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‘Socorro’, de Roberta Vázquez: Muchos jajas, pero SOCORRO

Socorro, pese al grito desesperado que parece, es una paranoia delirante.

Roberta Vázquez se maneja perfectamente dentro de esa comedia que tiene la capacidad de hacer reír. Señala una realidad ridícula y asfixiante en muchas ocasiones, pero no por ello cae en el humor apesadumbrado con un regusto pesimista.

Comedia costumbrista

Como si de una fotografía de la realidad contemporánea se tratará, Roberta Vázquez dibuja, nunca mejor dicho, de una manera muy acertada los dramas más actuales. Un plano general de la sociedad, quizá una sociedad concreta, la de aquellos todavía no muy mayores que sobreviven en la ciudad a duras penas, justamente por todos esas “minucias” que soportan a diario. Y es que tenemos drama con las redes sociales; relaciones abocadas al fracaso y que se mueven entre los destrozos emocionales; trabajos explotadores que colaboran aún más con ese destrozo personal y, sorpresa, viviendas compartidas y en estados cuestionables. Nada común, ¿verdad?

Socorro, de Roberta Vázquez.
Socorro, de Roberta Vázquez.

Lo cierto es que todo esto suena un poco a un combinado de elementos que podría dar lugar al perfecto producto nihil, que cuestiona toda realidad desde el drama apesadumbrado, pero casi de una forma vacía se podría decir. Peeero, el girito viene cuando los súper protagonistas de todas estas tragedias son comidas. Sip. Un pimiento un poco descolocado en la vida, una pizza pepperoni que se acaba de mudar, un jefe zanahoria explotador, un helado de cucurucho o la rosquilla maravillosa cabreada. Y, por supuesto, también se cuela la crítica mayor: el menosprecio absoluto de los trabajos creativos, muy a la orden del día. Desde la perspectiva del lector acaba pareciendo bastante autobiográfico ya que él es el propio pretzel, pobre dibujante maltratado que reza por cobrar lo que le deben, quien presenta y cierra el comic. Pretzel, pimientos, peras o rosquillas. Y qué fácil identificarse con tanta comida.

Socorro, de Roberta Vázquez.
Socorro, de Roberta Vázquez.

Cada uno con su correspondiente drama y que va enseñando distintos problemas de la realidad. Una realidad que a pesar de, o quizá precisamente por, estar protagonizada por COMIDA, acaba resaltando más en su miseria. Uno se ríe, pero no deja de tener ese pensamiento picajoso de fondo en el que se ve a sí mismo como a la pizza pepperoni. La empatía absoluta generada por la maltrecha comida.

Un fracaso comestible

Y es que entre intentos un poco a los palos de ciego por conseguir cierto progreso vital, tenemos de fondo (y no tan de fondo) ese tufillo a FRACASO. El fail de los que iban a comerse el mundo y sin embargo son comidos por el mundo y, de nuevo, nunca mejor dicho.

Tiene un trasfondo también a Simon Hanselmann, con esos personajes en su caso animalizados, en este caso hechos comida, donde todo parece un chascarrillo continuo, pero se alejan un poco en el pesimismo. Al final con Hanselmann te ríes, pero no tanto, hay una sombra mucho más pesada. Roberta Vázquez si busca la carcajada, hay mucha más ligereza, no en el sentido de quitarle importancia, sino porque va por el camino de una comedia más limpia, que no cargue tanto con el peso de la critica social y que, sin embargo, ahí está, arremetiendo, ácida y con una sonrisa, porque lo que enseña es una fotografía muy acertada del día a día. El ataquito viene precisamente de ahí, que no hay manipulación alguna de la realidad a pesar de que los dramas los sufren las rosquillas y las pizzas.

Los personajes de Hanselmann, por más cínicos y villanos de ellos mismos que sean, padecen más las locuras de la sociedad. Aquí, la inmensa mayoría de las comidas estrambóticas están muy bien encajadas, aunque no les guste del todo, en la escena en la que se las dibuja; más que sufrir la realidad, parece que ellos mismos la construyen, la disfrutan y la sufren. De ahí que la tragedia no sea tanta.

Socorro, de Roberta Vázquez.
Socorro, de Roberta Vázquez.

Una caricatura muy cercana

Roberta Vázquez maneja la comedia a la perfección para incidir allí donde pica, pero con agilidad suficiente para mostrar las escenas más cotidianas. Costumbrismo puro del siglo XXI que cae en lo cínico, la ridiculez, casi que roza el esperpento pero que no acaba siendo tan chungo.

Y todo esto con un dibujo muy juguetón, casi infantil provocado también por los alimentos con vida y sus dramatismos; y colores, muchos muchos colores brillantes, pero a la vez apagados, como si le metiera un filtro de miseria y submundo.

Socorro, editado por Apa Apa comics.
Socorro, editado por Apa Apa comics.

Todo esto acaba construyendo una caricatura en la que no es necesaria mayor deformación que una simple transformación en alimentos. Por lo demás, se podría decir que ni una coma cambia. Colorido pero no mucho. Sucio, pero no del todo. Divertido, cercano, certero. Una fantasía alimentaria y alimenticia que te escupe a la cara una realidad en la que quizá, solo quizá, no sea tan divertido estar como observar.

Así que sip, muchos jajas, pero ayuda, SOCORRO, SOS.

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