‘Mi obra maestra’: ¿Una crítica al arte?

Rocío Azuaje

Para quienes somos amantes del arte, Mi obra maestra es la perfecta para disfrutar un fin de semana. Este divertido y satírico film dirigido por el argentino Gaston Duprat, expone la compleja relación profesional y de amistad entre un galerista y un artista plástico.

El artista, Renzo Nervi (Luis Brandoni) es un pintor solitario, malhumorado y hasta obsesivo, que solo desea pintar. Tiene un intenso odio por relacionarse públicamente o que le indiquen cómo trabajar sus obras. Está en contra de todos los patrones de la sociedad.

El equilibrio, lo hace el galerista Arturo Silva (Guillermo Francella) quien es el encargado de vender las obras, pero cada día se hace más difícil por la actitud de Renzo, lo que produce que rompan relaciones definitivamente. Es así como Mi obra maestra expone la química totalmente creíble entre estos dos hombres, siempre complicada por cuestiones de arte y comercio.

No obstante, un accidente de Nervi los une de nuevo. Arturo, pendiente de su salud, se relaciona con diversos actores del mundo artístico. Allí se gesta una discusión sobre el aumento del valor de las obras al morir el artista.

 A partir de este momento, Mi obra maestra hace un giro inesperado y divertido que obviamente trae sus consecuencias para nuestros protagonistas. Dicho clímax consiste en un arriesgado plan de Arturo para recuperar el prestigio artístico de su amigo, el cual obviamente traerá una serie de problemas para ambos.

Mi obra maestra, amor por el arte

Las excelentes caracterizaciones de estos actores, fortalecen los guiones que se perciben débiles en algunos momentos de la producción. Sumado a ello, Duprat, como un gran conocedor del arte, describe la complicada relación entre los artistas y la comercialización de sus obras. Por lo que pudiera decirse que se expone lo menos bonito del negocio del arte. A pesar de esto, pienso que al final podréis ver una gran lección de amistad y aprendizaje de vida para los personajes.

Una bonita noticia es que los derechos para hacer un remake de la película fueron comprados por la compañía Kinovista de Francia. Se esperaba que para el segundo semestre del 2020 se estrenara, sin embargo, imaginamos que la pandemia ha retrasado un poco este propósito.

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