‘La vampira de Barcelona’. Un poema sórdido sobre la perversión humana

Cristina Sierra

La vampira de Barcelona, dirigida por Lluís Danés, su primer largometraje, es un thriller de época basado en hechos reales. Una de las primeras películas que se esperaban con más ganas por los fieles al Festival de Cine de Sitges. Aunque no será una de esas cintas que se te queden en la retina, merece la pena echar un vistazo a La vampira de Barcelona (2020) por la forma onírica con la que narra uno de los sucesos más escabrosos y oscuros de la Barcelona de principios de siglo XX.

La vampira de Barcelona nos acerca a uno de los casos policíacos más macabros de la Barcelona más oscura. Resulta una historia muy bien envuelta en una lograda estética gótica e industrial. Es una especie de cuento clásico que nos sumerge en una sucia fábrica a pleno rendimiento. Una industria de vicio y perversión que devora a todo aquello que cae en su decadente cadena de producción. Con esta película, nos atrevemos a mirar por la mirilla y nos convertimos, por un rato, en voayeurs de las perversiones y la vileza humana.

Fotograma de la película ‘La vampira de Barcelona’. Imagen: Lucía Faraig.

‘La vampira de Barcelona’ ¿Quién fue Enriqueta Martí?

Enriqueta Martí fue una curandera y prostituta que vivía en los bajos fondos de Barcelona en 1912. Se la acusó de secuestro, explotación y asesinato en serie de menores, así como de elaborar ungüentos con los flujos corporales de sus víctimas para venderlos a las clases altas de la
ciudad. Su caso fue uno de los más escabrosos, y también mediático, de aquella época en la Ciudad Condal. Fue la prensa la que le adjudicó el apelativo de ‘La vampira de Barcelona‘ o ‘La vampira del Raval’.

Se dice que Enriqueta Martí era una proxeneta de menores que prostituía a niños y niñas de 5 a 16 años en los prostíbulos más lujosos de Barcelona. Los rumores de que alguien se llevaba a los niños de las calles del Raval fueron cobrando fuerza entre la población hasta el momento culmen: la desaparición de la niña Teresita Guitart, de familia adinerada, caso seguido muy de cerca por la prensa y la ciudadanía; caso que llevaría hasta la acusación de Enriqueta Martí.

Pero, parece ser, que Enriqueta no estaba sola en el negocio de prostitución de menores. Ni mucho menos. Algunos de los rostros y nombres más conocidos (y respetados) de la burguesía catalana, la policía, e incluso los dueños de medios de comunicación, estarían implicados en la trama. Se dice que Enriqueta fue la cabeza de turco para evitar que el foco recayera en la Barcelona burguesa y modernista, en la gente rica e influyente que regentaba los burdeles infantiles. Nunca lo sabremos a ciencia cierta.

La película La vampira de Barcelona nos acerca a esta historia de perversión humana y a la lucha del periodista Sebastià Comas por sacar la verdad a la luz. Es la historia de la fabricación premeditada de un monstruo para tapar a los monstruos más terroríficos. Dos mundos opuestos que se tocan en la perversión. Tal para cual, igual de siniestros.

Sobre los vicios inconfesables del dinero

La vampira de Barcelona es una delicia visual que combina con maestría dos estéticas para separar visualmente ambos mundos: el de la alta burguesía y el de las clases populares. Colores más intensos y saturados para el mundo más popular, que toma como referencia la pintura expresionista germánica. Y el otro, el de la burguesía, que nos lleva hasta referentes pictóricos como Ramón Casas, Francesc Masriera o Rusiñol.

Esplendor y lujo que contrasta con la pobreza convertida en hábito en el barrio del Raval (una recreación particular del director) con la suciedad y la sordidez que puebla sus calles. La película es capaz de hacernos partícipes de todo este submundo de perversiones, necesidad y desesperación que pone a las clases más pobres al servicio de la satisfacción de los vicios más ocultos y perversos de las élites, de los vicios del dinero.

Fotograma de la película ‘La vampira de Barcelona’. Imagen: Lucía Faraig.

En esta película, además de una historia más que interesante, encontrarás una fotografía cuidada al detalle, un guion ágil y bien hilado y las interpretaciones de grandes actores y actrices de la escena catalana como Roger Casamajor, Bruna Cusí, Nora Navas, Sergi López, Francesc Orella y una excelente (aunque breve) interpretación de Pablo Derqui, sin olvidarnos de las apariciones estelares de Albert Pla.

Una de las primeras películas que hemos podido ver de la programación del Festival de Sitges y que nos ha dejado buen sabor de boca. Queremos más y esperemos que lo que llegue sea aún mejor.

Saludos furiosos.

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