Los “influencers” deberían estar en las aulas

Silvia Panadero

En los últimos tiempos y, por motivos obvios, no se deja de hablar de profesores, alumnos, colegios, universidades e institutos. Esto es algo lógico teniendo en cuenta las circunstancias. Sin embargo, es una pena que sea el único motivo por el que la educación pasa a ser un punto de importancia capital en las agendas políticas de las comunidades autónomas y en los medios de comunicación.

Es fácil jactarse de lo mal que funciona nuestro sistema educativo. De los resultados estadísticos que tienen nuestros estudiantes cuando se comparan con los del resto de Europa. España, ese imperio en el que nunca se ponía el sol, lleva décadas siendo la cola renqueante de una Europa que nos sobrepasó en materia educativa hace mucho tiempo.

Más que los profesores y docentes, los protagonistas casi absolutos de la educación de la mayoría de jóvenes son, normalmente, menores de 30 que están haciendo carrera en Youtube, Instagram o TikTok, o que son grandes estrellas del deporte, el cine, la televisión o socialités.

La edad no es un factor relevante, pero sí lo es el modo de vida al que se incita a los más inexpertos en esto de respirar. Si tu mayor referente cuando tienes 12 años es Dulceida, lo más lógico es que quieras seguir sus pasos para poder tener la vida que ella muestra que tiene en Instagram. No en vano, se ha intentado profesionalizar lo de ser influencer, ya que miles de chavales quieren dedicarse a ello de manera seria.

¿Cómo «conectar» con los jóvenes?

Además de una reforma consistente (e intocable por los sucesivos gobiernos) del sistema educativo, también sería necesario formar a los docentes o que éstos optaran por cambiar los modos de enseñar de forma generalizada.

Si se quiere conectar conscientemente con los jóvenes, no hay más que acudir a las plataformas mencionadas y observar con detenimiento cuáles son las fórmulas que hacen a Paula Gonu, Rubius o AuronPlay atraer a tanto público.

En un inicio está la edad, no es lo mismo un señor de 40 años que un chaval de 20. Transmiten mucha más cercanía, por esto y por su modo de hablar más coloquial. Está claro que un docente es una figura de autoridad, y que muchas veces el “colegueo” en las aulas puede estar penado porque te tomen por el pito de un sereno. Se trataría de intentar encontrar una estrategia que haga que, con algo de tiempo, el profesor se gane a esos alumnos y les explique las cosas de una manera más atractiva.

El ejemplo de la youtuber Ter

La youtuber, Ter, puede ser un ejemplo de esto. En su canal trata una gran diversidad de temas, desde conflictos de socialités, pasando por principios arquitectónicos, hasta la relación entre la civilización minoica y las Kardashians.

Hacer comparaciones de este tipo, que aparentemente, no tienen nada que ver, puede ser una muy buena forma de convertir el discurso docente en un foco de atención importante, que suscite el interés y la curiosidad de los estudiantes.

Contar historias o anécdotas sobre los temas que se tratan, especialmente en asignaturas que se presten más a ello, como Historia, Lengua y Literatura o en los idiomas, es un plus. Además de incluir contenido audiovisual en las explicaciones (si no puedes con el enemigo, únete a él).

Ya que parece que no hay solución a corto plazo a las leyes educativas que cambian con el rumbo de los votos, los profesores pueden tener un filón en intentar copiar algunas formas de hacer de los influencers para atraer a sus alumnos. Obviamente, siempre extrapolando y adaptándolo todo al entorno lectivo.

Si vemos a esos chicos y chicas adolescentes como público objetivo, y se hace una especie de estudio de mercado, se podría conseguir dar con temas de interés comunes al aula y con métodos para conseguir más implicación por su parte, en un contexto en el que prestar atención es lo último que hacemos tanto jóvenes como adultos.

Pese a todas las horas lectivas que tenemos en nuestras vidas, la mayor parte del peso de la educación recae sobre los padres. Es necesario cierto interés, o formación, por este lado para que sean conscientes de qué suponen las redes sociales en las vidas de sus hijos y se alineen de parte de los docentes, ya que su objetivo debería ser común: proporcionar una educación de calidad, sensata y consciente.

Clases que llamen la atención y sean útiles

No hace falta recalcar que el contenido que ofrece Dulceida va a ser, a priori, más interesante que el que se pueda dar en clase de Lengua, pero se debería hacer un esfuerzo conjunto para lograr que las clases llamen la atención y sean realmente útiles. No basta con cumplir con los itinerarios formativos, si al final no aportan conocimiento práctico y real para la vida o si no se introducen las materias con un contexto que ponga en valor su importancia y necesidad.

Los influencers deberían estar en las aulas porque, aunque podamos convertirnos en los más cultos usando internet, la red está plagada de bulos e información no contrastada, o poco fiable, y es importante inculcar un gran espíritu crítico desde edades tempranas para evitar que sean víctimas de lo online.

Y, por supuesto, los mayores referentes de un joven en su etapa formativa deberían ser aquellos que les van a dotar de los conocimientos necesarios para poder afrontar las cuestiones prácticas de la vida y desarrollar un criterio propio.

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