‘Royal City’ y las intrigas de la familia Pike

Sergio Márquez

A Jeff Lemire lo descubrí en 2011. Su etapa al frente de Animal Man es, sin duda, la segunda mejor del personaje (tan solo por detrás de la de un cierto guionista escocés del que ya hemos hablado por aquí bastante).

Desde entonces he procurado seguirle la pista. En los últimos diez años se ha consolidado como una de las voces más relevantes del cómic americano, tanto en las dos grandes editoriales (DC y la otra) como de forma independiente. Entre sus títulos más celebrados se encuentran Sweet Tooth y Black Hammer (de Image Comics y Dark Horse, respectivamente).

En esta reseña, sin embargo, nos centramos en Royal City una de sus obras más personales.

Royal City: Una ciudad cualquiera

Royal City es una de las lecturas que más me han afectado últimamente. En ella, Lemire nos lleva a su Condado de Essex natal, en Ontario, Canadá. El lugar que da nombre al cómic es una ciudad pequeña y trabajadora.

La historia se centra en la familia Pike, compuesta por Peter, Patti, y sus hijos: Pat, Tara, Richie y Tommy (en orden de edad). Es 1993, y se llevan los vaqueros rotos, las camisas de leñador, y el pelo largo y grasiento. En estas que los cuatro hermanos coinciden en una fiesta en la linde de un bosque. Al caer la noche, sin embargo, solo tres de ellos regresan a casa con vida.

Pasan los años, y el tiempo no es amable con todos. Lo único que los une es una enmarañada red de reproches y el irreparable agujero en la foto familiar que ha dejado Tommy.

Peter culpa a su esposa por su propia infelicidad, y se refugia en su pasión por las radios antiguas.

Patti añora tener una familia unida y una vida amorosa plena, pero no sabe cómo. La impotencia que siente se refleja en la aspereza de su carácter y en su ceño perpetuamente fruncido.

Pat es un escritor bloqueado. Su primera novela fue un éxito, y le ayudó a conocer a una actriz, Greta, con la que terminaría casándose. Sin embargo, copió casi todo de un viejo diario de Tommy, y la culpa le consume.

Tara es una ambiciosa empresaria que se afana por cambiar Royal City. Su plan pasa por derribar la vieja fábrica que da trabajo a la mayoría de sus habitantes, y construir en su lugar un complejo turístico que ponga a la ciudad en el mapa. De sus hermanos, era la que estaba más unida sentimentalmente a Tommy.

Richie, por último, es un bala perdida. Su carácter pendenciero y su propensión al vicio le otorgaron un cierto carisma en la adolescencia. De adulto, sin embargo, le han costado la banca rota. Enganchado al alcohol y a la cocaína, se imagina qué hubiese sucedido si su hermano pequeño siguiese vivo y fuese su compañero de correrías.

Grunge en viñetas

Royal City trata acerca de soltar lastre y recolocar las piezas de una vida rota. A lo largo de los 14 números de su primer volumen, sigue a cada uno de los Pike a través de sus quebraderos de cabeza particulares. Entre tanto, va construyendo la figura de Tommy, el verdadero protagonista del cómic, aun en su ausencia.

Jeff Lemire se encarga del dibujo y el guion. Desde el principio juega con el lector dando saltos adelante y atrás en el tiempo. También mezcla situaciones reales con imaginarias, reflejando los recuerdos y figuraciones de cada uno de los personajes, y haciéndonos dudar acerca de lo que ocurre y lo que no. El resultado es una obra intrigante que engancha hasta el final, alternando momentos dramáticos, tiernos, violentos, e incluso lacrimógenos (sí, me he pegado una buena llorera leyendo según qué fragmentos).

Royal City funciona como un disco de Eric’s Trip, veloz, ruidoso, e intensamente emocional. A lo largo de sus páginas encontramos los verosímiles retratos de personas que se aman con la misma intensidad con la que se odian, a veces, se juran lealtad y se traicionan, y, sobre todo, se ocultan secretos que terminan saliendo a la superficie.

El cómic se publicó en Estados Unidos entre marzo de 2017 y agosto de 2018 (también por Image). En junio de 2019 se tradujo al castellano por la editorial Astiberri. Sus secuelas, Sonic Youth (sí, como el grupo) o Y seguimos a flote, también ha sido publicada en nuestro idioma.

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