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Entrevista a Ángela Boix: La viajante de las emociones

Xesco Simón

Ángela Boix es una actriz de la que siempre quieres ver más. Todo te sabe a poco. Personal, precisa, misteriosa y llena de personalidad.

Interpreta sin disfraces, artificios o fuegos artificiales. Le da significado al verbo estar. Su presencia pesa y se expande. Una vez has acabado de ver una de sus obras, sientes que la has conocido y te ha gustado hacerlo. Cuesta olvidarla.

Es fácil encontrarla en el teatro. Con el colectivo artístico Fango o en obras como Cluster, una obra de autoficción trabajada con material personal que pudimos ver en el Teatro Español. El año que viene la podremos ver en El mal de la montaña junto a Francesco Carril.

En cine la descubrimos de la ópera prima de Carlos Vermut, Diamond Flash. Ahora estrena La viajante, primera película de Miguel Mejías, que protagoniza junto a Miquel Insua. Su trabajo es el de una muñeca rusa de las que cuesta abrir. Un personaje que nos invita a que la acompañemos en un viaje con un destino particular. El destino eres tu mismo:

Hablamos con Ángela Boix

– ¿Dónde estudiaste?

Estudié interpretación en Réplika teatro, una escuela que llevan Socorro Anadón y Jaroslaw Bielski desde hace más de 20 años. A la vez también estudiaba periodismo en la Complutense. Se me daba muy mal, pero la acabé (risas).

– Muchos estudiantes de periodismo estudian interpretación, es curioso. ¿Por qué puede ser?

No sé muy bien por qué hay tantas actrices y actores que estudian o han estudiado periodismo. Quizá es porque también se cuenta una historia.

Con la interpretación, de la manera más subjetiva posible y con el periodismo buscando que sea de la forma más objetiva, aunque al final eso sea imposible.

También podemos decir que Periodismo es una carrera fácil. No es como hacer Filosofía. Me permitía compaginar los estudios de interpretación sin mucha dificultad.

– ¿Cómo ha sido la experiencia de rodar La viajante?

Ha sido fantástico. Estuvimos mucho tiempo deseando rodarla. Mucho tiempo con ese deseo. Cuando llega el momento de hacerlo realidad es muy emocionante. Pero se pasó muy rápido, porque fue un viaje muy intenso.

La viajante se rodó en las Islas Canarias. El hecho de estar allí, solo con el equipo de la película, hizo que se convirtiera en un viaje personal. De entrar en la película y no salir de ese mundo.

Fue una experiencia muy intensa, reveladora y emocional.

Ángela Boix en La viajante.
Ángela Boix en La viajante.

– Se rodó en las Islas Canarias pero por momentos parece que uno esté en el desierto de los Monegros o en el bar de una peli de Wim Wenders o Nicholas Windign Refn.

Sí, es muy bonito el trabajo que ha hecho el departamento de arte, el de producción por conseguir esas localizaciones y Miguel Mejías al rodar la película de esa forma. Lo bien que se ha usado todo. Lo explotadas que están esas localizaciones por parte del departamento de fotografía.

– A diferencia de tus personajes teatrales, tus personajes audiovisuales, como vimos en La viajante o Diamond Flash, de Carlos Vermut, pueden parecer contenidos. ¿A qué crees que se debe?

No lo sé. Creo que tiene que ver con los directores y directoras con los que trabajo. Con los que tengo afinidad. Con el cine que hacen. El cine que me gusta.

Creo que tampoco hay tanta diferencia entre el teatro y el cine porque al final estás contando algo de verdad. Lo que cambia es el lenguaje. El código. El registro en el cual se narra a nivel interpretativo. Al final es lo mismo. Conectar con una verdad íntima, estar ahí, en el presente, escuchar. Ponerte al servicio de la narración, de la historia.

Mijaíl Chéjov decía que era lo mismo trabajar para la cámara o para el teatro, pero que quizá en cámara favorece velar las emociones. Utilizaba la palabra velar.

La palabra contención puede confundir. Se habla mucho de contención, pero contener una emoción es algo raro, suena como a constreñir y creo que lo interesante es llevártela hacia un lugar específico, no negarla.

Es muy difícil saber quién eres. Y al final, nuestra vida no es más que saber narrarnos.

Ángela Boix

Por eso a mí me lleva a velar, y velar tiene que ver casi con hacer un dibujo. Es algo más sutil y, sobre todo, puesto en positivo.

En el caso de La viajante, el trabajo se centró en las muchas preguntas que nos hacíamos Miguel y yo. Preguntas muy existenciales, como: ¿Qué me pasa con la soledad? ¿Qué relación tengo con el hecho de que voy a morir? ¿Lo que deseamos y necesitamos es la misma cosa? Preguntas hacia mí misma.

No trabajé la construcción de un personaje propiamente dicho. Trabajé con las preguntas que nos hicimos sobre quienes somos. Cuando rodábamos tratábamos de responderlas.

Lo complicado del trabajo fue entrar en el mundo de Miguel. Entrar en su mundo poético. En su forma, silencio y tiempos.

