‘Love Me’: las relaciones heterosexuales y su representación intergeneracional

La miniserie australiana Love Me, aborda tres historias de relaciones heterosexuales. Dirigida por Emma Freeman y estrenada en 2021. Basada en la serie sueca homónima de Josephine Bornebusch. Una teleserie emotiva y entretenida con luces y sombras.

El amor romántico y las relaciones afectivas son un pilar fundamental para la construcción argumental. El amor es el centro de diversas creaciones artísticas. El arte, en cualquiera de sus manifestaciones, se sustenta generalmente en el concepto etéreo del amor.

Ámame, un trampantojo en singular e imperativo

El título de la serie traducido al español suena como una orden imperativa. “Ámame”. No obstante, este no es el concepto de relación afectiva que expone la teleserie. A pesar de su representación heteronormativa y monógama, se esboza un concepto del amor más diverso a otros niveles.

Otra de las series australianas que abordan dicha temática es The End (Sky, 2021). En esta, se construye una mayor diversidad de orientaciones sexuales. Incluyendo la bisexualidad en el sector etario de la tercera edad. Otras como la estadounidense Modern Love (Amazon, 2019) esbozan las relaciones modernas. El neoliberalismo, las nuevas tecnologías y las diferentes fórmulas románticas.

Love Me.
Love Me.

En Love me, las tres relaciones protagonistas son heterosexuales. Con la salvedad de la mejor amiga de la protagonista que es homosexual. El personaje secundario imprescindible de Sacha, encarnado por Celia Pacquola. Este personaje forma parte de un matrimonio interracial, con una hija. Respecto a las parejas protagonistas, todas siguen la misma línea heteronormativa y monógama de la serie sueca homónima.

Lo más destacable de la serie es la forma de abordar las relaciones. Los tiempos establecidos por el sistema normativo son desmantelados por completo. Se reflexiona sobre la idea de que en las relaciones y los sentimientos no existen las reglas.

Love me: Una representación intergeneracional genuina

El triángulo protagonista está formado por padre, hijo e hija. El padre es Glen, interpretado por un brillante Hugo Weaving. Incuestionable papel cuyo personaje es el más redondo y transgresor. Su hijo adolescente, Aaron, es interpretado por William Lodder. Mientras que la hija adulta Clara, es encarnada por una también sobresaliente Bojana Novakovic.

Bojana Novakovic, Hugo Weaving y William Lodder en Love Me.

En este sentido, el aspecto más original reside en la ruptura de las expectativas. Los sectores etarios representados, siguiendo los patrones normativos, seguirían una tendencia evidente. Sin embargo, esta tendencia se ve desmantelada por el planteamiento de las relaciones. Las protagonizadas por Clara y Aaron siguen una línea más conservadora que la de su padre.

Dentro de la propia relación de Clara con Peter, también se encuentra una inversión en los roles de género. La protagonista rompe con los estereotipos comunes y se aleja de la dependencia emocional. Ella es la incógnita de la ecuación que más cuesta resolver. La complicada e independiente. Frente al hombre que busca una relación estable y conservadora. Así mismo [cuidado, SPOILER], es ella la que finalmente decide salir (literalmente) corriendo a buscarle. Para así poder tener una segunda oportunidad.

Love Me.
Bojana Novakovic en Love Me.

Aunque se perpetúan múltiples clichés románticos, es interesante el modo de representarlos. Respecto a Aaron, su relación tóxica queda relegada a un segundo plano. Una trama que fácilmente puede calificarse como secundaria. Sin embargo, también se encuentra una representación original de la masculinidad. Donde es él el que busca una relación más romántica. Donde la sensibilidad y las emociones son características esenciales del personaje.

La tercera edad y las relaciones románticas (y el sexo)

El padre, Glen, acaba de perder a su mujer. La cual ha fallecido tras años enferma. Aunque la audiencia espera que este sector etario sea el más conservador, la expectativa se rompe. No hay normas cuando surgen los sentimientos. El dolor de un duelo y el placer del amor intersectan de forma singular en el personaje de Glen. El sector etario de la tercera edad representado es aquel que explora los caminos más inusitados. Aquel que decide adaptarse a lo que viene y abrazar la felicidad inesperada sin dudarlo. A tener relaciones sexuales que se presentan de forma explícita en pantalla. Algo que se descubre como un punto muy positivo de la teleserie. Dado que actualmente, por suerte, hay una tendencia al alza de la visibilidad de la tercera edad. Así como de su sexualidad. Algo que ya hizo la mencionada The End. Junto a otras series como la magnífica y mainstream, Grace and Frankie (Netflix, 2015).

Hugo Weaving en Love Me.
Hugo Weaving es Glen en Love Me.

En definitiva, el aspecto más genuino y acertado de la serie reside en la representación de la tercera edad. A través del personaje de Glen. No obstante, la teleserie no deja de ser una producción de entretenimiento ligero. Abordando una temática muy recurrente como son las relaciones románticas. Así como el cuestionamiento del significado de la palabra amar. Concepto abstracto que se enfoca desde un prisma normativo. Basando las relaciones en la monogamia y heterosexualidad. Esta es una de las elecciones desafortunadas. Dado que se pierde la oportunidad de construir representaciones de personajes y relaciones más diversas. Quizás la teleserie sería adecuada años atrás, pero en la actualidad, se queda descolgada del inexorable fluir del progreso.

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