‘La princesa prometida’: ¿libro o película?

Recibí más respuestas sobre La princesa prometida que sobre todo lo demás que hice, todo tipo de extrañas cartas efusivas. Algo en La princesa prometida afecta a las personas.

William Goldman.

Puede que sea el amor. ¿Cómo no? Pero, ¿qué historia de amor? ¿La que aparece como en el libro original de 1973? ¿O la de la mágica película que el mismo Goldman, guionista a la par que escritor, adaptó para ser dirigida por Robert Reiner y protagonizada por Robin Wright y Cary Elwes, con banda sonora del mismísimo Mark Knopfler, en 1978?

Aquellos que habéis llegado al contenido del artículo a través de la nostalgia, conocéis la respuesta.

Para mí también es un recuerdo de tardes de cine, esa película sobre un cuento transmitido de padres a hijos, y luego de abuelo a nieto. Ese rito eterno para reforzar vínculos familiares, que es quizás lo menos recordado del filme.

Porque la historia que despliegan Goldman y Reiner ante nuestros ojos es pequeña pero ideal. Y nos deslumbra.

Se nutre de los más puros sueños de felicidad comunes a toda la Humanidad. Para satisfacer el deseo de dar cuerpo a estos arquetipos de la imaginación es por lo que nace la literatura de fantasía. Es el material del que están hechos todos los cuentos del mundo.

La princesa prometida.
La princesa prometida.

Lo Perfecto, en definitiva, como recién extraído del horno del Mundo de las Ideas de Platón.

Espadachines y piratas, aventuras, el triunfo del Bien sobre el Mal, de la Vida sobre la Muerte, la amistad y la determinación, el felices para siempre, y sobre todo, el Amor Verdadero. Todo condensado en la frase que Wesley le dice a Buttercup, “como desees”, que en realidad significa “te amo”.

¿Qué es el amor ideal sino ofrecerte cuanto puedas desear?

Goldman versus Goldman: del libro a la pantalla

Veámoslo. Porque Goldman es un escritor de fina ironía que conoce la diferencia de los medios, pero debió sentir que tenía un mensaje a transmitir.

William Goldman.
William Goldman.

El caso es que retrasé bastante la lectura del libro, tal vez bajo el erróneo supuesto de que su esencia no se transformaría demasiado.

Extensión o modificaciones para dejarlo en su quintaesencia, pensé, como pasó en El Señor de los Anillos, pero sin variar sustancialmente.

Y no ha podido sorprenderme más.

Para empezar, el texto original de la Princesa Prometida es un cuento de otra índole: el Goldman guionista sabe que, para Hollywood, la industria de los Sueños, la baja tasa de atención del espectador promedio y la competencia con las películas de acción exigen algo rápido, sencillo y luminoso. Algo muy digerible, espectacular.

Robin Wright y Cary Elwes en La princesa prometida.
Robin Wright y Cary Elwes en La princesa prometida.

Así que se concentra con premura en la parte del cuento de hadas: los ambientes exóticos, los sentimientos y las peleas épicas, el happy ending, sin complicar la narrativa. Y funcionó.

Pero el Goldman escritor se desquita de ese ritmo para hacer un texto más extenso y oscuramente juguetón, aparte de un soberbio ejercicio de metarrealidad triple, bastante sorprendente.

Conserva un lenguaje tan directo y cotidiano como el de un guion, pero ahí termina el parecido.

De hecho, da la impresión de que, como broma privada, el libro pretende mostrar el farragoso proceso que puede haber tras la edición de cualquier guion. Y lo complicado – y errático- que puede ser depurar un texto cualquiera para llegar conservando algo de mensaje a unos oyentes que solo desean ser entretenidos.

Así encontramos 3 niveles: una descripción del libro original y el proceso de Morgenstern, su imaginario escritor; la historia de cómo se cuenta al final, y el cuento en sí.

Trabajos de amor ¿perdidos?

Hago el juego con el título de la comedia de Shakespeare porque si algo tiene el libro es que recuerda bastante a esas comedias de enredo de corral de espectáculos isabelino.  Donde ocurren varias tramas de forma simultánea y hay que estar atentos a todas para entenderlo hasta llegar al final. Y conserva ese sentido del humor, aunque este sea más sutil y adulto. Recalco el adulto, porque ahí está el quid de todo. Y si recordáis la película, es irónico.

O no.

Porque así lo hemos hecho siempre: engastar una experiencia vital de duras experiencias y emociones, en la sencilla trama de un cuento donde todo sale bien al final. Diseñado para conmover y guardarse en el recuerdo, junto con el ritual de la lectura y su emisor, de un niño. También del que recordamos haber sido y aún llevamos dentro.

Y es un trabajo de amor.

Teatro o corral de comedias isabelino.
Teatro o corral de comedias isabelino.

Goldman aprovecha el lujo del ritmo más pausado de la literatura para presentarse como parte de una familia ideal que dista mucho de ser la que tuvo -como en muchas otras cosas del libro, los detalles narrados no coinciden con la realidad-, en la que solo es el transcriptor del cuento de Buttercup y Wesley.

