo vuelve vulgar. Algo que deshace la imagen perfecta de una ruptura que estaba saliendo de una redondez novelesca.

Lo que perturba a Manu es que el mendigo haya podido quedar en la retina de Pamela. Igual ocurre con los relatos de los demás personajes: la obsesión de Pamela con que su exnovio no soportara su nombre; la narración de Tino de una relación fallida en la que tuvo que ocultar su ausencia total de deseo; o la agresividad de Ramo (Luis Sorolla) hacia aquellos a los que considera una amenaza: los otros, los pobres. 

El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.
El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.

Controlando la realidad

Los cuatro personajes de El mal de la montaña desean profundamente tener el control de la realidad a través de sus propios relatos. Es la realidad la que debe acomodarse al relato y no al contrario.

Algo parecido a lo que ocurre en las redes sociales. En las que los individuos toman la posición de relatores de sus propias vivencias en un marco virtual en el que solo cabe aquello que es válido al filtro de su discurso (el mendigo orinando queda fuera de la foto de Instagram).

Estos cuatro personajes ensimismados se reúnen en un lugar indeterminado que pudo ser algo en el pasado —el texto de Loza no tiene ninguna indicación ni acotación, ni espacial ni referente a ningún personaje—, quizá ahora venido a menos. Donde ellos se sienten protegidos, seguros, y desde el que hacen gala de esa honestidad que solo tienen los que no se plantean si hacen daño ni se preocupan de las consecuencias que pueden provocar sus palabras en los demás.

De ese intercambio surge un retrato crudo de nuestros días, de nosotros, de la parte más oscura de nuestra cotidianeidad y de toda una generación

El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.
El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.

El mal de la montaña: Atrapados por Santiago Loza

Tras conocer el trabajo de Santiago Loza en He nacido para verte sonreír, Francesco Carril y Fernando Delgado-Hierro quedaron atrapados. La crudeza, el humor negro y la poética tan particular que el escritor argentino destila con su estilo oscuro y lúcido en El mal de la montaña, lo convierten en uno de los autores más interesantes de la nueva dramaturgia contemporánea.

“Nos pareció que hablaba muy bien de una sensación que reconocemos a nuestro alrededor. De esa especie de ceguera con la que hoy en día arrojamos nuestra intimidad a los demás, sin importarnos si están preparados para recibirla o qué efecto tendrá en ellos”, explica el actor y codirector Fernando Delgado-Hierro. Y continúa: “El mal de la montaña es una fiesta de la pérdida. Una pieza llena de humor punzante que pone al descubierto nuestro lado más patético y miserable, nuestro narcisismo, nuestra ansiedad y nuestro carácter obsesivo.  Especialmente cuando todo esto aflora con fuerza tras las rupturas y el duelo amoroso.”

Esta es una pieza que habla del duelo. De cómo nos enfrentamos a él y cómo los fantasmas de los que ya no están se quedan con nosotros hasta que aprendemos a bailar con ellos”, apunta Francesco Carril, actor y codirector de El mal de la montaña.

“Lo interesante es ver cómo cada uno vive el duelo de manera distinta, cómo se enfrentan a esa ausencia. Manu está obsesionado con las imágenes, con lo sensorial; Tino con el deseo; Ramo con ser mirado, con que se le vea; y Pamela con ser nombrada.  Pero a la vez, cuando lees el texto, entiendes perfectamente que podrían ser cuatro voces de una misma cabeza”. 

El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.
El mal de la montaña. (c) Jose Alberto Puertas.

El retrato de la generación menos pudorosa de la historia

A través de la disección de sus cuatro personajes, El mal de la montaña funciona también como el retrato involuntario y mordaz de una generación marcada por la ansiedad y la exposición de su intimidad.

“Los personajes son obsesivos. Les preocupa la imagen que proyectan, su falta de deseo, ser vistos y tenidos en cuenta, les preocupa el lugar que ocupan en el mundo y temen perderlo todo y acabar en una mendicidad absoluta: sentimental, laboral, social… Y todo eso, curiosamente, les hace ser muy divertidos”, dice Delgado-Hierro. “A mí me gusta ver en este texto el lado más humorístico y patético del ser humano que atraviesa un duelo”, remata Carril. 

El mal de la montaña es una producción de Teatro Español y Buxman Producciones, con texto de Santiago Loza, dirección de Francesco Carril Fernando Delgado-Hierro, interpretada por Ángela Boix, Francesco Carril, Fernando Delgado-Hierro y Luis Sorolla, con diseño de iluminación de Paloma Parra, diseño de espacio escénico y vestuario de Paola de Diego y diseño de sonido de Sandra Vicente.

Imagen de portada de José Alberto Puertas.

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