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‘Sangre y tripas en el instituto’: Kathy Acker nos enseña la cara más vergonzosa del ser humano

Kathy Acker fue una de las escritoras más rompedoras que ha dado la literatura. Blood and Guts in Highschool (Sangre y tripas en el instituto) impacta como pocas cosas. Abstenerse melindrosos, porque esta novela, vanguardista e ingeniosa, levanta un espejo sucio a la cara más vergonzosa del ser humano.

Cuando uno escribe, a veces experimenta la ilusión de transgredir o escandalizar con palabras. El escritor se siente extremo, en ocasiones, un rebelde violento desde la comodidad de su silla, pulsando las teclas del ordenador. Esto puede exaltar su vanidad, creerse un tipo o tipa dura, al margen de la sociedad. Kathy Acker, sin embargo, nos demuestra a todos que, en realidad, no tenemos ni puta idea.

La autora: Kathy Acker

Kathy Acker nació en Nueva York, en 1947. Abandonada por su padre antes de nacer y repudiada por su madre, su infancia no puede calificarse de fácil. Cuando, más adelante, siguió los pasos de su desaparecido padre, lo encontró en un hospital psiquiátrico y acusado de asesinato.

Pese a tales circunstancias, Acker reunió las pelotas (o, más bien, los ovarios) para perseguir su vocación literaria. Influenciada, principalmente, por W. S. Burroughs y el movimiento punk de su ciudad entre los años 70 y 80, se labró una carrera como ensayista, poeta, dramaturga, y novelista.

Acker llegó a convertirse en una de las banderas del feminismo prosexo, así como un icono de la poesía punk. “Blood and Guts in Highschool” (traducida como “Aborto en la Escuela”, en castellano) es su trabajo en prosa más reconocido, un acto de terrorismo escrito para el que el mundo no estaba (ni termina de estar) preparado.

Kathy Acker en el gimnasio. 1984 © Steve Pyke / Getty Images

La obra: Sangre y tripas en el instituto

La novela es un caos de forma y estilo que sigue las andanzas de Janey, una niña de diez años que vive con su padre pederasta en México. De estilo collage, combina fragmentos narrativos con diálogos teatrales y dibujos de una crudeza perturbadora.

Blood and Guts in Highschool (Sangre y tripas en el instituto) es un esfuerzo experimental que se caga en los muertos de la familia tradicional y le enseña el dedo corazón al patriarcado y al buen gusto. Narrada desde el punto de vista de Janey, duele y desgarra tratando asuntos tan poco halagüeños como el incesto o la prostitución infantil. Acker escribe sobre estos y otros temas sobre los que ni tú ni yo, ni nadie, se atrevería.

Ilustración de Sergio Márquez inspirada en la obra de Acker.

Janey relata en primera persona los sufrimientos que padece, explicándolos a su forma, la de una niña, lo cual acentúa el destrozo. Sus reflexiones infantiles derivan en historias ficticias sobre las cuales construye su realidad, o la hace más llevadera, acompañadas por esquemas y dibujos. Esta candidez al expresarse puede llevar a la risa, de vez en cuando, hasta que uno se toma un segundo para reflexionar y la hilaridad duele más, si cabe.

La novela no constituye una lectura fácil, ni mucho menos. Sin embargo, recompensa por su notable brillantez y habilidad para generar sensaciones en el lector, no importa cuán desagradables. El arte no siempre consuela, y lo estético no tiene la obligación de ser sinónimo de bello.

Su lectura

Entretener no es una función que cumpla este libro, pero su breve extensión lo hace llevadero y nos permite apreciarlo como lo que es: un atrevimiento de mucho mérito.

Por compararla con la pintura, la admiración que suscita “Blood and Guts in Highschool” es equivalente a la que uno siente cuando se para a observar un cuadro negro de Goya, o de Beksinski, con la misma cualidad descarnada, pero de una temática tristemente mucho menos fantástica.

La novela fue publicada en nuestro país por Anagrama en 1987. En 2019, fue reintroducida en la colección Panorama de Narrativas de la misma editorial.

Me atrevo a decir que Kathy Acker es un poco la madre de toda artista femenina actual que se precie. Nos quedamos con su fuerza, su grito, y su capacidad para removernos por dentro en una sociedad tan esterilizada como en la que vivimos.