Mezcla realidad con ficción contando como durante una convalecencia su padre cambia el transcurso de su vida leyéndole un libro originario de su país natal, Florin. El mismo del libro, que proclama verdadero -cosa improbable-.

La princesa prometida: relato clásico de amores verdaderos y grandes aventuras.

Por S. Morgenstern, nativo florinés -que tampoco pudo existir, por lo que Goldman es el auténtico escritor-, con muchos rodeos y sentido del humor, describe como gracias a esto comienza a obsesionarse con la lectura y la escritura, convirtiéndose en exitoso guionista.

Acordándose de esto, desea regalar el libro a su hijo, tarea ardua por lo oscuro del texto, pero lo consigue.

Se lleva una decepción cuando este lo abandona en la primera página. Entonces lo relee para ver que falla y descubre con sorpresa la verdad: su padre no le había leído el libro tal cual, sino que le había ahorrado las partes de estilo más enrevesado y políticamente satíricas- muy similares a las de Los Viajes de Gulliver de Swift-.

Es entonces cuando decide editarlo para publicar una versión idéntica a la que recuerda -o sea, la película, prácticamente, que también nos ahorra todo esto-.

Pero leerlo es un ejercicio bastante divertido.

La novela de La Princesa prometida.
La novela de La Princesa prometida.

Con todos esos rodeos y casualidades vitales que recuerdan bastante al proceso de cómo se debe construir un guion -de hecho, hay uno bastante largo que incluye al mismo Stephen King, guiño bastante gracioso porque Goldman trabajo con él, seguramente de forma muy parecida, adaptando el guion para la exitosa versión de Misery-. O los guiños al estilo de los libros antiguos.

O las bromas privadas de Morgenstern con las apostillas anacrónicas entre paréntesis, que según Goldman indican que esa parte no puede ser real, y que por cierto recuerdan mucho a las existentes en el Hobbit sobre la invención del golf, por ejemplo.

Con más insertos sobre las partes eliminadas por su padre, el resto es más o menos lo ya conocido: como en un país llamado Florin se desarrolla la historia de amor de Buttercup y Wesley, con el artero heredero al trono de enemigo y su consejero el hombre de seis dedos.

Y como estos conocen a sus aliados Fezzik, el tierno gigante y al voluntarioso espadachín español Iñigo Montoya, empeñado en vengar a su padre asesinado.

Y entonces llegamos al final… ¿Feliz? No.

La edición del 25º aniversario

Porque la edición que cae en mis manos es posterior a la reedición del 25º aniversario.

Estuvo bien esperar tanto para leer este libro, y sin duda, es lo que os recomiendo: leer esta reedición o posteriores.

Ya hemos mencionado el irónico sentido del humor del escritor. Y su delicioso metajuego.

Este sentido del humor es patente cuando se extiende en uno de sus extraños apartes para perjurar que él no ha aportado nada, quitando los arreglos que se limitan a eliminar, al texto de Morgenstern. Falso, porque este no existió y el que escribe es Goldman.

Afirma que llegó a escribir algo original para la reunión de Wesley y Buttercup, pero al final el que aparece es el de Morgenstern.

Anima a los lectores que deseen leer ese capítulo, que le manden una carta y se compromete a enviarlo. Pero cuando algunos lo hacen, estos reciben una carta llena de rodeos explicando los problemas legales que impiden que ese texto pueda ser publicado de ningún modo.

Años más adelante aporta una dirección online donde afirma que puede leerse, pero nuevamente esta contiene las cartas.

Actualmente, no existe, pero sí se puede pedir por e-mail este contenido… para recibir las cartas.

Pero también tiene sentido de la seriedad.

Edición de La Princesa prometida con dos prólogos (25 y 30 aniversario). Editorial Ático de libros.

Hay un mensaje clave que Goldman considera importante transmitir, y se encuentra en tres momentos del libro. Dos de ellos se conservan en el filme, pero el ligero cambio del final hollywoodense, radiantemente feliz, diluye ese mensaje.

Es lo que hacen radicalmente distintos libro y película.

La película que amamos es, exclusivamente, el fuego de artificio de las ilusiones cumplidas del cuento de hadas.

Y es algo sobre lo que debió de meditar años después, con lo que llegamos a la reedición del 25º.

El bebé de Buttercup

En ella se añaden un capítulo que prometía formar parte del guion de una segunda parte, llamado así: El bebé de Buttercup. Esa segunda parte jamás llegó.

Describe su creación con una de sus extravagantes introducciones que implica al mismísimo Stephen King y donde menciona otra vez los problemas legales para intervenir en el material de Morgernstern para la segunda parte, que nunca deja de prometer.

Estoy convencida de que forma parte de su extraño sentido del humor, y del mensaje del que hablábamos a la vez, todo por fin confluyendo.

Sobre todo, teniendo en cuenta el contenido y que uno de sus impactantes subtítulos es Fezzik Muere. Así, tal cual.

¿Cuál era el mensaje de este cuento, en definitiva? La vida no es justa.

Me impactó cuando lo leí, porque es radicalmente distinto al que transmite la película.

