‘Ordinary love’: la riqueza en lo simple

La película dirigida por Lisa Barros D’Sa y Glen Leyburn fue estrenada en 2019. A pesar de haber pasado desapercibida, Ordinary love es un retrato hermoso y realista que merece la pena visionar.

Liam Neeson en el papel de Tom y Lesley Manville en el de Joan. Una pareja de mediana edad que debe afrontar una dura situación. A Joan le diagnostican cáncer de mama. Con esta premisa, la película se desarrolla de forma pausada y controlada. Observando desde fuera el proceso completo desde el diagnóstico hasta el tratamiento. Poniendo el foco en la experiencia de Joan y Tom a partes iguales. En este sentido, aunque el pilar argumental es común, la valía del filme reside en el enfoque. Una perspectiva genuina y realista de un año completo en la vida de la pareja.

Liam Neeson y Lesley Manville en Ordinary Love, de Lisa Barros D'Sa y Glen Leyburn.
Liam Neeson y Lesley Manville en Ordinary Love, de Lisa Barros D’Sa y Glen Leyburn.

El cáncer de mama, un argumento común en el audiovisual

Múltiples producciones audiovisuales han abordado el cáncer de mama. Desde la impecable Mi vida sin mí (2003), de Isabel Coixet, hasta Ma ma (2015) de Julio Medem, con Penélope Cruz como actriz principal.

El cáncer de mama es uno de los más diagnosticados en las mujeres (cis). Aunque puede ocurrirle también a hombres (cis), es mucho más común en ellas. Uno de los aspectos más relevantes a la hora de detectarlos es la educación. El enseñar a las propias pacientes a palparse los pechos para encontrarse cualquier bulto que potencialmente pueda ser cancerígeno. En este rasgo reside la primera pieza valiosa del filme británico.

Lesley Manville en Ordinary Love.
Lesley Manville en Ordinary Love.

La protagonista, Joan, se hace la revisión rutinaria en la ducha al palparse los pechos. En su mama izquierda se detecta un bulto. Le pide al marido que también lo toque. ¿Lo notas? ¿Es un bulto? Esta primera situación es detonante de un proceso completo de diagnóstico.

Una representación magnífica de la realidad que las mujeres tienen que pasar para llegar a ser diagnosticadas. La visita al área de ginecología, la mamografía – con unas imágenes excelsas -, la biopsia y finalmente el diagnóstico de la persona experta. Cada paso está perfectamente esbozado en la película. Desde el punto de vista médico, así como el de la propia protagonista que lo atraviesa. Uno de los mayores aciertos de la directora y director. El mostrar la realidad del cáncer de mama tal y como es. Sin tonos pastel. Sin filtros ni sentimentalismo.

Ordinary Love.
Ordinary Love.

Ordinary love: Una relación ordinaria y equilibrada

Cuando el título habla de un amor ordinario, hace referencia al aspecto más corriente de una relación heterosexual. No hay nada fuera de lo normal, aparentemente. Hasta que un obstáculo se cruza en sus caminos y, ¿lo transforma todo?

Al inicio de la cinta se observa cómo la pareja camina. Hasta que llegan a una farola. La rodean, se dan la mano, y encabezan el camino de vuelta. Una hermosa y sencilla metáfora que engloba todo el sentido de la película.

Los obstáculos que van apareciendo en el camino son sorteados por la pareja, de la mano. Afrontar lo que se cruza en el camino, apoyándose el uno en la otra. Sin echar todo el peso sobre sus hombros. Una concepción del amor y las relaciones que ya fue también esbozada en películas como Amor (Michael Haneke, 2012).

En este caso se pone el foco en una pareja de mediana edad. Sector etario que no ha sido muy visible en el audiovisual a lo largo de los años. Con este caso concreto, se busca que la audiencia mire hacia este grupo de otra forma. No como víctimas, o personas vulnerables. Sino todo lo contrario. Abordando desde la sexualidad hasta las discusiones más realistas.

La audiencia camina con la pareja en la misma dirección. Envuelta con una atmósfera tan conmovedora como cotidiana. Sin ostentación o detalles extravagantes. Porque a veces, la mejor forma de afrontar la situación más compleja, es a través de lo más simple.

Ordinary Love.
Ordinary Love.

Esta rica simplicidad además se ve reflejada en la cadencia y composiciones visuales. La dirección de fotografía de Piers McGrail es precisa y bella. Configurando unas imágenes perfectas para acompañar la cadencia pausada, y adecuada, de la historia.

Nada que eliminar, nada que añadir

Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn, un tándem perfecto que lleva trabajando en conjunto varios años. Obteniendo resultados evidentemente positivos. La directora y director consiguen un filme preciso y adecuado. El abordaje de una temática tan delicada como el cáncer de mama no es tarea sencilla. Sin embargo, la mayor virtud de la cinta reside precisamente en el enfoque.

El papel de víctima es totalmente sacado de la ecuación. No es cuestión de sobrevivir, sino de transitar y sortear circunstancias vitales inevitables. Sobrepasar a veces los límites de la paciencia y explotar de forma irracional. Para posteriormente, volver a encauzarse y continuar fluyendo con la corriente.

Ordinary Love.

Caminar parece tarea sencilla. Sin embargo, el camino no es siempre cómodo y fácil. ¿Qué ocurre cuando además tienes a alguien que va contigo de la mano? En el equilibrio reside la clave para poder seguir andando hacia delante, sin caer hacia un lado u otro.

En el filme británico no hay atisbos de una relación tóxica y abusiva. Tampoco del mito del amor romántico. El concepto de amor “eterno” u “ordinario” que plantea la película no tiene nada que ver con los tropos comunes establecidos a través del cine. Sino todo lo contrario. Joan y Tom llevan años construyendo un amor sensato y honesto. Basado en la idea que la imprescindible feminista bell hooks esbozaba en su libro Todo sobre el amor: Nuevas perspectivas (2000): «No tenemos que amar, elegimos amar. Cuando entendemos al amor como la voluntad de nutrir nuestro crecimiento espiritual y el de los demás, queda claro que no podemos afirmar que amamos si somos dañinos y abusivos. El amor y el abuso no pueden coexistir».

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