Oscars 2022: ‘West Side Story’, la sobresaliente versión de Spielberg

Cuando el compositor Leonard Bernstein y el coreógrafo y director teatral Jerome Robbins estrenaron West Side Story en Broadway en 1957 estaban cambiando la historia del teatro musical. Bernstein y Robbins llevaban a las candilejas de Broadway el problema de las bandas callejeras y la inmigración en Nueva York. Un asunto exento de todo glamour. Música contemporánea de la época, violencia, amor interracial nada de esto se veía en los escenarios de la época. Los espectadores iban a ver color, lentejuelas, historias ligeras y canciones alegres. Nadie esperaba encontrarse con la trágica historia de amor de Romeo y Julieta en versión jóvenes inmigrantes marginales de la Gran Manzana y llena de violencia física y verbal.

El éxito fue rotundo y poco después lo llevaron al cine los mismos responsables de la versión teatral. Jerome Robbins codirigiría la película junto a Robert Wise. Los grandes musicales en tecnicolor de la MGM estaban dando los últimos coletazos del auge que habían vivido en la década de los 50. Mientras que, por otra parte, el cine social comenzaba a hacerse un hueco con producciones independientes y de bajo presupuesto.

West Side Story. Póster de la película original.
West Side Story. Póster de la película original.

Películas como Sed de mal (Orson Wells, 1958) o La ley del silencio (Elia Kazan, 1954) eran pioneras en su intento de cambiar el relato. Surgían como revulsivo al estilo de las grandes superproducciones de Hollywood. Nuevas inquietudes y nuevas miradas estaban llegando a los espectadores. La década de los grandes musicales como Cantando Bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952), Siete novias para siete hermanos (Stanley Donen, 1954) o Un americano en París (Vincente Minelli, 1951) tocaba a su fin. Pareciera que West Side Story llegaba un poco tarde.

Sin embargo, llegó en el momento justo pues resultó ser casi un híbrido que combinaba la temática social independiente con el cine musical hollywoodiense. Fue una bomba de relojería que explotó batiendo récor de recaudación (fue la película más taquillera de aquel año). Ganando nada menos que 10 Oscar de los 11 a los que estaba nominada, entre otros, el de Mejor Película.

Reinterpretar una obra maestra

Con esos datos, ¿necesitábamos una nueva versión? A bote pronto no, pero si el que se atreve con ello es Steven Spielberg tal vez merezca la pena y debamos darle una oportunidad. La película, que llevaba un tiempo guardada en un cajón y que retrasó su estreno un año a causa de la pandemia, llegó por fin y no decepcionó.

West Side Story (2021).
West Side Story (2021).

Y es que Spielberg es un maestro del cine y no defrauda en su incursión en el género musical. Un género del que no es fácil salir airoso. El cineasta ha creado magia y cine con mayúsculas con esta nueva versión. Nos ofrece un musical envuelto en un realismo estilizado. Se ha divertido, ha disfrutado y esa sensación se transmite fuera de la pantalla. Ha tratado con respeto una obra maestra y ha conseguido crear una película sublime que encaja perfectamente con el lenguaje cinematográfico y la sociedad del siglo XXI.

Spielberg ha sacado la cámara a las calles del Nueva York de los años 50 y ha bailado con ella. La teatralidad más encorsetada de la versión de 1961 se ha vuelto cine en estado puro en la versión de 2021 gracias, claro está, a las nuevas tecnologías que permite movimientos de cámara extraordinarios.

La perfección existe y no se puede mejorar

Sin embargo, el reto era difícil pues se estaba acercando a una obra maestra y una de las cosas que eran imposibles mejorar era la primera secuencia. Una secuencia que, además estaba precedida por los créditos del maestro Saul Bass que ilustraban el preludio musical y nos acercaban desde el cielo a las calles del bajo Manhattan.

Esa primera secuencia es mítica y forma parte de la memoria visual de la cultura popular del siglo XX. Es un comienzo sin apenas diálogos en el que la danza sirve para presentarnos a las bandas rivales y dejarnos caer sin red en la historia. Un comienzo absolutamente brillante, con una coreografía impecable y mítica. Esta secuencia es de lo poco que se rodó en escenarios naturales. En las calles de un barrio que a los pocos años desapareció engullido por el macro complejo cultural del Lincoln Center.

Y, ¿qué podía hacer Spielberg con un comienzo difícil de superar? Pues un guiño a futuro, es decir, nos introduce de lleno en las obras de ese Lincoln Center que tan solo estaba esbozado cuando Jerome Robbins rodó en el 61. Un proyecto que el propio compositor de West Side Story, Leonard Bernstein, apoyó desde sus inicios.

Un West Side que poco después desapareció y que Spielberg utiliza como escenario para su versión. Un barrio derruido, en obras y lleno de escombros. Un barrio a punto de ser fagotizado por el nuevo urbanismo y la gentrificación.