Tres momentos, dos en la película. El primero es el del sueño de Buttercup. En el filme se ve el impacto del niño, pero pasa muy rápidamente. En el libro se extiende muchísimo sobre ello. Sobre la indignación que vive el pequeño Goldman cuando su padre lee la parte donde tras de tantos problemas Buttercup se casa con otro, aunque luego se sortea con que todo fue un sueño.

Ahí recalca la frase: Fue donde empezó a molestarme esa sensación: la de que la vida no es justa.

Imagen del sueño de Buttercap. Margery Mason y Robin Wright en La princesa prometida. 1987, TM & Copyright 20th Century Fox Film Corp./courtesy Everett Collection, PRB 004, Foto de: Everett Collection.
Imagen del sueño de Buttercap. Margery Mason y Robin Wright en La princesa prometida. 1987, TM & Copyright 20th Century Fox Film Corp./courtesy Everett Collection, PRB 004, Foto de: Everett Collection.

El segundo es el de la muerte de Wesley, tras la peor tortura del mundo. Pensémoslo, el héroe muere, y así, aunque vuelve a salvar el tema un giro de cuento. Pero la impresión queda.

Aunque no es lo peor. La tortura la lleva bien, hasta que Humperdink le dice: si vuestro amor es verdadero, sois afortunados. Habéis sido más felices que nadie. Por eso será mayor que ninguna tu desgracia al morir.

Qué rayos injusta, la vida lo que es a veces es una maldita…

El tercero, y ya inquietante, es el mismo final del libro.

Está la huida con los caballos blancos, pero no remata con un beso inmortal. Fezzik, que es fuerte y de corazón de oro, pero no muy listo, ha de decidir angustiado en una encrucijada el camino a los barcos.

Iñigo ha obtenido su venganza, pero queda herido y pierde tanta sangre que se desvanece, si no recibe ayuda pronto morirá.

Wesley también se desmaya debido a la tortura y es posible que muera, mientras lo sujeta al caballo Buttercap. Y el autor nos deja EN LA DUDA de que ocurrió.

Sí. Dice que PROBABLEMENTE Fezzik consiguiera acertar, pero también es posible que no, y deja al lector que tenga la idea que desee… probablemente lo consiga, ¿verdad? Muy al estilo del magnífico relato de Stockton La Dama y el Tigre.

Iñigo Montoya, Vizzini y Fezzik.
Iñigo Montoya, Vizzini y Fezzik.

Yo creo que consideró que el lector encantado con el cuento no llegaba a captar el mensaje.

El bebé de Buttercup nos cuenta como resumen que apenas un año después del reencuentro de los amantes, este produce una niña, Waverly, cuyo parto mata a su madre.

Imaginaos a Wesley.

También narra el pasado de Iñigo Montoya, que mientras estudiaba obsesivamente el arte de la esgrima conoció el amor en brazos de la mujer perfecta para él. A la que tuvo que decidir renunciar para siempre en pro de conseguir su venganza.

Y, por último, en el apartado Fezzik muere, narra como un loco sin piel secuestra a una Waverly de pocos años.

Amor verdadero

Fezzik es su protector y niñera desde hace mucho, y cuando el loco en su huida arroja a la niña al vacío, este sin pensarlo dos veces se arroja para agarrarla al vuelo e intentar protegerla con su corpachón de gigante del impacto.

El relato inacabado termina con Fezzik a punto de impactar mientras hace muecas a la niña para distraerla. Y recordemos el nombre…

Y nuevamente, el autor nos dice: pero no sabemos cómo acaba. Tal vez no ocurra. Y creo que el autor lleva razón.

Es una moraleja que estaría bien que nos contaran cuando somos pequeños, cuando nos preparamos para vivir.

La vida no es justa.

La princesa prometida poster.

Y me parece una forma increíblemente dulce, aun con su crudeza, la manera que busca para que un padre se lo comunique a sus hijos.

Como introduce la decepción y el dolor más terrible en este cuento que es perfecto, pero tiene por eso mismo su contrapartida en pérdida.

No es justa, pero ¡eh! Aún eres un niño. O te queda la imaginación. Medita sobre ello porque es un aprendizaje importante, soportar la frustración, esperar el dolor o que cosas terribles pueden ocurrirle a gente más o menos decente, pero… no pasa nada, esto es solo un cuento. Con suerte, no.

Solo medítalo.

¿Buen o mal final?

Probablemente, no es la historia que desearíamos para la película. Pero sí el cuento que no suele existir y que necesitamos en la infancia.

Y lo transmite con toda la ternura, con toda la indulgencia, que solo puede tener alguien que quiere lo mejor para ti. Lo hace, aunque sea duro, porque quiere lo mejor para ti.

Sin duda, y aunque en una acepción distinta, merece la pena acercarse a esta historia de Amor Verdadero, que nos deja esta moraleja.

Si puedo, te protegeré. Si está en mi mano, será como desees.

Pero tal vez, tal vez no pueda. Tal vez nos ocurra algo terrible, o injusto, o haya que renunciar a algo. Porque la vida puede ser así.

Pero como el cuento en todas sus variantes, merece la pena. Buen trabajo, señor Goldman.

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