‘GRM Brainfuck’, la última bomba literaria

Sergio Márquez

En el mundo literario se escuchan explosiones, de vez en cuando, atentados terroristas de puño y letra cuya onda expansiva llega hasta el gran público y lo saca de su abotargamiento.

Ocurrió en los ‘60 con La naranja mecánica de Anthony Burgess, o, treinta años después, con American Psycho de Bret Easton Ellis o El club de la lucha de Chuck Palahniuk. Son superventas transgresores, males necesarios para levantar ampollas y despertar alguna que otra conciencia. El más reciente de ellos es GRM Brainfuck, una bomba de relojería diseñada por Sibylle Berg.

Sibylle Berg la mente detrás de GRM Brainfuck
Sibylle Berg la mente detrás de GRM Brainfuck

GRM Brainfuck: Un lugar entre la mugre

El primer par de décadas del siglo XXI no ha sido amable (y las siguientes no es que tengan mejor pinta). La brecha entre ricos y pobres se acentúa a velocidad de vértigo mientras el miedo a una violencia totalmente aleatoria e imprevisible se extiende por las calles. Occidente se tambalea al son de las trompetas de un apocalipsis cibernético donde lo personal es político y tu valía tiene mucho que ver con lo que te cuelga (o no) entre las piernas.

En este contexto se desenvuelve GRM Brainfuck. Lejos de esquivar la mierda, la observa y nos la presenta con todo lujo de detalles (que para eso es nuestra, a fin de cuentas). Por si te ves tentado a hacer la vista gorda, te pone la cochambre en las narices. Y su hedor no se marcha, por muchos videos de gatitos que mires en YouTube o fotos de cuerpos perfectamente torneados por Instagram. Sí, eso que sientes son náuseas.

GRM Brainfuck

La acción de GRM Brainfuck se centra en Rochdale, un suburbio de mala muerte al noreste de la ciudad de Mánchester. Ahí, una gran parte de la población vive literalmente en la mugre, en viviendas a un paso de la demolición, con trabajos precarios y ninguna perspectiva de mejora posible. Sus hijos se crían rodeados de abuso y violencia. La educación seglar de poco les sirve en un entorno absolutamente insalubre, donde la malnutrición es moneda corriente y el futuro un residuo negro en el fondo de una jeringuilla.

Cuatro miradas frente al vacío

GRM Brainfuck sigue la pista a sus protagonistas: Don, Hannah, Karen y Peter, cuatro niños perdidos en el país de Ninguna Parte. A través de ellos, Berg nos muestra la realidad de multitud de familias completamente desestructuradas, procedentes de diversos contextos que llevan todos al mismo sitio: la letrina de un país rico y que se presupone estable y avanzado.

El lector empatiza con estos cuatro preadolescentes, de manera que los golpes (tanto metafóricos como literales) que reciben resultan aun más dolorosos. La novela no es apta para estómagos delicados, y tampoco da respiro. Cada uno de sus capítulos puede considerarse como las partes de una autopsia. El cadáver en cuestión es la sociedad que propicia que Don tenga que preocuparse por su raza u orientación sexual, por ejemplo; o que mató a la madre de Hannah por falta de recursos médicos; o que arrastró a Karen a vender su cuerpo en busca de una miga de afecto; o que abusó sexualmente de Peter.

Sibylle Berg teje una madeja de personas que el lector habrá de ir deshilvanando, aun a costa de su tranquilidad de espíritu. Con un lenguaje directo y sin florituras nos cuenta una historia que hiere de tan realista. En su epicentro se encuentran cuatro alimañas cuya única esperanza es apretar los dientes, cruzar los dedos, y enfrentarse al abismo.

GRM Brainfuck es una novela de furia, por lo cual resulta apropiado que a nosotros, en particular, nos haya gustado tanto. Publicada originalmente en 2019 por la editorial colonesa Kiepenheuer & Witsch, fue galardonada con el Schweizer Buchpreis (el mayor galardón literario suizo) ese mismo año.

En octubre de 2020 fue traducida al castellano por Alianza Editorial, en su colección AdN.

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