Sus tiempos son lentos, necesitan un trabajo en el que hay que desacelerarse actoralmente. Lo contrario de producir cosas, gestos, emociones o pensamientos.

Era estar en su mundo con total compromiso y entrega a responder esas preguntas vitales.

Si hacía o daba más, era contraproducente. Construir mucho era contraproducente porque hay tanta información, tanta simbología en el plano, que no hacía falta nada más.

Ángela Boix
Ángela Boix

– ¿Cómo ha sido trabajar con Miguel Mejías?

Nosotros éramos compañeros de piso, ¿te lo puedes creer? (risas). No sé de qué manera surgió esto, pero teníamos muchas ganas de trabajar juntos. En ese momento yo solo hacía teatro. Llevaba mucho tiempo sin rodar nada y tenía muchas ganas. Lo echaba muchísimo de menos y se lo decía a Miguel.

Así que Miguel me dijo un día de hacer un corto. Tuvo una idea, la escribió en una tarde y al día siguiente la rodamos en casa. Recuerdo que hacía travellings con el carrito del baño (risas). A partir de ahí empezó todo.

Rodamos varios cortos en la casa, estábamos enganchadísimos. No podíamos parar de rodar. De alguna manera de ahí surgió la película.

Hicimos muchos cortos, como: Nocturnos, Ella y la ventana, Icelands… cortos que no se han movido y que de alguna manera eran un aprendizaje entre nosotros, como nutrir una relación, pero en ese momento lo hacíamos por placer y ya está.

Ahí comenzó a aparecer el personaje de La viajante. Una mujer que está sola, perdida en su casa, que no sabe muy bien quién es, que vive con un malestar. Deprimida. Sin saber realmente lo que le ha pasado.

– ¿Crees que la depresión es la pandemia del siglo XXI de la que no se habla?

Probablemente, y la ansiedad. Veo mucha ansiedad. Creo que está muy relacionado con la manera en la que estamos viviendo, ¿no? En relación a nuestro trabajo, al sistema económico en el que estamos en el que hay que producir, producir y producir.

Un filósofo coreano, Byung-Chul Han dice que, en el siglo XXI, tenemos tan asimilado el sistema neoliberal que no nos hace falta que nadie nos explote desde fuera. Nosotros somos nuestros propios explotadores. Nos auto explotamos.

Eso hace que no podamos descansar, que no dejemos de exigirnos producir. Muchos casos de ansiedad vienen de ahí. El síndrome de burnout, también viene de ahí. Trabajas permanentemente, te exiges ser un producto rentable. Tu proyecto eres tú y tú eres tu fábrica.

La depresión y la ansiedad está muy ligada a esto.

– ¿Tu personaje en La viajante estaría ahí? ¿Sería un ejemplo de este problema?

No. Ella vive un aislamiento total, pero de alguna manera representa ese estado. De limbo, de no saber quién es. De vaguedad, de falta de identidad. Es muy difícil saber quién eres. Y al final, nuestra vida no es más que saber narrarnos ¿no?

La viajante.

– ¿Cómo ves la figura de la mujer en el mundo del cine?

El cine es representativo a nivel social. El que a partir de una determinada edad tengamos problemas para encontrar trabajo no es algo que solo nos pase a las actrices. Que los personajes femeninos siempre estén interdependiendo de un personaje masculino es algo que ocurre en todos los ámbitos, pero en el cine es visible.

Es un tema que me enfada. Por eso me da tanta alegría conocer a personas como Miguel Mejías que hace personajes tan interesantes tanto para mujeres como para hombres.

Necesitamos personajes femeninos que no estén condicionados por la voluntad, la línea o acción dramática de un hombre. Una mujer no necesita ser “la mujer de”, “la hija de” o “la novia de” para tener carácter de personaje, para tener profundidad y capas.

– ¿Te quedan sueños por cumplir?

Claro. Sueño con seguir trabajando con la gente con la que ya he trabajado, que admiro un montón. Sueño con poder dedicar más tiempo a mis amigas y amigos, que pudiéramos encontrarnos.

Soy muy ambiciosa, me encanta mi trabajo y tengo muchas ganas de hacer mucho cine. De hacerlo con la gente que admiro. Volver a trabajar con Carlos Vermut, Belén Funes y Miguel Mejías, es muy placentero trabajar con él. Me encantaría trabajar con Isaki Lacuesta, Rodrigo Sorogoyen, Mar Coll. Con Fabia Castro tengo un proyecto de una película, su primera película. Es un proyecto precioso y el sueño por cumplir es hacer esa película.

Cuestionario furioso de Ángela Boix

Película favorita: Opening Night de John Cassavetes.

Serie favorita:  Heridas Abiertas de Jean-Marc Vallée para HBO.

Libro favorito: Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

Cómic favorito: From Hell de Alan Moore.

Cantante, grupo o músico favorito: Radiohead.

Artista plástico favorito: Goya.

Miedo tecnológico: Olvidar las contraseñas, las olvido siempre.

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