‘La atadura de muerte y otros cuentos’, de Katharine Tynan: amor, fantasmas, arte y ratas
La biblioteca de Carfax comienza el año con muy buen gusto: La atadura de muerte es una recopilación de cuentos de terror postvictoriano en los que el miedo deja de ser espectáculo para volverse íntimo: casas que asfixian, cuerpos que enferman, vínculos afectivos que no se rompen ni con la muerte. Publicada en los márgenes del canon y hoy injustamente olvidada, esta recopilación de cuentos escritos por Katharine Tynan no busca sobresaltar, sino incomodar: su gótico es doméstico, emocional y profundamente político, porque sitúa el horror en aquello que durante décadas se llamó amor, matrimonio y cuidado.

La atadura de muerte: cuando los fantasmas no son los que asustan
En la vida nos han enseñado a temer a los fantasmas, a verlos como criaturas terroríficas y horribles destinadas a enloquecernos o a hacernos la vida imposible. Y seguro que hay alguno o alguna de ese tipo. Seguro que todas pensamos en algún que otro fantasma al que deberíamos temer… Pero los fantasmas de Katharine Tynan, aunque también pueden dar miedo (a algunos les da por ir por la vida sin cabeza…), están sobre todo ahí como una prolongación del amor, como lazos etéreos a sentimientos o emociones pasadas pero inmortales. O, incluso, como deseos incumplidos esperando ser abrazados.
En ese sentido, los fantasmas de Tynan reconfortan. Pululan por muchos lugares, no son temidos y resultan familiares para la mayoría. No dejan de ser como nosotros: seres que aman el arte, el calor del hogar, la familia, los buenos sentimientos y, a veces, la venganza.
Pero en los cuentos de Tynan no solo habitan fantasmas: todos están impregnados de ese oscuro folclore irlandés que tanto nos gusta, de criaturas marinas como las banshees o de la pasión por una buena pelea. Y si hay algo que la escritora pone en relieve es el valor simbólico de espacios como las casas, las iglesias o sus particulares estancias. Lugares cerrados que se convierten en personajes protagonistas y que, gracias a su habilidad gráfica para describir, sentimos que hemos estado ahí después de leer sus palabras.
La atadura de muerte: no es amor, es obsesión
Otro de los lugares en los que Tynan coloca el foco es el amor. En sus cuentos, el amor va de la mano con la muerte. Es un amor mayúsculo y transversal que pasa por la maternidad, la familia, el ego, la naturaleza, el arte, la belleza, lo sobrenatural y, cómo no, lo romántico. Pero este tipo de amor es diseccionado bajo la mirada del cristianismo, lo que impregna de toxicidad y obsesión todo lo que le rodea, algo que la escritora critica desde un lugar que puede resultar disimulado, pero que su afilada prosa acaba revelando.
Su amor sobrevive a la muerte, a los amantes, al espacio y al tiempo. Sus lazos afectivos son irreversibles. De alguna manera, amor y muerte se miran a la cara y terminan conviviendo en armonía.
Sus hombres son básicos, obstinados, pasionales, caprichosos, poderosos y tradicionales; son sus personajes femeninos los peculiares, mágicos y misteriosos. Sus mujeres tienen secretos de los que la autora decide contarnos tan solo algunos. Resulta muy interesante cómo Tynan diferencia la mirada que existe entre cómo se miran las mujeres a cómo estas son vistas por los hombres: básicamente como simples piezas de belleza que colocar en estanterías y colecciones de trofeos.

El terror de Katharine Tynan
Sus cuentos son adictivos. A diferencia de otros relatos de terror gótico que pecan de redundantes y barrocos, los de Tynan son cristalinos, cargados de belleza y de una claridad que contrasta con la oscuridad de lo que cuentan. Da la sensación de que escribe con esa facilidad y sencillez que solo algunas grandes figuras de la literatura consiguen alcanzar (exquisita traducción de Shaila Correa).
Además, su terror no es obvio ni complaciente. Prácticamente no se nota. Cuando lo sientes ya es demasiado tarde: se ha ido filtrando en ti poco a poco, sin que te dieras cuenta.
Relatos como El pequeño fantasma estremecen, y el terror que contienen puede empezar a notarse varios cuentos más tarde. En este caso, su imagen final (preciosa y terrible) se vuelve más nítida con cada recuerdo que reaparece de forma intrusiva. El cuento que da nombre a la recopilación, esconde bajo una maldición la ensoñación en la que cualquiera puede encontrarse en algún momento de su historia amorosa: esa en la que ya no llega a reconocerse. Una noche en la catedral confirma que la angustia y el vacío de no conseguir el amor anhelado pueden devorarte a pequeños bocados, como si de ratas se tratase. Y en Un combate seremos espectadores de una de las luchas más originales jamás escritas.
En definitiva, La atadura de muerte y otros cuentos es una lectura que no solo entusiasmará a las y los amantes del terror gótico, sino a cualquiera que se apasione por la buena literatura y quiera descubrir la mirada situada de una escritora talentosa, eclipsada por las sombras mediáticas y canónicas de su época. Katharine Tynan no escribe para asustar: escribe para recordarnos que, a veces, el verdadero horror no viene del más allá, sino de aquello a lo que llamamos amor.
Sobre Katharine Tynan
Katharine Tynan (1859-1931) fue una escritora irlandesa que destacó tanto en la novela como en la poesía. Nació en Clondalkin, un barrio de Dublín, y fue educada en un convento, donde empezó a escribir desde muy joven. Esa educación religiosa marcó bastante su obra, especialmente en la forma en que reflexiona sobre la fe y la moral.
Aunque era católica, se casó con un abogado protestante inglés y pasó muchos años viviendo en Inglaterra. Aun así, nunca perdió el vínculo con Irlanda ni con su vida cultural. Fue amiga de figuras importantes de la época, como W. B. Yeats o Charles Stewart Parnell, lo que la situó muy cerca de los círculos literarios e intelectuales del momento.
Formó parte del Renacimiento Literario Irlandés y en sus textos se preocupó por temas sociales muy presentes en su tiempo, como la causa feminista, la pobreza o las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Todo esto aparece mezclado con una mirada muy personal sobre la religión y la experiencia cotidiana.
Fue una autora muy prolífica: escribió más de cien novelas, además de relatos cortos, teatro y biografías. Entre sus obras más conocidas destacan An Isle in the Water, Louise de la Valière and Other Poems y Shamrocks.
Imagen de portada de Rafael Martín Coronel.