Cómo mejorar el numero musical Cool

Otro punto en el que la película de Spielberg flaquea, no por mediocre sino, de nuevo, por su imposibilidad de superar al original es el número musical Cool que protagonizan los Jets. El original fue absolutamente innovador y rompedor. Recreado en un parking en el que se puede incluso ver el techo en los planos contrapicados. La banda baila a ritmo de jazz y nos hace partícipes del acorralamiento y de la desesperanza en la que se encuentran.

Una coreografía moderna, vibrante y muy expresiva que nos ayuda perfectamente a entender la claustrofobia existencial de la marginalidad de los chavales.

Spielberg cambia por completo el escenario y los sitúa entre escombros y al aire libre. La esencia del número ideado por Jerome Robbins queda diluida y desvirtuada en la nueva versión. Hay que recordar que fue un número que creó escuela y que sirvió de inspiración para el famoso vídeo musical Bad de Michael Jackson dirigido por Martin Scorsese en 1987.

Lo que Spielberg ha mejorado

Steven Spielberg, sin embargo, ha sido capaz de mejorar y actualizar algunos aspectos sin desmerecer el clásico. Uno de ellos es dotar de una mayor complejidad a los personajes protagonistas, sobre todo a la pareja principal, Tony y María. Conocemos más sobre sus vidas, porqué Tony estuvo en la cárcel, cómo se gana la vida María; de los sueños y aspiraciones de ambos que no son necesariamente románticos. A la anterior versión siempre se le criticó que el exceso de almíbar en las secuencias románticas protagonizadas por ambos empañaba la dureza de la trama. Se atribuían maliciosamente al codirector del filme, Robert Wise.

Otro de los aspectos que más sobresalen en esta nueva película es el uso del español y spanglish en los diálogos entre los personajes puertorriqueños en la versión de audio original. Esto le da al filme una pátina de verosimilitud extraordinaria y enriquece el relato de la inmigración. El disfraz y la cierta caricaturización de la versión del 61 evolucionan hasta el retrato social de la versión de Spielberg.

West Side Story
West Side Story.

También es prodigioso el diseño de producción a cargo de Adam Stockhausen (colaborador asiduo de Wes Anderson) y la fotografía de Janusz Kaminski (habitual en el equipo de Spielberg) que nos trasladan a un Nueva York ya desaparecido. Hay una perfección y un trabajo documental muy ambicioso que recrea los barrios más populares del Manhattan de los años 50 con auténtica maestría. Las calles bullen llenas de gente, de puestos de venta callejeros, de ropa tendida, de vida exterior… Imágenes que nos evocan las fotografías de Vivian Maier o Bruce Davison, auténticos cronistas de la época.

108 St. East Nueva York. 28 de Septiembre 1958. © Vivian Maier Maloof Collection Cortesía Howard Greenberg Gallery Nueva York.
108 St. East Nueva York. 28 de Septiembre 1958. © Vivian Maier Maloof Collection Cortesía Howard Greenberg Gallery Nueva York.

El riesgo de Spielberg

La opción más arriesgada que han tomado Spielberg y su guionista Tony Kushner ha sido la de recuperar el orden de los números musicales de la versión teatral. En 1961, Jerome Robbins (autor de la obra) y el guionista Ernest Lehman decidieron alterar el orden de algunos números musicales porque pensaron que funcionaban mejor dramáticamente.

Números como America, I feel pretty o Gee, Officer Krupke recuperan en esta nueva versión su posición original, si bien la trama no se ve alterada. Y pudiera parecer que la versión del 61 tuviera una mayor coherencia al colocar los números más alegres en la primera parte de la película para ir aumentando en dramatismo según avanzaba la trama, pero con su ubicación original, se consigue un ritmo sincopado que nos lleva, como en la vida misma, a los sinsentidos del destino.

Anita siempre fue la estrella

Pareciera que el personaje de Anita tiene el don de dar a la actriz que lo interpreta reconocimiento y fama. Ya pasó con Rita Moreno (a la que Spielberg reserva un papel en su película) en el 61, que ganó el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto y la convirtió en una estrella.

Rita Moreno en la versión de West Side Story de Spielberg. (c) Nico Tavernise.
Rita Moreno en la versión de West Side Story de Spielberg. (c) Nico Tavernise.

Ahora 60 años después, Ariana DeBose va por el mismo camino. Ya ha ganado numerosos premios con su nueva Anita y todas las quinielas la sitúan como ganadora del Oscar.

Ariana DeBose.
Ariana DeBose.

Y no solo Ariana DeBose, el filme está recogiendo numerosos premios. Ya lleva 49.  Entre otros, el Globo de Oro a la Mejor Película de Comedia/Musical, a la Mejor Dirección y a la Mejor Actriz de Reparto; y tiene 7 nominaciones a los Premios de la Academia (Oscars): mejor película, dirección, actriz de reparto, diseño de producción, fotografía, sonido y vestuario. Habrá que esperar al 28 de marzo para ver cuántas estatuillas recoge.

West Side Story ya está disponible en Disney+ y podéis disfrutar de la primera versión en Filmin.

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