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¿Por qué estamos polarizados? El eterno rojos contra azules

Estamos polarizados, de eso no hay duda. El tema es descubrir por qué y cómo la política nos ha traído hasta donde estamos. Para reflexionar sobre este tema, merece mucho la pena leer al periodista estadounidense Ezra Klein y su libro Por qué estamos polarizados, publicado en España por la editorial Capitán Swing y que nos ha dejado un nutrido número de ideas importantes rebotando en la cabeza. Aunque Klein se centra en la política nacional estadounidense en la que se mueve como pez en el agua; sus reflexiones son perfectamente aplicables a cualquier democracia.

Polarización política y social
©Shutterstock.

Nacho Vegas es uno de los letristas que mejor construye personajes. Son tan gráficas sus descripciones, que es imposible no imaginarse a todos esos actores poco memorables que pueblan sus canciones. Como Andrés, que vive solo en Madrid, escribe sonetos en latín y compra el ABC; o Marián, divorciada y liberal, que le hecha vodka al té y se siente culpable si no va a votar. O Raquel, que algo cree en Dios, que guarda un arma ilegal en el cajón de las bragas y siempre se presenta como: “Yo soy una hija de la Transición”.

Estas breves pinceladas de cada uno de los personajes de la canción de Vegas, seguramente no nos den demasiadas pistas sobre su estilo de vida, gustos o aficiones. Pero, creo que estarás de acuerdo conmigo en que sería relativamente sencillo responder acerca de sus orientaciones políticas e ideológicas.

Una sociedad polarizada y sus males

Nos encontramos en una sociedad altamente polarizada. La maquinaria política ha logrado establecer una correspondencia milimétrica entre las identidades personales y las identidades políticas. De esta forma, si estás a favor o en contra del aborto; crees en la necesidad del reconocimiento de la memoria histórica o; por el contrario, consideras que solo sirve para remover viejas heridas, será muy sencillo situarte en un lado o en otro del espectro político.

Las identidades políticas han abierto una indudable brecha en la sociedad, especialmente durante la última década. Tal es esa identificación, tanto estamos encerrados en esas identidades políticas, que tendemos a justificar casi cualquier cosa si consideramos que viene de los de nuestro bando; si está en nuestras filas. Esto cada vez va más de “nosotros” y “ellos”. Lo que deriva en una política chusca y barriobajera que se siente legitimada por los suyos, manteniendo siempre al enemigo claro en el horizonte. Una política del valetodo que no se siente en la obligación de rendir cuentas; que no tiene la necesidad de hacer uso de la persuasión porque sus audiencias ya están persuadidas hasta la médula. En definitiva, un sistema tóxico en el que se está perdiendo la fe a pasos de gigante.

Mezclamos problemas sistémicos con narrativas personalizadas. Los partidos y actores políticos mantienen un discurso radicalmente polarizado para dirigirse (y construir) audiencias polarizadas. Y ambos se retroalimentan. Mientras la política se polariza, la sociedad se divide. Y, al mismo tiempo, la política debe seguir polarizando el discurso para acariciar los oídos de sus acólitos de uno u otro bando.

La brecha partidista y la polarización

Tal y como explica Ezra Klein en su reciente libro Por qué estamos polarizados (Capitán Swing, 2021), la brecha partidista promedio, según un informe del Pew Research Center, ha aumentado de 15 puntos porcentuales a 36 desde 1994. Esto implica que los votantes demócratas y republicanos mantienen posturas cada vez más alejadas. Mientras, siguen siendo alentados por unas agendas de gobierno de los partidos cada vez más divergentes y enfrentadas.

De esta forma, la diferencias entre los votantes de un ala o de otra son más y más palpables. Las diferencias se subrayan con brocha gorda para que cualquiera pueda situarse de forma clara en un bando o en otro. Se echa más leña al fuego en aquellas cuestiones más polarizantes. Por ejemplo, la religión o las identidades nacionalistas; cuestiones que generan mayor hostilidad entre los grupos y acrecientan la intolerancia y división. Por otro lado, se tratan como temas menores cuestiones más desapasionadas como la política fiscal o la cultura.

¿Polarizados? El odio basado en la identidad política

En 1960, Shanto Iyengar, director del Laboratorio de Comunicación Política de la Universidad de Stanford, realizó una pregunta clave. Preguntó a los estadounidenses si se sentirían contentos, descontentos o indiferentes si su hija o hijo se casara con un miembro de otro partido político. Mientras que en la década de los 60 tan solo un 5 por ciento de los encuestados republicanos y el 4 por ciento de los demócratas aseguraban sentirse molestos con la situación.

Sin embargo, en 2008, los datos fueron totalmente distintos. En este caso fue la firma YouGov la encargada de realizar la pregunta masiva. El 27 por ciento de los republicanos y el 20 por ciento de los demócratas aseguraron sentirse molestos con un matrimonio entre partidos. Y, tan solo dos años después, en 2010, los porcentajes se dispararon hasta un 49 por ciento en las filas republicanas y un 33 por ciento en el ala demócrata. La polarización se había incrementado exponencialmente.

“Las cuestiones en juego en política, por supuesto, son muy reales: luchas sobre el dinero de los impuestos, ya sea para ir a la guerra, para reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, para aprobar una ley de atención sanitaria universal. Pero estas son cuestiones que requieren que pensemos y estudiemos mucho para conectarlas entre sí. Son cuestiones que existen en la parte de nuestro cerebro más recientemente evolucionada, cuestiones sobre las que hay que pensar para sentir. Conforme nuestras muchas identidades se funden en una sola megaidentidad política, estas cuestiones viscerales y emocionales van aumentando y con ellas nuestra disposición a hacer cualquier cosa para asegurar que nuestro grupo gana”, escribe el analista político y periodista estadounidense Ezra Klein.

Manifestantes pro Trump en 2020. Imagen: ©Agencia EFE.

Por qué estamos polarizados: un libro imprescindible para comprender el momento político actual

Estamos ante un libro imprescindible y revelador que puede cambiar la forma en la que vemos la política, pero también ofrecernos herramientas para ser más conscientes de la manipulación que conduce a la polarización. Aunque está centrado en la realidad estadounidense, el fenómeno de la polarización social y política sucede más allá de las fronteras estadounidenses y se extiende como una nueva dinámica global.

Luis Miller, doctor en Sociología, profesor del CSIC y uno de los mayores expertos en polarización en España, afirma en su prólogo al libro de Klein, escrito para esta edición en castellano, que en términos de polarización social y política lo que ocurre hoy en EE.UU no están “excepcional” como cabría esperar. “Por un momento, en enero de 2021, a través de las imágenes de la fallida toma del Capitolio en Estados Unidos, muchos creyeron ver cómo se confirmaban los peores presagios acerca de las consecuencias de la polarización. Pero el asalto solo era la culminación de un proceso de profunda división de la sociedad estadounidense que se llevaba gestando durante décadas, una historia que resume muy bien Klein en su libro, que nos da pistas para interpretar lo que ha ocurrido en otros países y nos permite especular acerca de lo que nos deparan los próximos años. Es probable que en esta década veamos imágenes como las del Congreso estadounidense en otros países, aunque en cada uno la polarización esté conduciendo a situaciones distintas”, explica Miller.

Por qué estamos polarizados nos ofrece las claves que se han venido desgranando durante los últimos 50 años para poder comprender todo y no quedarnos tan solo en los titulares. Y lo hace con rigor, sin caer en dramatismos ni lamentaciones. Una buena opción para regalar (o auto-regalarte) estas Navidades.


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