Mercedes Barcha: musa, guardiana y guerrera de García Márquez

Sin el apoyo sigiloso de la Gaba no existiría “Cien Años de Soledad”.

Cristina Sierra

Mercedes Barcha Pardo murió el pasado 15 de agosto. Desde 2014, año en el que falleció García Márquez, su marido desde 1958, vivía en la casa que compartieron en Ciudad de México, en el imposible cruce de caminos entre la calle del agua y la calle del fuego. Quienes la conocieron la recuerdan como un tótem poderoso, un pilar fundamental para el escritor. Serena, tranquila, pragmática y fuerte, ha sido la guardiana que ha hecho posible que Gabo haya sido el escritor de habla hispana más leído y admirado del mundo.

Gabriel García Márquez (Gabo; Gabito para los más allegados) siempre escribía con un vaso de agua en su escritorio. Un vaso no para beber, sino para ralentizar el marchitar de una rosa amarilla siempre presente en su escritorio. Cuando recibió el Premio Nobel de Literatura (1982), su madre le recomendó que la tuviera cerca para ahuyentar las envidias. Tras su muerte en 2014, Mercedes Barcha la mantuvo en su escritorio a diario.

Mercedes, la guardiana y eterna musa del Nobel, murió hace unos días en Ciudad de México a los 87 años, después de prácticamente toda una vida junto a García Márquez. Su cuello largo y su actitud esbelta y elegante fueron los que inspiraron a Gabo para escribir su primera columna “La Girafa” en el diario “El Heraldo” de Barranquilla a comienzos de los años 50.

Mercedes Barcha Pardo. Imagen de archivo familiar.

Se conocieron cuando ella tenía tan sólo 13 años, pero no se reencontraron hasta un tiempo después. Mantuvieron un largo noviazgo, se casaron, tuvieron dos hijos (Rodrigo y Gonzalo) y viajaron por diferentes ciudades del mundo hasta instalarse en Ciudad de México.

De alguna forma, siempre tuvieron claro que estarían juntos. Así lo contaba el escritor: “Un día, en un baile de estudiantes, pedí sin más vueltas que se casara conmigo. Pienso ahora que la proposición era una metáfora para saltar por encima de todas las vueltas y revueltas que había que hacer en aquella época para conseguir novia. Ella debió entenderlo así, porque seguimos viéndonos de un modo esporádico y siempre casual, y creo que ambos sabíamos sin ninguna duda que tarde o temprano la metáfora se iba a volver verdad. Como se volvió, en efecto, unos diez años después de inventada, y sin que nunca hubiéramos sido novios de verdad, sino una pareja que esperaba sin prisa y sin angustias algo que se sabía inevitable”.

Cien Años de Soledad y Mercedes

Ambos pasaron años complicados, de muchas estrecheces. Años en los que Gabo escribió su gran éxito: Cien Años de Soledad. Obra cumbre del autor colombiano que no hubiera visto la luz de no ser por la guardiana Mercedes. Ella se encargaba de todo para que García Márquez solo tuviera que preocuparse por escribir. Y así lo hizo siempre, hasta el final. El genio siempre estuvo ahí, pero Mercedes hizo posible que brillara.

Imagen familiar de la familia García Barcha

Contaba García Márquez: “Sin Mercedes no habría llegado a escribir el libro [Cien años de soledad]. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos seis meses. Pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada. Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera: inclusive de traerme cada cierto tiempo quinientas hojas de papel. Nunca faltaron aquellas quinientas hojas. Fue ella la que, una vez terminado el libro, puso el manuscrito en el correo para enviárselo a la Editorial Sudamericana”.

No sin contratiempos, ya que cuando fueron a la oficina de Correos y el empleado pesó el paquete de 500 cuartillas, pidió 82 pesos por el envío; la pareja tan sólo tenía 53 pesos en la cartera, así que dividieron las cuartillas en dos y enviaron a la Editorial Sudamericana una de ella; con la mala fortuna de que mandaron la última parte. Así y todo, fue el gran éxito mundial que conocemos.

La importancia de quiénes hacen posible que los genios resplandezcan

Los genios, los talentos más radiantes, suelen estar en su botella. Es necesario que alguien frote suavemente la lámpara para lograr que desplieguen todo su potencial. Y ese suave frotar podemos traducirlo en la confianza y el soporte necesario para preocuparse, únicamente, de dar rienda suelta a sus talentos. Mercedes proporcionó toda esa seguridad a Gabo para poder convertirse en el genio de las letras que fue y será siempre. La hija del Boticario Demetrio Barcha, como Gabo se refería a ella antes de casados, ya vuelve a ser su guardiana, allí donde estén. Gracias Mercedes.

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